NUEVA YORK (AP) — Tras escuchar duras críticas a su país durante una semana, el canciller venezolano Jorge Arreaza fue recibido con abrazos y aplausos en una iglesia hispana de Manhattan, donde dijo a los feligreses que la revolución bolivariana no le tiene miedo al presidente Donald Trump.

Puertorriqueños, dominicanos y venezolanos del barrio de Washington Heights llenaron la iglesia Santa Cruz para escuchar al canciller, quien les habló con un gran mural de Hugo Chávez y otro de Simon Bolívar detrás.

“¡Alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latina!”, gritó la multitud al ver entrar a Arreaza y tomarle fotos con sus celulares.

El ambiente era muy distinto al que vivió el canciller durante su primera reunión anual de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Trump criticó con dureza a Venezuela el martes durante su discurso ante la Asamblea, asegurando que el país latinoamericano no respeta los valores democráticos y se encamina al colapso total. La noche anterior el presidente estadounidense había cenado con los mandatarios de Colombia, Brasil y Panamá, a quienes les dijo que el estado de cosas en Venezuela era “inaceptable” y exhortó a la región a “hacer algo más” para solucionar la crisis política y económica en la que se ve inmersa la nación petrolera.

Arreaza respondió diciendo que su país es democrático y que las amenazas de destrucción de naciones que hace Trump van en contra de los valores de Naciones Unidas.

En Venezuela, la instalación en agosto de una Asamblea Constituyente oficialista, que destituyó a la fiscal general Luisa Ortega Díaz y asumió las competencias legislativas de la Asamblea Nacional, fue fuertemente cuestionada por numerosos gobiernos de la región, varios de los cuales anunciarían el sábado medidas para apoyar la democracia en Venezuela.

El jueves por la noche, en cambio, el canciller sonrió, escuchó poesía y a una feligresa cantar “Sólo le pido a Dios”. Después Arreaza se quitó la chaqueta y la corbata para hablar a los feligreses de la iglesia Santa Cruz con un micrófono. Chávez, Bolívar y la filosofía socialista fueron algunos de los temas que tocó. Explicó, por ejemplo, que Maduro “es el discípulo que mejor entendió a Hugo Chávez” después de ser su guardaespaldas y chófer.

El tema de la inmigración también dominó su discurso.

“Ser migrantes no es un crimen”, dijo.

“Es una condición forzada por las circunstancias. Se van y aquí les tratan como criminales. Y luego les quieren levantar muros”, indicó en referencia al muro que Trump quiere levantar en la frontera entre México y Estados Unidos.

El reverendo Luis Barrios animó al público a levantarse en un momento dado y saludar la imagen de Chávez, quien visitó el barrio del Bronx a menudo en sus viajes a Nueva York.

“Aquí estamos, y no nos vamos, y si nos echan, nos regresamos”, gritó Barrios mientras animaba a la audiencia a gritar con él.

“¡A diferencia de la ONU, aquí huele a paraíso!”, gritó el puertorriqueño Miguel Marrero Bermúdez entre el público en referencia a la famosa frase “aquí huele a azufre” que Chávez dijo en 2006 durante su discurso ante la Asamblea tras el paso del presidente estadounidense George Bush por el mismo lugar.

Cancilleres de 12 países latinoamericanos, conocidos como el Grupo de Lima, se reunieron el miércoles en un hotel de Manhattan para hablar de Venezuela y aplazaron hasta el sábado su esperado anuncio sobre medidas para ayudar a resolver la crisis que enfrenta el país.

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Claudia Torrens está en Twitter como http://www.twitter.com/ClaudiaTorrens