WASHINGTON (AP) — Fue un enfrentamiento que llevaba 25 años fraguándose: todo el mundo estaba ansioso de finalmente poder ver los archivos secretos sobre el asesinato de John F. Kennedy, y faltaban sólo unas horas para que venciera el plazo y se publicaran, pero las autoridades de inteligencia seguían buscando la manera de impedirlo. El presidente Donald Trump, el único hombre que podía bloquear la divulgación, no estaba contento con su perseverancia. No pretendía facilitarles las cosas.

Como mucho de lo que rodea las investigaciones sobre el homicidio del presidente Kennedy en 1963, la publicación esta semana de los 2.800 archivos acerca de ese suceso no fluyó sin contratiempos. Solo se resolvió en el último momento, luego de que en la mañana los abogados de la Casa Blanca seguían recibiendo solicitudes para que se efectuaran censuras adicionales y un Trump irritado continuaba rehusándose a acceder a esas peticiones, de acuerdo con dos funcionarios de la Casa Blanca que pidieron guardar el anonimato para poder hablar sobre las discusiones internas.

El recuento de las últimas horas antes del jueves, en que vencía el plazo de 25 años que el Congreso impuso para la divulgación de los archivos de Kennedy, es un nuevo capítulo en la historia de la difícil relación entre Trump y sus agencias de espionaje. El mandatario volvió a mostrar su escepticismo e imprevisibilidad al tratar con agencias acostumbradas a que les muestren cierto grado de deferencia. Mientras tanto, funcionarios de inteligencia se quedaron perplejos una vez más ante un presidente cuyos impulsos no pueden pronosticar.

Y esos funcionarios tenían sus propias versiones de lo ocurrido. Algunos rechazaron la noción de que ellos actuaron con lentitud ante las expectativas de Trump sobre la divulgación. La CIA comenzó a trabajar hace meses para tener el resto de sus documentos sobre el asesinato listos para ser divulgados el jueves, según una persona familiarizada con el proceso. Ésta, la cual no está autorizada para hablar públicamente sobre este asunto y declaró bajo condición de anonimato, dijo que la meta era tener todos los documentos de la agencia listos para ser divulgados completos o con censuras en pro de la seguridad nacional antes de que venciera el plazo.

Desde que asumió la presidencia, Trump ha cuestionado la integridad de los líderes de las agencias de espionaje, se ha movilizado para ejercer más control sobre éstas y acusó a su predecesor de usar técnicas gubernamentales de espionaje para monitorear su campaña presidencial. En lo que respecta a los archivos de Kennedy, según dijo un funcionario de la Casa Blanca, Trump quería dejar bien claro que no permitirá que las agencias lo presionen.

Sea lo que sea que haya ocurrido antes del vencimiento del plazo, Trump estaba irritado el jueves porque las agencias seguían presentando argumentos para que se aplicara más censura en algunos textos. Días antes, el presidente tuiteó para generar suspenso en torno a la divulgación de los documentos, con lo que enfatizó la sensación de dramatismo en torno a un tema que desde hace décadas ha despertado la imaginación de los que creen en teorías de conspiración. Según una ley de 1992, todos los archivos relacionados al asesinato tenían que ser publicados a menos que el presidente decidiera retenerlos explícitamente.

Poco antes de la divulgación, Trump escribió en un memorando que no tenía otra alternativa que aceptar las solicitudes de la CIA y el FBI para mantener secretos miles de documentos debido a la posibilidad de que divulgar la información aún pudiera afectar negativamente la seguridad nacional. Dos asistentes dijeron que el mandatario estaba molesto por lo que consideraba eran solicitudes de confidencialidad excesivamente amplias, y añadieron que a las agencias se les había advertido explícitamente que él esperaba que las censuras se mantuvieran en un mínimo.

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La periodista de The Associated Press Deb Riechmann contribuyó a este despacho.