LA PAZ (AP) — Tras seis años de una abierta confrontación que derivó en juicios internacionales, Bolivia y Chile volvieron a sentarse en una mesa de negociación el martes para abordar problemas fronterizos que han complicado la ya tensa relación entre ambos vecinos.

No obstante, la reunión del Comité de Frontera en la ciudad de Santa Cruz, en el oriente boliviano, se ha visto enturbiada por declaraciones en su país del canciller chileno Heraldo Muñoz, quien vinculó a militares bolivianos en el tráfico de autos robados, acusación que el ministro de Defensa boliviano, Reymi Ferreira calificó de “temeraria”.

La reunión finalizó con un apretón de manos entre las representantes de ambas naciones, que acordaron un nuevo encuentro del comité a realizarse el próximo mes de octubre en la ciudad chilena de Arica.

“En un espíritu positivo que nos ha inspirado hoy a ambas delegaciones por los frutos que ha dado este trabajo”, dijo la representante chilena Ximena Fuentes, quien calificó el encuentro de “exitoso”.

La reunión estuvo presidida por directores de ambas cancillerías con la participación de una veintena de funcionarios y se realizaba a puerta cerrada en un hotel de aquella capital. No hubo declaraciones a la prensa al iniciar el encuentro. El punto central sería aprobar un protocolo de incidentes fronterizos, dijo el canciller boliviano Fernando Huanacuni antes de la reunión.

En marzo pasado, Chile detuvo a dos militares y siete funcionarios aduaneros en la frontera y les abrió causa penal por robo y portación de armas. Las autoridades bolivianas alegaron que los funcionarios repelían a contrabandistas, pero el incidente elevó la tensión.

Bolivia y Chile se enfrentaron en una guerra entre 1879 y 1883 en la que los bolivianos perdieron su litoral. En 2013, el gobierno de Evo Morales demandó a Chile ante la Corte Internacional de Justicia para obligar a Santiago a negociar una salida al mar para Bolivia. Chile a su vez demandó por aguas fronterizas en disputa. Ese tribunal todavía analiza ambas demandas.

Los dos países comparten una frontera de 850 kilómetros en la despoblada y fría puna altiplánica por donde se trafica cocaína, contrabando y autos robados, según han informado autoridades de los dos países.