SAN FRANCISCO (AP) — La bala que causó la muerte de una mujer de San Francisco cuyo fallecimiento suscitó una controversia nacional sobre la inmigración ilegal rebotó en el suelo a unos 9 metros (30 pies) de distancia antes de darle en la espalda, testificó el lunes un investigador retirado de la policía.

El ex agente John Evans dijo que él y otros investigadores que trabajaron en el caso encontraron una “marca de un impacto” en la superficie de concreto del muelle cuatro días después de que Kate Steinle, de 32 años, recibiera un balazo del arma que estaba en manos del mexicano José Inés García Zarate, quien había sido deportado en cinco ocasiones.

La marca había pasado desapercibida para los investigadores la noche en la que murió Steinle, afirmó Evans, quien después se retiró del departamento.

Las autoridades regresaron al frecuentado muelle cuatro días después, luego de advertir un achatamiento en la bala, indicio de que había rebotado, señaló.

Los defensores de García Zárate afirman que el rebote muestra que el disparo fue accidental.

Los fiscales acusaron de homicidio a García Zárate, porque presuntamente intentó apuntar y disparar la pistola contra peatones que andaban en el muelle el 1 de julio de 2015.

Evans también testificó que los tiradores inexpertos a menudo están temblorosos y disparan con premura, lo que jala hacia abajo el cañón del arma. Evans describió que este fenómeno se conoce como “dar tirón al gatillo”.

El abogado defensor Matt Gonzalez calificó el análisis de Evans como “altamente especulativo” y señaló que ambos discutieron si el disparo había tenido una trayectoria recta, lo que apoyaría la aseveración de la fiscalía de que García Zarate había apuntado el arma antes de accionarla.

El incidente causó revuelo durante la contienda presidencial del año pasado, cuando el entonces candidato Donald Trump señaló ese homicidio como una razón para endurecer las políticas de inmigración de Estados Unidos.

García Zárate fue dejado en libertad de la prisión de San Francisco unos tres meses antes del homicidio, a pesar de la solicitud de las autoridades federales de inmigración de que lo retuvieran a fin de abrirle un proceso de deportación.

San Francisco es una ciudad santuario, y como tal prohíbe a su policía cooperar con las autoridades federales de inmigración. El presidente Donald Trump ha amenazado con retener la financiación federal a ciudades con políticas de inmigración similares.