TORONTO (AP) — Todo comenzó con los ataques del presidente Donald Trump a la industria lechera de Canadá. Posteriormente, Washington impuso aranceles al acero canadiense por razones de seguridad nacional. Después se llevó a cabo la desastrosa cumbre del G7 en Quebec. Y ahora es un nuevo acuerdo comercial de América del Norte que excluye al país de la hoja de maple.

Los canadienses están sorprendidos por los repetidos ataques de su aliado más estrecho, por lo que incluso algunos han comenzado a realizar boicots.

“Todo el mundo está asustado”, dijo Margot Lajeunesse, quien ayuda a administrar un restaurante familiar en Quebec. “Dependemos mucho de Estados Unidos”.

Alrededor del 75% de las exportaciones de Canadá van a Estados Unidos, por lo que una amenaza arancelaria representa un gran peligro después de que Trump desdeñó a Ottawa para alcanzar un acuerdo preliminar con México.

LaLa Bistro, propiedad de la familia Lajeunesse, es uno de los comercios canadienses que, en protesta, decidieron boicotear los vinos de California, la kétchup estadounidense y otros productos de su vecino país del sur. Algunos canadienses cancelaron sus vacaciones hacia Estados Unidos, en especial después de que Trump arremetió contra el primer ministro Justin Trudeau durante la cumbre del G-7 en junio pasado, en la que lo llamó “débil” y un traidor “deshonesto”.

“Así no se trata a un amigo”, dijo Lajeunesse.

“Es indignante”, declaró Raymonde Kennedy, quien dejó de comprar productos estadounidenses como mostaza y ropa. “Un hombre sin cerebro no nos va a insultar así”.

Luc Routhier, copropietario del Bar Le P’tit Canot en Quebec, también prohibió el vino estadounidense en su establecimiento después de que Trump anunció los aranceles al aluminio canadiense y amenazó a la industria láctea de Quebec.

“Este año ni siquiera iré a Estados Unidos”, dijo. “Juego al golf, y normalmente hago dos viajes al año a Estados Unidos junto con mis amigos”.

“Solo volveré cuando Trump se haya ido”, agregó.

Para incrementar la presión sobre Canadá, Trump amenazó esta semana con aplicar nuevos aranceles a las importaciones automotrices procedentes de ese país en caso de que no se negocie “de manera justa”. Canadá ahora debe decidir si firmar un acuerdo que no negoció o arriesgarse a que Estados Unidos y México cumplan sus amenazas de concretar un pacto en que la excluyen.

Canadá podría perder 60.000 empleos en una guerra comercial y sufrir un golpe del 1% a su producto interno bruto, un descenso significativo al considerar que la proyección de crecimiento económico para Canadá es de apenas el 2% el próximo año, según cálculos del Instituto C.D. Howe, un grupo de expertos con sede en Toronto.

Ottawa fue excluida de las negociaciones comerciales durante las últimas cinco semanas, pero Trudeau dijo que aún existe la “posibilidad de lograr un buen acuerdo para Canadá” antes del viernes, cuando se cumpla el plazo fijado por Trump.

“Pero, como lo he dicho todo este tiempo, debe ser el acuerdo adecuado para Canadá”, añadió el premier. “No firmaremos un mal acuerdo”.

Trump expresó el miércoles su optimismo en que se concretará.

“Dimos como plazo hasta el viernes y creo que probablemente vamos por buen camino”, dijo el mandatario. “Veremos que sucede. Amó a Canadá, y ¿saben qué? También amo a México... Los quiero por igual”.

Existe cierto optimismo en la industria automotriz canadiense a pesar de las amenazas arancelarias de Trump.

Entre otras cosas, el acuerdo entre Estados Unidos y México establece que entre el 40 y el 45% de un vehículo se fabrique en un país en que los trabajadores de la industria cuenten con un salario de al menos 16 dólares por hora a fin de que el producto sea considerado para estatus libre de impuestos, un requerimiento que podría frenar el flujo de empleos de la industria automotriz hacia México, donde los trabajadores del sector ganan alrededor de 5 dólares por hora.

