BUENOS AIRES (AP) — El presidente Mauricio Macri le debe parte de su carrera política al fútbol. Y ahora el fútbol se le ha vuelto un problema político.

Macri, primer caso de un dirigente de fútbol que llega a la presidencia en Argentina, se convirtió en el blanco de la furia de los hinchas de River Plate en el estadio Monumental tras el polémico arbitraje de Jorge Baliño en el empate 2-2 ante Godoy Cruz el domingo por la 16ta fecha de la ligar argentina.

El grito “Mauricio Macri, la p... que te parió” se escuchó por primera vez hace dos semanas desde las colmadas tribunas del estadio de San Lorenzo, también como reacción a una serie de errores arbitrales en la igualdad 1-1 ante el líder Boca Juniors. Y se fue replicando en otras canchas durante la última jornada.

En el imaginario de los hinchas existe un plan para favorecer a Boca orquestado desde lo más alto del poder político y del fútbol. Se recuerda que Macri fue presidente de Boca durante más de una década __hasta 2007, cuando se lanzó a la política__ y que el actual mandamás de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio Tapia, es declarado hincha boquense.

Pero este supuesto complot se torna verosímil a partir de los malos arbitrajes y las declaraciones y gestos de los protagonistas involucrados.

“Quiero creer que no hay nada detrás, pero con noches como hoy se hace difícil”, expresó Marcelo Gallardo, técnico de River, sobre los errores del árbitro Baliño: un penal al delantero Lucas Pratto no sancionado; el segundo gol de Godoy Cruz en clara posición adelantada y un tiro libre indirecto a favor de la visita por un pase de Jonathan Maidana al arquero Franco Armani que el juez interpretó erróneamente como pase atrás.

“Vinieron para c... (perjudicarnos)”, le gritó Gallardo, con el rostro desencajado, a Baliño durante el partido, según mostraron las imágenes de televisión.

El “Muñeco” fue el primero que instaló un manto de sospecha sobre el desenlace del torneo, cuando declaró que River debía tener “la guardia alta” por los vínculos de Boca con Macri y Tapia. Frase a la que luego suscribió Matías Lammens, presidente de San Lorenzo, escolta de Boca.

Un mensaje en twitter del presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, sumó más pólvora a la polémica: “En estos momentos es cuando todo River tiene que estar más unido que nunca. Nos podrán golpear, quebrar jamas!!!! Abrazo a todos”.

River está a 21 puntos de su archirrival Boca (40 unidades) como consecuencia de su juego más que de los errores arbitrales. Pero a sus hinchas nadie les quita de la cabeza que hay mano negra.

“No hay nada acá, no me junto en la quinta de Macri a ver que árbitro ponemos o sacamos”, aclaró Horacio Elizondo, director nacional de Arbitraje, el lunes en declaraciones a distintos medios. “No piensen que hay algo más allá, una mano, una voz o una imposición. Nunca tuve más libertad para trabajar que ahora”.

Elizondo, quien en actividad dirigió el partido inaugural y la final en la Copa del Mundo 2006, admitió estar preocupado por el nivel del arbitraje argentino y adelantó que cambiará el método de designación arbitral, actualmente por sorteo calificado _de una terna de silbantes para cada partido se sortea al designado.

“La próxima fecha habrá designación directa de los árbitros”, anunció Elizondo.

Macri, por su parte, no se pronunció sobre los insultos ni las acusaciones, pero el lunes recibió en Casa de Gobierno al técnico de Boca, Guillermo Barros Schelotto, un encuentro inoportuno que disparó más suspicacias.

Más de una decena de títulos y una gestión financiera ordenada en Boca se convirtieron en la mejor estrategia de campaña para Macri cuando se lanzó a la política en 2007. En Argentina, donde el fútbol es religión, su perfil de buen administrador del club más popular del país le valió el apoyo en las urnas incluso de los hinchas de otros equipos.

Once años después, su pasión por los colores boquenses se está convirtiendo en un dolor de cabeza.