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Gareca llega por primera vez a un Mundial de la mano de Perú

June 9, 2018
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El técnico de la selección de Perú Ricardo Gareca sonríe durante una rueda de prensa en Lima, el domingo 27 de mayo de 2018. (AP Foto/Martín Mejía)

LIMA (AP) — El equipo que hizo vibrar a Perú en la década de los 70 y principios de los 80 pasó a la historia como la selección del exquisito Teófilo Cubillas. El que irá a Rusia en el 2018 es el de Ricardo Gareca, el argentino que recuperó la identidad del fútbol peruano y lo clasificó a su primera Copa Mundial en 36 años.

Será el primer Mundial para este hombre, hijo del capataz de una papelera de Buenos Aires, que tuvo una importante trayectoria como jugador y llegó a vestir la casaca de la selección, pero nunca pudo participar en la máxima cita del balompié.

Cuando comenzó a dirigir a la Blanquirroja en 2015, la mitad de peruanos creía que no lograría la clasificación. Tres años después, con el boleto a Rusia en la mano, tiene un nivel de aceptación del 98%.

Gareca respondió hace poco a una periodista de la televisora Latina que le “generan vergüenza” los comentarios en broma sobre que podría convertirse en nuevo presidente de Perú si se postulase al cargo en este país donde todos sus expresidentes vivos están investigados o han sido condenados por corrupción.

El argentino comentó en una conferencia de prensa a mediados de mayo que su trabajo en el seleccionado se vio potenciado por su equipo técnico, entre los que destaca su asistente y excompañero en el América de Cali, el uruguayo Sergio Santín.

“Todos tenemos momentos en los cuáles nos sentimos mal, dudamos, nos sentimos inseguros, y a partir de tantas sensaciones tengo la contención de un equipo de trabajo que me aclara las ideas”, dijo Gareca.

Fiel a su perfil bajo, el técnico de 60 años dice que pese a su popularidad tiene “los pies sobre la tierra”. No le teme a la vejez, pero sí a la posibilidad de perder su famosa cabellera que ha formado parte de su figura desde que fue estrella en Boca Juniors.

El “Tigre” reconoce que Perú “estaba acostumbrado a las decepciones” y que se vivía del recuerdo de los viejos ídolos que llevaron a la Blanquirroja a los mundiales de 1970, 1978 y 1982. Incluso los jugadores más veteranos del once peruano no habían nacido cuando Perú logró su última participación en España.

Un pesimismo constante se apoderó del seleccionado, criticado por diluirse en la cancha y casos de indisciplina.

Se puso énfasis en la buena nutrición. Cuando llegaban las fechas de las eliminatorias sudamericanas, los convocados dejaron de ir directamente a las casas de sus familias, sino que iban a la concentración.

“El talento siempre los hemos tenido”, dijo el centrocampista Yoshimar Yotún en una entrevista con The Associated Press. “Por mucho tiempo habíamos caído en un hueco en el que no podíamos salir”.

Perú llega al Mundial de Rusia, donde enfrentará a Francia, Dinamarca y Australia en el Grupo C, inmerso en una racha invicta de 14 partidos. Su victoria ante Croacia en un amistoso en marzo fue su primera ante una selección europea en casi dos décadas.

“Hemos muchos cambios positivos. Ahora se refleja lo que somos”, resaltó Yotún, de 28 años y que milita con el Orlando City de la MLS. “Perú está haciendo las cosas bien. El profesor Gareca nos hizo creer en nosotros. De hace tres años, cuando cogió a la selección, siempre probó variantes hasta que encontró una forma de juego que le acomoda bien a los jugadores que tiene”.

Gareca se perdió ir al Mundial tras haber sido causante de dejar fuera a los peruanos.

Carlos Bilardo, técnico de la selección argentina campeona en México 1986, no lo convocó pese a que había jugado las eliminatorias y sacó del camino a Perú en 1985 tras lograr el gol clave del empate 2-2 en el Monumental de River Plate que clasificó a la Albiceleste.

No ser incluido en la nómina de Bilardo provocó su día más triste en el fútbol y le hizo llorar “como un condenado”, reconoció a la revista El Gráfico.

Como entrenador escogió dirigir a la selección de Perú pese a recibir una oferta del once de Costa Rica porque conoce mejor el fútbol sudamericano. Aunque no se califica como obsesivo, “trato de ser exigente”, afirma, acotando que cree que los jugadores “deben liberarse pero dentro de un orden”.

Muchos le adjudican el mérito de potenciar el trabajo grupal en una selección donde son escasas las individualidades y la experiencia internacional.

Junto a su trabajo disciplinado algunos rituales acompañan su trabajo: prohíbe el uso de cualquier vestimenta de color verde, escuchar música de Marc Anthony porque le han provocado derrotas en los equipos que dirigía. Pero de otro lado, se retrata en fotografías junto a parejas recién casadas, como ocurrió en marzo y noviembre de 2017 antes de vencer a Uruguay y Nueva Zelanda.

“Creo en el trabajo duro, pero también en una buena dosis de suerte”, resumió a la prensa cuando logró la clasificación.

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