“Esto debería frenar la hemorragia en Canadá”, comentó Jerry Dias, presidente de Unifor, el mayor sindicato canadiense del sector privado.

Douglas Porter, economista en jefe del Banco de Montreal, señaló que el acuerdo de Estados Unidos con México casi deja a Canadá en una situación de “tómalo o déjalo”. Sin embargo, resaltó que los inversionistas han acogido de buena forma las noticias y eso ayudó a que el dólar canadiense registrara ganancias del 0,5%. También subieron los precios de las acciones de compañías automotrices canadienses.

“Tal vez el indicio más claro de que el mercado percibe que el acuerdo entre Estados Unidos y México es positivo para Canadá es el fortalecimiento del dólar canadiense”, comentó Porter.

La reacción de la prensa canadiense reflejó los sentimientos encontrados sobre el acuerdo entre Estados Unidos y México.

“Canadá se las ve difíciles mientras Estados Unidos y México firman pacto del TLCAN”, encabezó el Globe and Mail, el diario nacional de Canadá.

El titular del Toronto Star tuvo una postura distinta: “El primer ministro mantiene la calma ante la presión de Trump por el TLCAN”.

La ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, se apresuró esta semana rumbo a Washington para intentar reparar el daño y el miércoles negociaba con el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, y otros funcionarios estadounidenses.

“México hizo concesiones importantes que serán realmente buenas para los trabajadores canadienses. En ese sentido estamos optimistas”, dijo Freeland sobre las negociaciones.

Pero el opositor Partido Conservador acusó a Trudeau de manejar mal las negociaciones y permitirles a México y Estados Unidos llegar a un acuerdo sin Canadá.

“Canadá ve desde fuera mientras los empleos canadienses cuelgan de un hilo”, tuiteó el líder conservador Andrew Scheer. Erin O’Toole, crítico de la cancillería, dijo en un comunicado que “México ha usurpado nuestro papel como aliado comercial clave de Estados Unidos”.

Aun así, los vínculos comerciales entre Washington y Ottawa no tienen parangón en el mundo. Las transacciones entre las naciones vecinas totalizaron un estimado de 673.900 millones de dólares en 2017, en los que Estados Unidos registró un superávit de casi 3.000 millones de dólares. Cada día, alrededor de 400.000 personas cruzan la frontera internacional más grande del mundo. Cuentan con estrecha cooperación en materia de defensa, seguridad fronteriza y labores policiales, además de compartir gran parte de su cultura, tradiciones y pasatiempos.

El padre de Trudeau, el difunto primer ministro Pierre Trudeau, se expresó así sobre el compartir el continente con Estados Unidos: “Vivir junto a ti es de alguna forma como dormir con un elefante”, comentó. “No importa qué tan amigable o ecuánime sea la bestia, cualquier movimiento o gruñido nos afecta”.

Tal vez el joven Trudeau tenía en mente las palabras de su padre cuando declaró que no permitirá que Canadá sea presionada por Estados Unidos durante una conferencia de prensa al término de la polémica cumbre del G-7 en junio pasado, un comentario que enfureció a Trump.

“Se propuso hacerle pagar el precio a los canadienses”, dijo Nelson Wiseman, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Toronto.

Robert Bothwell, otro catedrático de la institución, dijo que el más reciente acuerdo comercial que excluye a Canadá muestra que Trump está más enfocado en ejercer el poderío económico de Estados Unidos que en llegar a un acuerdo justo con sus aliados.

“Esto va a tener un impacto terrible en las relaciones entre Canadá y Estados Unidos”, declaró Bothwell. “Canadá bien podría tener que ceder debido a la amenaza al sector automotriz, pero va a dejar un muy mal sabor de boca”.

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La periodista de The Associated Press Tracey Lindeman en Ottawa contribuyó con este despacho.