AP NEWS
Related topics

Restricciones a inmigración pueden perjudicar economía EEUU

February 26, 2018

Donald Trump fotografiado el 6 de febrero del 2018 durante una reunión en la que se habló de la pandilla MS-13 y la seguridad fronteriza, en el Cabinet Room de la Casa Blanca, en Washington. Expertos dicen que las restricciones a la inmigración que plantea el mandatario pueden perjudicar la economía estadounidense. (AP Foto/Evan Vucci)

WASHINGTON (AP) — El mercado laboral del siglo 21 requiere cada vez más conocimientos, sobre todo de alta tecnología. Pero considere esto: Casi la mitad de los empleos que el gobierno pronostica se van a crear de aquí al 2026 requerirán apenas un título de secundaria. Y a veces ni eso.

Esos empleos tienen algo más en común: Cientos de miles serán ocupados seguramente por inmigrantes dispuestos a hacer trabajos que muchos estadounidenses desdeñan.

Poco se habla en el debate en torno a la inmigración ilegal del papel vital que desempeñan en la economía los inmigrantes sin educación formal ni los conocimientos que el gobierno de Donald Trump y muchos legisladores consideran deben ser un pre-requisito para ser admitidos en el país. Los economistas dicen que con un desempleo que está en su nivel más bajo en 17 años y el limitado crecimiento de la fuerza laboral, los inmigrantes, con educación y sin ella, son clave para la economía.

“Esta noción de que solo necesitamos gente con ciertos títulos... nunca ha sido cierta en Estados Unidos, y menos ahora”, afirmó Michael Clemens, economista del Centro para el Desarrollo Global, una grupo investigador de Washington.

El 63% de los empleos, y el 46% de los trabajos que se espera se creen entre el 2016 y el 2026, requieren no más que un título de secundaria, de acuerdo con el Departamento de Trabajo. Las nuevas plazas incluyen empleos con sueldos bajos que la mayoría de los nativos se niegan a hacer: unas 778.000 plazas para acompañantes de ancianos y otros enfermos (sueldo promedio en el 2016: 21.920 dólares), 580.000 empleados de restaurantes (19.400) y 431.000 asistentes que ayudan a enfermos en sus casas.

Muchas de esas plazas, dice Clemens, “serán tomadas por inmigrantes o si no esos trabajos no se harán”.

Extranjeros ya representan el 17% de la fuerza laboral y el 52% de las mucamas, el 47% de los que reparan o cambian techos y el 40% de los obreros de la construcción y los empleados de lavaderos y tintorerías.

Los inmigrantes se hacen cargo de las cosechas de batatas y pepinos en Carolina del Norte. Asisten a pacientes con demencia en los asilos de ancianos. Aspiran las oficinas. Son meseros, cocineros y se hacen cargo de la limpieza en el resort Mar-a-Lago de Trump en la Florida.

El gobierno de Trump y muchos legisladores republicanos quieren reducir la cantidad de extranjeros que ingresan al país y crear un sistema de admisión basado en el nivel de educación de la gente. Dicen que las restricciones a la inmigración legal e ilegal protegerán a la población de potenciales delincuentes y evitarán que se rebajen los sueldos.

Trump “sabe lo que no funciona con nuestro sistema de inmigración y lo que hace que bajen los sueldos de los estadounidenses”, sostuvo el senador republicano Tom Cotton. “Estoy listo para trabajar con él y con mis colegas para crear un sistema inmigratorio que apoye al trabajador estadounidense e impulse nuestra economía”.

La propuesta inmigratoria del presidente, que fue rechazada junto con otras medidas similares por el Senado este mes, impediría a los inmigrantes patrocinar a hermanos, padres e hijos adultos y acabaría con un sorteo de visas que busca aumentar la diversidad. Apartaría asimismo 25.000 millones de dólares para un muro en la frontera con México.

El gobierno apoyó una propuesta de Cotto y el senador David Perdue que daría preferencia a los inmigrantes con estudios, que hablen bien inglés y satisfagan otros requisitos cuyo fin es atraer a inmigrantes con grandes calificaciones y descartar a los demás.

