DES MOINES, Iowa (AP) — Poco después del Día de Acción de Gracias de 1983, James Downey dejó a su hermano mayor, John, en la terminal de autobuses de Houston y se alejó prestamente, sin ver hacia dónde se iba, para que ni la policía ni la banda de motociclistas a la que pertenecía su hermano pudiesen pedirle detalles sobre su paradero.

Durante 34 años no escuchó una sola palabra sobre él. Hasta que recibió una llamada desgarradora, la misma que recibieron más de 200 familias de todo el país en los últimos meses, desde que el FBI comenzó a usar una nueva tecnología para identificar cadáveres de personas fallecidas hace años, incluso en la década de 1970.

Las autoridades le informaron que los restos de un hombre que murió tras recibir una golpiza, hallado en un sendero arbolado de Des Moines, a 1290 kilómetros (800 millas), habían sido identificados como los de su hermano.

“Siempre pensamos que algo le había pasado”, dijo James Downey desde su casa de Houston. “Que lo habían matado o que había muerto en un accidente”.

Desde que lanzó la nueva iniciativa en febrero de este año, el FBI ha identificado 204 cadáveres de personas fallecidas en distintos puntos del país entre 1975 y fines de los años 90.

“No sabíamos qué posibilidades de éxito teníamos. Esperábamos poder identificar algunos cadáveres, tal vez cinco o diez”, comentó Bryan Johnson, director de la Unidad de Apoyo Latente con Huellas Dactilares. “Nos sentimos muy orgullosos de haber encontrado otra forma de hacer este trabajo”.

Bajo el nuevo programa, Johnson y otros ocho agentes de la unidad del FBI usaron las huellas dactilares de unos 1.500 cadáveres en un nuevo algoritmo que podía cotejarlas con impresiones de baja calidad o incluso con un solo dedo. Anteriormente, un algoritmo típico requería impresiones de calidad de los diez dedos para encontrar una correspondencia.

La unidad está exhortando a las autoridades locales a que revisen sus viejos archivos y envíen impresiones parciales o difusas de personas desaparecidas.

La nueva tecnología fue clave en el caso de Des Moines porque cuando fue encontrado el cadáver de Downey, había pasado meses bajo la tierra y estaba muy descompuesto.

“Sabemos que fue asesinado y tirado en esta zona, pero la policía de Des Moines nunca encontró buenas pistas y básicamente se olvidó del caso”, señaló el médico forense del caso Greg Schmunk.

El hecho de que fue un homicidio y que la víctima tenía tatuajes distintivos hizo que los investigadores revisasen de nuevo los archivos y enviasen copias de la única huella digital disponible al Sistema de Personas Desaparecidas y No Identificadas.

Para su sorpresa, meses después el agente del FBI Johnson los llamó y les dijo que habían determinado que las huellas coincidían con las que se le habían tomado a Downey tras un arresto previo en Texas.

Aproximadamente el 40% de las identificaciones han sido en Arizona. La mayoría son personas que fallecieron tratando de ingresar a Estados Unidos desde México cruzando el desierto.

Bruce Anderson, antropólogo forense del condado Pima de Arizona, tiene archivos de más de 1.000 cadáveres no identificados en una pared de su oficina.

“Si logras retirar una de esas fichas, que una familia se te acerque y confirme la identidad, se nos alivia un poco la carga”, expresó Anderson.

En el vecino condado de Yuma, la iniciativa del FBI permitió identificar a una joven mujer cuyo cadáver fue encontrado en 1999 cerca del río Colorado. Había muerto de un tiro en la cara.

Para el sargento Ryland Croutch, la identificación de la víctima como Angel McAllister, de 18 años, a partir de unas huellas viejas, fue un gran alivio. Le habían asignado ese asesinato pocos años después de que comenzase a trabajar en la oficina del sheriff del condado de Yuma y año tras año se decía a sí mismo que resolvería el caso antes de jubilarse.

“Era una muchacha joven, bonita”, dijo Crouch, quien tiene 58 años. “Parecía inteligente, pero tenía algunos demonios, se juntaba con gente peligrosa”.

Agregó que confiaba en que ahora se pueda encontrar a su asesino.

Aden Naka, subjefe de la unidad de investigaciones forenses de la ciudad de Nueva York, dijo que muchos de los cadáveres identificados recientemente fueron hallados en el agua, algunos a comienzos de los 90. Cuando encontraron la correspondencia, dijo Naka, el personal trató de ubicar familiares o de ver si podían ayudar en la investigación, si es que todavía se investigaba el caso.

“Esto es muy importante”, dijo Naka. “Todo el mundo merece un nombre” junto a su cadáver.

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El reportero de la Associated Press Margery A. Beck colaboró en este despacho desde Omaha.

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