PUERTO MALDONADO, Perú (AP) — Un centenar de presos de la única cárcel de Puerto Maldonado, ciudad al sureste de Perú a la que el papa Francisco llegará el viernes, fabricaban más de 350 sillas con madera que llegó desde los bosques amenazados por la deforestación y por la minería artesanal de oro que preocupan al Sumo Pontífice.

Las sillas servirán para que los indígenas que llegan de diversos puntos de la región Madre de Dios, así como desde Bolivia y Brasil, puedan sentarse y escuchar al papa en el interior de un coliseo donde podrán conversar sobre las dificultades para obtener un título de propiedad, la contaminación ambiental y el impacto de proyectos de energía.

"Las sillas serán principalmente de maderas de tornillo e ishpingo", dijo a The Associated Press el director de la cárcel, Joel Quesada, quien también explicó que la construcción de estos muebles era posible debido a una solicitud realizada por el vicariato apostólico de Puerto Maldonado.

Mientras lijaba las tapas de las sillas, Roy Ruiz, de 44 años y preso por tráfico ilícito de drogas, dijo: "nunca imaginé verlo y por primera vez lo miraré pasar por la entrada del penal".

Por su parte, Sergio Curay, de 48 años y en prisión hace nueve por robo agravado, expresó: "nosotros estamos pagando por el mal que hicimos. Le pedimos y agradecemos al papa que nos perdone".

La mayoría de los 891 presos de esta cárcel cumplen condenas por robo agravado, violación sexual y narcotráfico. Más del 50% de los internos no está sentenciado.

Francisco ha mostrado preocupación por los problemas que aquejan a la Amazonía, entre ellos, la deforestación y la minería artesanal de oro que destruye los bosques. En 2015 en la encíclica "Laudato Si" el papa condenó la explotación de los recursos naturales del mundo por poderosas multinacionales a expensas de los pobres y de los pueblos indígenas que dependen de esos recursos para sobrevivir.