Sin embargo, el Modelo Presupuestario Penn Warton de la Universidad de Pensilvania, que analiza las propuestas públicas, dijo que el proyecto Cotton-Perdue reduciría el crecimiento de la economía y eliminaría 1,3 millones de empleos para el 2027 y 4,6 millones para el 2040.

Muchos inmigrantes piensan que no se va a llegar a eso.

“Soy optimista”, afirmó Amara Sumah, inmigrante de Sierra Leone que tiene un restaurante de comida de África occidental en Washington. “El pueblo estadounidense es generoso. El presidente no puede cambiar el país él solo”.

El temor de que los inmigrantes van a dejar sin trabajo a los nativos data de una época en la que los estadounidenses no tenían tantos estudios como ahora. Los nativos desempeñaban trabajos básicos. Pero hoy difícilmente se interesen en esos empleos. Hace 25 años, el 46% de la fuerza laboral estadounidense tenía solo un diploma de secundaria. Un 28% tenía título universitario. Ahora el 40% tiene estudios terciarios y solo el 33% tiene secundaria o no completó esa etapa.

Muchos nativos tienden a ignorar los trabajos mal pagados, con muchas exigencias físicas, incluso si escasean los buenos empleos. Considere lo que sucedió en Carolina del Norte en el 2011, cuando el estado sobrellevaba una feroz recesión. Casi 500.000 residentes no tenían empleo y las granjas del estado necesitaban 6.500 peones para plantar y cosechar pepinos, batatas y tabaco.

Sin embargo, apenas 268 nativos se postularon para esos empleos, que pagaban 9,70 dólares la hora. De ellos, 245 fueron contratados y solo 163 se presentaron el primer día. Apenas siete se quedaron hasta el final de la cosecha.

Mexicanos con visas temporales llenaron 6.474 plazas, se acuerdo con un estudio de Clemens, el cual concluyó que “da la impresión de que los trabajadores nacionales prefieren hacer cualquier otra cosa, incluso pasar largos períodos sin trabajo, a desempeñarse en las cosechas”.

En lugar de competir con los nativos, los extranjeros parece complementarlos y hacerlos más productivos. Patricia Cortés, de la Universidad de Boston, y José Tessada, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, comprobaron que un aumento en la cantidad de niñeras y de mucamas extranjeras entre 1980 y el 2000 redujo los gastos de un hogar y permitió a las mujeres nativas trabajar más tiempo, ya que no tenían tanto qué hacer en sus casas.

El Centro de Investigaciones Pew dijo el año pasado que la fuerza laboral estadounidense crecerá solo si inmigrantes recién llegados reemplazan a los baby boomers (nacidos entre la década de 1940 y mediados de los 60) que se jubilan. El Pew calcula que la fuerza laboral subirá de los 173 millones del 2015 a 183 millones en el 2035 si se incorpora a los inmigrantes. De lo contrario, se reducirá a 166 millones.

De todos modos, algunos analistas rechazan la idea de que unos pocos inmigrantes poco calificados dejan sin trabajo a los nativos. Daniel Stein, abogado de inmigración que dirige la Federación para una Reforma Inmigratoria, que promueve límites a la inmigración, afirma que los inmigrantes “limitan la capacidad de negociar” buenos sueldos de los nativos.

Dicen que la inmigración es una de las razones por las que muchos estadounidenses se niegan a radicarse en zonas de mayor crecimiento: temen que deberán competir con mano de obra extranjera.

Clemens, del Centro para el Desarrollo global, dice que no es realista dar por sentado que los empleadores van a responder a una reducción en la inmigración subiendo los sueldos para atraer trabajadores nativos. Tienen otra opción: Reemplazar a los trabajadores con máquinas o reducir su expansión.

Clemens dice que el año pasado fue uno de los autores de un ensayo sobre lo que sucedió en 1964, cuando el gobierno redujo la cantidad de peones mexicanos que trabajaban en el campo con permisos temporales. Se suponía que al restringir la llegada de mexicanos, habría más trabajo para los nativos. Pero el informe señala que lo que hicieron los agricultores fue reducir su producción o automatizar el trabajo.

____

Paul Wiseman está en https://twitter.com/PaulWisemanAP

AP RADIO
Update hourly