KANDY, Sri Lanka (AP) — Turbas budistas arrasaron barrios musulmanes en las colinas centrales de Sri Lanka destruyendo tiendas y restaurantes pese al toque de queda, la declaración de un estado de emergencia y un fuerte despliegue de las fuerzas de seguridad, según dijeron vecinos el jueves.

Unas 50 personas irrumpieron el miércoles durante el toque de queda en el pequeño restaurante de Mohamed Ramzeen en la localidad de Pilimathalawa, destruyendo casi todo lo que encontraron, señaló.

“La seguridad en la ciudad es inadecuada”, dijo Ramzeen. “Tememos por nuestras vidas”.

Otros en la zona en torno a Kandy, la ciudad más grande la región montañosa, describieron ataques similares desde el estallido de la violencia esta semana. Las calles de casi todas las localidades estaban desiertas el jueves salvo por policías y soldados.

En el suburbio de Pallekele se incendiaron cuatro casas con bombas incendiarias durante el toque de queda el miércoles.

Mohamed Nazar dijo que en su casa solo quedaban él y su padre de 64 años, tras enviar al resto de sus familiares a casa de un pariente por seguridad cuando empezó la violencia.

“En torno a las 8 de la tarde empezaron a lanzar piedras a la casa y una muchedumbre gritaba fuera y apagamos las luces. Entonces hubo una gran llama y la casa se incendió”, dijo Nazar.

Su padre se escondió bajo un sofá, pero él lo agarró y salieron corriendo.

La policía llegó y apagó el incendio, pero buena parte de las pertenencias de la familia quedaron destruidas, señaló.

El gobierno impuso el martes el estado de emergencias y bloqueó el acceso a medios sociales, señalando que se estaban utilizando para difundir rumores falsos que provocaron los ataques.

“La tecnología creada para unir a la gente se está utilizando para separar a la gente”, dijo el ministro de Tecnología, Harin Fernando, citado por el periódico Sri Lanka Mirror. “Sitios de medios sociales como Facebook, Whatsapp y Viber (...) se han utilizado para destruir familias, vidas y propiedad privada”.

Sri Lanka sufre desde hace años una agria división étnica entre la mayoría cingalesa, en gran parte budista, y la minoría tamil, en la que hay hindúes, musulmanes y cristianos. Esa brecha alimentó una guerra civil entre 1983 y 2009, en la que milicianos tamiles intentaron crear un estado independiente.

Aunque la rebelión fue aplastada, en los últimos años la división religiosa se ha hecho más patente y grupos cingaleses estrictos han acusado a los musulmanes de obligar a la gente a convertirse y destruir lugares sagrados para los budistas.

La violencia y la intensa presencia de seguridad están en gran parte limitadas a las colinas en el centro del país. En el capital, Colombo, y otras ciudades y pueblos hay pocos o ningún indicio de inestabilidad.