NUEVA YORK (AP) — Era una cifra tan elevada que el presidente Donald Trump la presumió en su informe anual: agentes que realizan operativos contra pandillas violentas que aterrorizan a suburbios de clase trabajadora en Long Island han detenido desde mayo a 428 sospechosos, incluyendo 220 presuntos integrantes de la notoria MS-13.

Pero la así llamada “Operación Matador” también ha estado rodeada de mutismo. Las autoridades estatales y federales han rechazado repetidas solicitudes de The Associated Press para que den a conocer siquiera la información más básica que puede conocerse en la mayoría de operativos que realizan las fuerzas de seguridad, como los nombres de los detenidos y los crímenes de los que se les acusan.

Tampoco divulgaron sus edades, estatus migratorio o paradero actual. Y aunque dicen que 44 de los detenidos ya fueron deportados, se niegan a decir qué sucedió con el resto, incluyendo si todavía siguen bajo custodia. Autoridades estatales y federales dijeron que difundir más detalles podría poner en riesgo a los sospechosos y las investigaciones que están en marcha.

La falta de transparencia se da en medio de las acusaciones presentadas por grupos de derechos humanos de que el gobierno está usando rumores infundados de afiliaciones pandilleriles para detener a personas que son totalmente inocentes

Jueces federales de inmigración ya ordenaron la liberación de algunos detenidos arrestados bajo sospecha de ser miembros de la MS-13 después que el gobierno no pudo presentar evidencia de pandillaje.

Padres y activistas dicen que algunos de los incluidos en la cifra que dio Trump son adolescentes inocentes, menores migrantes que llegaron sin compañía de un adulto a Estados Unidos y que han pasado semanas encerrados en centros de máxima seguridad bajo cargos endebles y falsos de pandillaje. Abogados de derechos civiles dicen que en algunos casos la supuesta “actividad” fue vestir camiseta negra o hacer una seña con la mano.

Una joven que no quiso dar su nombre por temor a ser deportada relató en español que los agentes llegaron a arrestarla y le dijeron que tenía que ir con ellos y no tenían que explicarle nada. Después le dijeron que estaba aliada con pandillas.

La muchacha asegura que no pertenece a la MS-13, aunque sí conoció a personas que pertenecen al grupo, al igual que muchas personas en la secundaria Brentwood, a 72 kilómetros (45 millas) al este de la ciudad de Nueva York. Tal vez ella ha hablado con algún mara en los pasillos.

Aunque la joven fue dejada en libertad después de dos meses, sigue preocupada.

“No me puedo defender. No puedo explicar qué sucedió porque ni siquiera sé quién me está acusando”.

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El periodista de The Associated Press Michael Balsamo en Los Ángeles colaboró con este despacho.