CLARK, Filipinas (AP) — El gobierno de Filipinas declaró el lunes el final del sitio insurgente a una ciudad del sur del país que duró cinco meses, dejó más de 1.100 fallecidos y avivó el temor a que el grupo extremista Estado Islámico se establezca en el sudeste asiático.

Durante su intervención en una cumbre anual de ministros de Defensa de la región, el representante filipino, Delfin Lorenzana, dijo a reporteros que las operaciones de combate en Marawi terminaron después de que el ejército recuperó 42 cuerpos del último grupo de combatientes.

"Este era el último grupo de rezagados de Mautes y fueron atrapados en un edificio, por lo que hubo una balacera, y están acabados”, explicó. “Ya no hay más insurgentes dentro de la ciudad de Marawi".

El enfrentamiento provocó temores de que el grupo Estado Islámico pudiese inspirar, financiar y fortalecer a las milicias locales mientras pierde territorios en Siria e Irak. La derrota de la revuelta ligada a EI y la muerte de sus líderes han supuesto un alivio para la región.

"Las fuerzas de seguridad Filipinas, ayudadas por su gobierno y el apoyo masivo del pueblo filipino, han cortado una infraestructura en ciernes y derrotaron al terrorismo en Filipinas”, agregó Lorenzana.

El éxito de la operación muestra que la cooperación regional puede contener la expansión del terrorismo, añadió. "Al aplastar el intento más serio hasta el momento de exportar el extremismo violento y el radicalismo a Filipinas y a la región, hemos contribuido a evitar su expansión en Asia”, dijo el ministro filipino.

La lucha contra el terrorismo es una de las prioridades en la agenda de la cumbre de ministros de Defensa de los países del sudeste asiático en Clark, al norte de Manila.

Cientos de insurgentes, muchos de ellos ondeando banderas negras al estilo de las del grupo EI, iniciaron el pasado 23 de mayo el sitio de Marawi, un feudo de la fe islamista en un país de mayoría católica, ocupando el distrito comercial del centro y comunidades periféricas. Arrasaron bancos y tiendas, incluyendo armerías, saquearon casas y destruyeron imágenes en la catedral católica, según el ejército.

Los combates dejaron al menos 1.131 muertos, incluyendo 919 insurgentes y 165 soldados y policías. Al menos 1.780 de los rehenes tomados por los radicales, incluyendo un sacerdote católico, fueron rescatados. El último grupo de 20 cautivos fue liberado durante la noche del sábado, dijo el coronel del ejército Romeo Brawner en una conferencia de prensa el domingo. Esto dejó a los asaltantes sin los rehenes que habían utilizado como escudos humanos para frenar el avance de las tropas filipinas durante meses.