PYEONGCHANG, Corea del Sur (AP) — Muchos de los deportistas latinoamericanos que están en este condado surcoreano consideran un triunfo tan sólo el hecho de llegar a unos Juegos Olímpicos de Invierno pese a todas las adversidades, comenzando con las geográficas. Existe sin embargo pequeñísimo grupo que aspira a algo más.

Dominique Ohaco pertenece a ese grupo. Por lo tanto, la chilena no quedó satisfecha el sábado con su participación en el esquí acrobático.

“Quería más”, reconoció.

Con tan sólo 18 años, Ohaco debutó en las instancias olímpicas invernales, en Sochi 2014. Sorprendió entonces al ocupar el 13er peldaño, a uno solo de la final y muy cerca de lo que hubiera sido la mejor participación de Chile en la historia de los Juegos.

Así que Pyeongchang parecía el escenario ideal para que la joven de Santiago alcanzara esa meta. Toda esperanza se desvaneció durante el primer recorrido clasificatorio en el Parque Nevado Fénix.

Ohaco colocó mal un esquí, que se le atoró cuando salía del paso por una barandilla. El yerro más ostensible llegó al final de un salto con doble giro desde una rampa. La competidora cayó sobre la nieve con el costado y la cadera izquierda.

Los jueces no la perdonaron, y Ohaco quedó eliminada, con un vigésimo puesto en la clasificación general.

Y si bien una media docena de chilenos comenzó a agitar una gran bandera en el graderío, la deportista hizo un gesto que delató su descontento.

Tampoco es que haya hecho rabietas. Ohaco mostró la actitud deportiva que le viene de herencia, como hija de una velerista que quedó cerca de competir en Barcelona 1992 y de un tenista. Al ver su nota, esbozó una tímida sonrisa, se encogió de hombros y se marchó a la zona mixta, mientras el viento helado le agitaba los rubios cabellos que salían desde debajo de sus gafas de esquiadora.

“Las aspiraciones siempre están ahí, pero el freestyle es un deporte bien competitivo y de riesgo, que depende mucho de las circunstancias”, explicó. “Yo sabía que cualquiera podía ser primero o último en esta prueba. Me quedo con la experiencia de mis segundos Juegos Olímpicos”.

Una nueva experiencia que palideció ante la primera, donde Ohaco fue además abanderada de su país en la ceremonia inaugural, un honor que esta vez le correspondió al esquiador alpino Henrik von Appen.

La realidad es que Ohaco no fue la única competidora que tuvo problemas con el recorrido. Mientras que en la final de hombres el viento fue el causante de algunos accidentes aparatosos, esta vez la nieve lució traicionera. ¿Algo floja por un ligero aumento en la temperatura durante los últimos días? Quizás.

Incluso en la final, sólo nueve de las 36 carreras terminaron con puntuaciones superiores a 70 puntos, el referente típico de un recorrido limpio. La nota de Ohaco fue severísima, de apenas 16.

Así, el mejor papel de un chileno en los Juegos Olímpicos de Invierno sigue siendo el undécimo puesto que obtuvo Thomas Grob en el combinado alpino de Nagano 1998.

¿Qué sigue para Ohaco?

“Seguir participando en eventos, incluidos los de copa mundial, y retomar la universidad”, comentó. “Esto no se acaba aquí. Lo que no sé es si volverá a haber Juegos Olímpicos”.

El oro fue para la suiza Sarah Hoefflin, quien superó a su compatriota Mathilde Gremaud en la ronda final. La británica Isabel Atkin se quedó con el bronce.