RANGÚN, Myanmar (AP) — El papa Francisco cerró su visita a Myanmar el jueves con una misa para jóvenes antes de viajar al vecino Bangladesh, donde se espera que la crisis de refugiados rohinya acapare la atención.

Hasta el momento, el pontífice ha evitado hablar sobre la peor crisis humanitaria de Asia en décadas por deferencia diplomática hacia sus anfitriones en Myanmar, que consideran que los musulmanes rohinya emigraron ilegalmente desde Bangladesh y no reconocen la existencia de la etnia.

El Vaticano ha defendido el silencio de Francisco, apuntando que el papa quiere “construir puentes” con la nación de mayoría budista. Pero tanto grupos de derechos humanos como la comunidad rohinya expresaron su decepción porque el papa, defensor de los derechos de los refugiados y de los más marginados del mundo, evitase condenar lo que según Naciones Unidas es una limpieza étnica de manual.

El pontífice adoptó el consejo que le dio la iglesia católica birmana, que le pidió ajustarse a la línea de cautela y no mencionar siquiera la palabra “rohinya” durante su viaje, explicó el portavoz vaticano, Greg Burke.

Desde hace décadas, los rohinya enfrentan persecución y discriminación y se les ha negado la ciudadanía, aunque muchas familias llevan generaciones viviendo en el país. La situación empeoró en agosto, cuando el ejército lanzó lo que calificó de operaciones de limpieza en el estado norteño de Rakhine tras ataques de insurgentes rohinya a posiciones de seguridad birmanas.

Más de 620.000 rohinya huyeron desde entonces a campos de refugiados en el vecino Bangladesh, donde describieron ataques indiscriminados de las fuerzas de seguridad de Myanmar y de turbas budistas que incluyeron asesinatos, violaciones y el incendio de aldeas enteras.

En su último acto en Myanmar, Francisco ofició una misa en la catedral de Santa María, en Rangún, para católicos jóvenes. Los fieles, muchos vestidos con los trajes tradicionales de sus grupos étnicos, se acercaron para tocar o besar la mano del papa a su entrada al templo.

Durante la misa, el pontífice les dijo que no tuviesen miedo de hacer oír su voz.

"No tengan miedo de montar un escándalo, de hacer preguntas que hagan pensar a la gente", les dijo. "Háganse oir".