WASHINGTON (AP) — Al equipo comercial del presidente Donald Trump se le agota el tiempo para renegociar el TLCAN con México y Canadá este año, incluso mientras dialoga con China y discute con sus aliados sobre los aranceles de Estados Unidos a las importaciones de acero y aluminio.

En caso de que los negociadores no puedan concretar pronto un nuevo TLCAN, las pláticas podrían extenderse hasta 2019. El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, impuso un plazo extraoficial para hoy jueves.

O Trump podría cumplir con su amenaza de retirarse del pacto al que ha descrito como un “desastre” aniquilador de empleos y provocar un caos comercial entre las tres naciones.

“El tiempo se agota rápidamente”, dijo Dan Ujczo, abogado comercial en Dickinson Wright, en Columbus, Ohio.

Trump ha estado enfurecido por el TLCAN desde hace mucho tiempo, pero siempre ha parecido una posibilidad distante que se concrete una renegociación que satisfaga al presidente. Cuando entró en vigor en 1994, el TLCAN puso fin a la mayor parte de las barreras comerciales entre Estados Unidos, Canadá y México. El comercio se incrementó en la región. Los granjeros estadounidenses que exportaban maíz y otros productos se beneficiaron.

Pero muchos de los fabricantes estadounidenses, en particular automotrices, trasladaron su producción a México para aprovechar los bajos costos de mano de obra, y enviaban sus productos de regreso a Estados Unidos. El flujo de importaciones incrementó el déficit comercial de Estados Unidos con México, que fue de 69.000 millones de dólares el año pasado (Estados Unidos tuvo un superávit comercial de casi 3.000 millones de dólares con Canadá en 2017).

Trump busca reformar el TLCAN para intentar devolverle la producción automotriz a Estados Unidos y reducir el déficit comercial del país. Estados Unidos exige que para que el vehículo sea considerado como libre de impuestos por el TLCAN, un porcentaje del contenido de los vehículos debe venir de un país en donde el salario promedio para un empleado automotriz sea de alrededor de 15 dólares por hora, o sea Estados Unidos o Canadá.

Pero las compañías han creado complicadas cadenas de suministros que traspasan las fronteras del TLCAN. Al hacerlo, aprovechan las ventajas de cada país, por ejemplo: la mano de obra barata de México, así como la cercanía de los consumidores en Estados Unidos y Canadá. Los fabricantes advierten que cambiar las reglas alteraría sus operaciones, incrementaría los costos y los colocaría en una desventaja competitiva respecto a los fabricantes de Asia y Europa.

Ann Wilson, vicepresidenta senior de la Asociación de Fabricantes de Motores y Equipamiento, que representa a los proveedores automotrices, argumenta que la propuesta de Estados Unidos podría incrementar el precio promedio de un vehículo nuevo, que actualmente excede los 35.000 dólares.

El Centro de Investigación Automotriz, una organización independiente, informó el mes pasado en un reporte que esos requerimientos harían que hasta 125 modelos de auto sufran aumentos de precio de entre 470 y 2.200 dólares.

Pero el TLCAN no es el único tema urgente en la agenda comercial del gobierno estadounidense. Trump tiene programada una reunión el jueves con el viceprimer ministro chino Liu He en un intento por evitar una guerra comercial con el gigante asiático. Liu también se reunirá con un equipo encabezado por el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin.

Estados Unidos y China, enfrascados en un conflicto en torno a las exigencias de Beijing de que las compañías estadounidenses entreguen secretos tecnológicos a cambio de ingresar al mercado chino, han intercambiado amenazas de imponer aranceles a 50.000 millones de dólares en productos. Y Trump le ha solicitado al Representante Comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, que encuentre 100.000 millones de dólares en productos adicionales chinos para ser gravados.

La posibilidad de una guerra comercial entre las dos principales economías del mundo ha inquietado a los mercados financieros globales, y ha alarmado a importantes compañías.

“Hay demasiado en juego como para que fracasen estas negociaciones”, indicó Christine McDaniel, alta investigadora en el Centro Mercatus de la Universidad George Mason. “La economía estadounidense, sus compañías, sus empleados, y su gente dependen todos los días de poder comprar y vender con sus contrapartes dentro del país y en todo el mundo”.

Trump restó importancia el jueves a la posibilidad de una negociación exitosa con Beijing

“¿Tendrán éxito?”, se preguntó el presidente ante la prensa. “Suelo dudarlo”.

Las sanciones comerciales podrían alterar las relaciones entre ambas naciones y tienen el potencial de poner empleos en riesgo. Los consumidores resultarían perjudicados por los precios más elevados por los productos a los que se les impongan aranceles por su importación.

En tanto, Japón, un férreo aliado estadounidense, amenaza con ir ante la Organización Mundial de Comercio y protestar por los aranceles a las importaciones de acero y aluminio. Trump aprobó la medida en marzo bajo el argumento de que la importación de dichos productos era una amenaza a la seguridad nacional del país. Otorgó excepciones hasta el 1 de junio para México, Canadá y la Unión Europea, pero no para Japón.

Los aranceles a las importaciones de acero y aluminio han dividido a los aliados tradicionales de Estados Unidos. Esos países quieren excepciones permanentes ante la medida. O quieren que se retiren por completo. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, tuiteó en referencia a Estados Unidos “con esos amigos, quién quiere enemigos”