BEIRUT (AP) — Su país se ha convertido en una ruina humeante y gran parte está en manos de facciones armadas, naciones o extranjeras. La mitad de la población tuvo que abandonar sus hogares, cientos de miles de personas y la mayoría en Occidente lo considera un tirano con poco respeto por los derechos humanos. Pero el presidente de Siria, Bashar Assad, parece haber sobrevivido a la guerra y es probable que se mantenga en el puesto en un futuro próximo.

Los bandos enfrentados en el conflicto se preparan para lo que será la octava ronda de conversaciones de paz patrocinadas por Naciones Unidas, que se celebrarán en Ginebra más tarde este mes con el objetivo de buscan una vía a una posible transición política. Pero salvo sorpresas, es probable que ninguna resolución negociada lleve a la salida del presidente.

Una de las razonas es militar. Las fuerzas de Assad tuvieron su momento sobre el terreno el año pasado, respaldadas por una intensa campaña aérea rusa y con la ayuda de combatientes de Irán y Jezbolá. El gobierno de Damasco controla ahora más del 50% del territorio de Siria.

Estar al mando de la mitad del país no sería normalmente un signo optimista, pero esto supone un 19% más de lo que controlaba a principios de este año. El ejército de Damasco gobierna en las cuatro mayores ciudades del país, en 10 de las 14 capitales provinciales y en la costa mediterránea. Además, ninguna fuerza sobre el terreno es capaz de derrocar a Assad en esta etapa de la guerra.

En el frente diplomático, los principales partidarios de la oposición, Estados Unidos y sus aliados, renunciaron a su petición de que cualquier acuerdo debería implicar la marcha inmediata de Assad. Ahora presionan para un plan que contemple elecciones que podrían encumbrar a un nuevo líder. Pero Rusia, el principal respaldo de Damasco, domina ahora el proceso de negociación, lo que implica que el mandatario tiene poca presión para aceptar unos comicios reales. Una solución política bajo sus términos debería incluir a los miembros de la oposición en un gobierno de unidad nacional liderado por Assad.

La oposición siria está sumida en el caos. Su principal negociador, Riyad Hijab, renunció el lunes alegando que las potencias extranjeras estaban repartiéndose Siria y forjando acuerdos paralelos para "prolongar la vida del régimen de Bashar Assad". Abandonó el cargo solo dos días antes de una reunión en Arabia Saudí para formar una delegación y alcanzar una postura unificada de cara a los contactos. Riad ya ha señalado que la oposición tiene que aceptar la supervivencia del presidente.

Assad parece cada vez más confiado. Antes este mes, su oficina publicó en redes sociales una foto del presidente y la primera dama, Asma, paseando sonrientes por los jardines de su palacio en Damasco. La imagen forma parte de una campaña de propaganda para presentar una situación de normalidad y confianza en el futuro. La cuenta de la presidencia en Instagram se actualiza a diario con instantáneas de la pareja visitando a estudiantes, familias de combatientes fallecidos, orfanatos y panaderías.

Hay pocos escenarios que supongan la caída de Assad. Uno de ellos sería que Estados Unidos proponga un acuerdo que convenza a Rusia para que obligue al dirigente a aceptar una transición política que garantice su salida del poder. Pero es difícil imaginar qué incentivos podría dar Washington a Moscú para que abandone a su aliado. Otra de las opciones es que Estados Unidos u otros socios de la oposición cambien de opinión y lancen una ofensiva militar contra el presidente.