SAMARA, Rusia (AP) — Causante frecuente de decepciones y vergüenzas, la selección de Inglaterra se constituye hoy como una fuerza unificadora entre sus jugadores y la nación

Al menos en algunas partes del país, marcado por divisiones económicas, políticas y sociales como las que desembocaron en el Brexit, el hecho de que el equipo haya llegado a semifinales en el Mundial representa una distracción bienvenida respecto del ambiente nacional enrarecido

Los triunfos han brindado a más de un hincha inglés la oportunidad de treparse en un semáforo, lanzar cerveza y brindar por el éxito de los futbolistas, en una explosión delirante que no se observaba en el país desde el siglo pasado.

Por primera vez desde la década de 1990, Inglaterra se ha instalado entre los cuatro mejores equipos de un torneo relevante. Jugará el miércoles ante Croacia por un sitio en la final, luego de doblegar el sábado 2-0 a Suecia.

“Es la oportunidad de conectar a todos mediante el fútbol y de marcar una diferencia respecto de la forma en que se siente la gente”, opinó el seleccionador inglés Gareth Southgate. “Eso es incluso más importante que lo que estamos haciendo en cuanto a nuestros resultados. Es muy especial. Imagino que habrá una gran fiesta en casa. No es por nosotros”.

Hay mucho trabajo por hacer si Inglaterra quiere jugar lo que sería apenas la segunda final de su historia. En la primera, disputada en 1966, terminó alzando la copa en Wembley.

Pero Southgate considera que ha infundido en el vestuario la mentalidad humilde que se requería para llegar hasta el encuentro por el título, previsto para el próximo domingo en el estadio Luzhniki de Moscú. Esa actitud ha reemplazado la soberbia que definió la era de David Beckham, plagada de estrellas, durante la que el equipo no avanzó nunca más de los cuartos de final en torneo alguno.

Tan sólo hay que recordar el caso de Harry Maguire, autor del primer tanto ante Suecia. Llegó a su primera convocatoria con la selección el año pasado, y llevaba su ropa en una bolsa negra de polietileno, como las que se usan para colocar la basura, en vez de portar una valija de diseñador.

Durante demasiado tiempo, las ambiciones se truncaron por una cultura, de acuerdo con la cual, Inglaterra no debía demostrar nada. Después de todo, tenía el estatus de cuna del fútbol. Pero rara vez lo respaldaba con los resultados.

Y a medida que los jugadores comenzaban a devengar salarios millonarios con sus clubes, el compromiso con la selección pasaba a segundo plano.

“No tenemos todavía jugadores renombrados de clase mundial”, manifestó Southgate. “Pero tenemos a un montón de buenos jugadores jóvenes, quienes están mostrando en un escenario mundial que están preparados para ser valientes con la pelota, para jugar de la forma correcta y para tener ahora algo de resistencia mental”.

En 2016, al comienzo de su gestión, Southgate se percató de que debía transmitir un mensaje toral a sus jugadores: Cualquier éxito con la selección inglesa sería más grande que otro logro con sus clubes.

“Ellos han estado dispuestos a dejar en la puerta las rivalidades de los clubes”, resaltó el estratega. “Hemos hablado de lo importante que es tener ese espíritu”.

También reviste importancia recuperarse de la adversidad. Uno de los momentos más aciagos para el fútbol inglés llegó hace un par de años, en los días en que hervía el ambiente por el referéndum para definir que Gran Bretaña saliera de la Unión Europea. Un equipo dirigido por Roy Hodgson fue humillado por Islandia en la Eurocopa.

“Bajo presión, ellos sufrieron”, dijo Southgate. “Habrá días en los que no tengan que lidiar con estas cosas”.

Hoy, ciertamente, hay más días soleados para la selección inglesa.

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Rob Harris está en Twitter como www.twitter.com/RobHarris