ROSARIO, Argentina (AP) — Ariel Erlij se sentía completo. Estaba junto a sus amigos de toda la vida en una ciudad que le encantaba: Nueva York. Tomó el teléfono y llamó a su esposa Pabla hasta Argentina para contarle lo feliz que estaba. Un minuto después, la tragedia.

Han pasado dos días y ahora Pabla Pereyra, de 43 años, está junto con sus tres hijos en Nueva York, en espera de que las autoridades de Estados Unidos autoricen repatriar el cuerpo de Erlij, una de las ocho víctimas del ataque terrorista en una ciclovía del sur de Manhattan.

Erlij, ingeniero civil de 48 años, viajó para celebrar con nueve amigos de la infancia que habían pasado tres décadas desde que salieron del colegio. Erlij, de hecho, fue uno de los promotores del viaje.

“Él rendía culto a la amistad. Su vida era con amigos. La amistad era su manera de entender el mundo”, contó a The Associated Press Flavia Gauna, amiga de la infancia de Erlij.

De los ocho amigos que viajaron desde Argentina, cinco fallecieron: Erlij, Hernán Mendoza, Diego Angelini, Alejandro Pagnucco y Hernán Ferruchi. Dos estadounidenses y una mujer belga también murieron tras el ataque del uzbeko Sayfullo Saipovel.

En Rosario, la ciudad natal de Erlij, su amiga Gauna cuenta que “Ariel amaba la cultura americana, decía que si no fuera por Estados Unidos el mundo ya no existiría por estos locos (los terroristas). Y mirá lo que le pasó”.

Gauna toma su celular y revisa si tiene algún mensaje de Pabla, quien por ahora no quiere hablar, pero la autorizó a contar detalles de la intimidad de su familia para que Ariel no sea una “un número más” entre las víctimas del terrorismo.

Pabla Pereyra, recibida de diseñadora pero dedicada a criar a sus hijos, fue quien a pedido de su esposo diseñó las playeras blancas con la frase “LIBRE” que se pusieron los ocho amigos en el aeropuerto antes de emprender viaje hacia Nueva York.

Libres de esposas y obligaciones, iban a celebrar los 30 años de egresados del Instituto Politécnico Superior General San Martín de la ciudad de Rosario, ubicada a 300 kilómetros al norte de Buenos Aires.

La fotografía de los ocho posando con la casaca estuvo el jueves en la primera plana de muchos periódicos y en varios portales de internet del mundo.

El grupo del “Poli”, como se le conoce al colegio, había forjado su amistad en las aulas durante los seis años de cursos que complementaban con “picadas”, partidos de fútbol informales, y visitas al club Rowing, a orillas del río Paraná. Fue allí donde Erlij se ganó el apodo de “La Momia”, que le puso un entrenador un día que las jugadas no le salieron del todo bien. Ese sobrenombre lo impulsó a practicar deportes con frecuencia. De adulto, se había inclinado por el golf.

Egresados en 1987, los compañeros continuaron frecuentándose en los pasillos de la Universidad de Rosario, la mayoría cursando la carrera de arquitectura, y también en partidos de fútbol del Rosario Central y Newell’s, acérrimos rivales de la ciudad donde nació el astro Lionel Messi.

En la vida adulta, la amistad perduró en los asados de carne. Ni los problemas de pareja ni del trabajo podían ser excusa para faltar. En uno de esos encuentros, hace seis meses surgió la idea del viaje a Nueva York.

Todos miraron a Erlij y lo invitaron en broma a costear el paseo por su buena posición económica gracias al negocio de la producción metalúrgica. Él aceptó sin dudarlo y costeó algunos de los pasajes.

“Estaba presente de una forma muy positiva en la vida de las personas que él amaba”, dijo Gauna. Coincide con ella Nélida Yolanda Fala, suegra de Erlij: “Era un hombre amplio, que ofrecía todo”.

En Nueva York, la familia de Erlij ya había identificado su cuerpo, dijo a la prensa el cónsul argentino Mateo Estreme. Se esperaba, añadió, que más tarde llegaran los familiares de Diego Angelini y el viernes los de Alejandro Pagnucco.

De los cinco amigos sobrevivientes, sólo Martín Marro resultó herido en el ataque y permanece hospitalizado. No sabía que algunos de sus amigos murieron, pero el cónsul dijo por la tarde que los sobrevivientes le informaron lo que ocurrió.

Pabla decidió viajar a Nueva York junto a sus tres hijos de 14, 17 y 19 años para estar solos, hacer el duelo y contarles qué esperaba su padre de ellos en la vida, cuenta Gauna.

“Ahora mismo estoy triste, seguro pronto viene la rabia”, dice la amiga. “Es un momento muy difícil ver a su esposa tan triste, sabiendo cuánto se amaban. Y ver también a sus hijos tristes. Es verdaderamente horrible”.

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La periodista de AP en Nueva York, Claudia Torrens, contribuyó con este reportaje.