CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Muchas personas en el gobierno de Estados Unidos, e incluso algunas en México, dicen que el nuevo acuerdo comercial entre los dos países ayudará a aumentar los salarios en la industria automotriz de México.

Pero los activistas dicen que el pacto no hará eso ni detendrá el flujo constante de empleos hacia el sur, al menos no hasta que México cambie sus leyes laborales y elimine los “contratos de protección” que dejan indefensos a los trabajadores.

El acuerdo anunciado el lunes incluye algunas promesas vagas en esa dirección, pero esencialmente deja todo en manos de México, donde una red de complicidad gubernamental hasta ahora ha bloqueado todo avance en ese terreno.

El activista Pablo Medina dice que él y 57 compañeros de trabajo fueron despedidos el 9 de julio de la planta de neumáticos Goodyear en San Luis Potosí, México, después de tratar de organizar un sindicato independiente en la fábrica, donde pasaron dos años sin que los empleados conocieran siquiera al sindicato que supuestamente los representaba.

Los trabajadores de Goodyear efectuaron una huelga espontánea el 24 de abril después que uno de ellos se desmayara por el calor del departamento de vulcanización y se fracturara tres costillas, y después de que se enteraran de que el esperado aumento a sus sueldos _equivalentes a 1,50 dólares la hora_ sería de apenas 50 centavos de dólar por día.

“Las condiciones de trabajo adentro de Goodyear son muy inseguras, la rotación de personal también ha sido muy elevada, y, claro, los salarios son bastante bajos para lo que se paga dentro de la industria hulera”, dijo Medina, quien lucha por recuperar su empleo.

En declaraciones enviadas por correo electrónico, Goodyear México negó que la planta sea insegura y afirmó que es un “empleador competitivo” en materia salarial en la región. Agregó que el aumento salarial de este año fue de 6%, más o menos igual a la inflación del año pasado. Reconoció que un grupo de empleados fue despedido debido a la huelga, pero negó que hubieran sido 57.

Una de las principales razones por las que los sueldos son muy bajos _casi una décima parte de lo que se paga en plantas estadounidenses_ son los “contratos de protección” que los trabajadores nunca han firmado, aprobado en votación o siquiera visto. Goodyear, por ejemplo, firmó en abril de 2015 un contrato laboral con el sindicato progubernamental CTM, meses antes de que abriera su planta en San Luis Potosí o de que contratara incluso a su primer trabajador.

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos dijo el lunes en un comunicado que la insistencia del acuerdo en los derechos laborales “representa las cláusulas más estrictas de cualquier acuerdo comercial”. Según el pacto, “México se compromete a medidas legislativas específicas para proveer el reconocimiento efectivo del derecho al contrato colectivo de trabajo”, agregó.

Sin embargo, el secretario mexicano de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, dijo a The Associated Press que el acuerdo no obliga a México a hacer gran cosa más allá de aplicar la vaga reforma constitucional aprobada el año pasado que requiere que los trabajadores sean consultados y aprueben los contratos laborales. “Pero la obligación no nace propiamente del tratado de libre comercio, sino de la reforma constitucional que ya se aprobó el año pasado”, destacó Videgaray.

Y el primer proyecto de la ley que se supone México aprobará de conformidad con el acuerdo fue escrito por Tereso Medina, el líder sindical progubernamental que firmó el contrato de protección en la planta de Goodyear. La ley no está aprobada, pero daría a personas como Medina _que también fue senador del partido gobernante_ un papel importante en una comisión que supervisa los contratos colectivos.

El representante demócrata Sander Levin, de Michigan, dijo que “México ha estado muy, muy determinado a tener una política industrial fundamentada en sueldos extremadamente bajos... Los contratos de protección pululan en el sector industrial, hay miles y miles de ellos”.

“A menos de que haya garantías de que la actual política industrial y la estructura de bajos salarios en México se abordará de manera efectiva (en el nuevo acuerdo comercial), no creo que muchos demócratas lo aprueben, ni creo que llegue a buen puerto”, afirmó Levin.

La Oficina del Representante Comercial destacó otro “logro crucial” en el nuevo acuerdo: “Para apoyar los empleos en América del Norte, el acuerdo necesita nuevas reglas de origen para impulsar los salarios, como el requisito de que entre 40 y 45% del contenido de los vehículos sea fabricado por trabajadores que ganen al menos 16 dólares estadounidenses por hora”.

Este punto incluso fue destacado por el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, que asumirá el cargo el 1 de diciembre.

“Vemos con buenos ojos el que se haya establecido un aumento en los salarios para trabajadores de la industria automotriz”, declaró López Obrador.

Sin embargo, Levin dijo que “no estamos seguros de cuál será el impacto de las reglas de contenido”. Algunos trascendidos indican que la regla de contenido de 40% podría contar el trabajo de ingeniería efectuado en Estados Unidos.

“Antes que nada, ¿qué será considerado parte del 40%? Si se incluye la propiedad intelectual, por ejemplo, no se llegaría al 40, 45%” del contenido que correspondería a los obreros de fábrica.

Videgaray insinuó que el requisito era una meta a muy largo plazo, dado que los sueldos del sector automovilístico en México _que en promedio equivalen a unos 3,14 dólares la hora_ tendría que multiplicarse por cinco para acercarse a los 16 dólares por hora.

“Este acuerdo indudablemente genera incentivos para que a lo largo del tiempo crezcan los salarios en la producción automotriz... Entonces eso genera un claro incentivo para que los salarios en México eventualmente alcancen un nivel más alto”, declaró Videgaray. “Para este objetivo no se fija un tiempo”.

Muchos consideran la cláusula de los 16 dólares la hora como el sustituto de la exigencia original de Trump de que el TLCAN requiera que los vehículos contengan 50% de contenido estadounidense.

Medina, el trabajador despedido de la planta, no finca sus esperanzas en el acuerdo comercial ni en la perspectiva de que el gobierno de López Obrador _que con sus alianzas tendría mayoría en el Congreso_ pueda impulsar una mejor iniciativa.

“Quisiéramos que adentro del TLC hubiera también garantías para los trabajadores, no solamente para los empresarios”, declaró Medina. “Realmente tenemos esperanza de que las cosas van a cambiar, pero no por el nuevo gobierno, sino por la lucha de los trabajadores”.

Numerosos aspectos del TLCAN no han cambiado para bien: A pesar de las promesas en 1994 de que el acuerdo reduciría gradualmente la brecha salarial entre México y Estados Unidos, ocurrió lo contrario. De acuerdo con un estudio del Colegio de México, una institución académica de élite, “la brecha salarial entre los países no solo se ha mantenido, sino que se ha incrementado”. Si los trabajadores del sector automovilístico en Estados Unidos tenían un ingreso 5,4 veces mayor que sus colegas mexicanos en 1994, para 2016 ganaban 9,1 veces más.

“El problema de los estándares laborales básicos fue el tema fundamental cuando el TLCAN se negoció hace 25 años, y no haberlo abordado de manera efectiva fue el principal punto de discordia y la principal razón por la que la mayoría de nosotros los demócratas votamos en contra hace 25 años”, declaró Levin. “Hasta donde sé, no hay garantía de que en lo negociado a la fecha se haya abordado este punto central de forma efectiva”.

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El periodista de The Associated Press Luis Alonso en Washington, D.C., contribuyó para este despacho