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Francisco, segundo papa en visitar Perú

January 18, 2018

El papa Francisco pierde el solideo mientras alza una cruz con el mensaje "Mi paz les doy" a su llegada para reunirse con jóvenes en el Santuario de Maipu en Santiago de Chile, el miércoles 17 de enero de 2018. (AP Foto/Alessandra Tarantino)

BOGOTÁ (AP) — Francisco es apenas el segundo papa en visitar Perú. Antes lo hizo Juan Pablo II, quien viajó en dos ocasiones a la nación andina en la década de 1980, en plena guerra fría y en busca de apartar al país del comunismo.

Ahora, se espera que Francisco se dirija a los indígenas de la región y reivindique la fragilidad del medio ambiente en esa nación con 60% del territorio ocupado por la Amazonía, pero la reciente crisis política y la corrupción podrían también ser un eje de sus mensajes durante su viaje de tres días por tres ciudades.

En 1970, 95% de los peruanos se consideraban católicos, frente al 76% en 2014, según los datos del Pew Research Center de Estados Unidos.

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¿A qué fue Juan Pablo II y qué hizo en su primera visita?

El viaje de 1985 fue un maratón de ocho ciudades en la que Juan Pablo II visitó desde la capital hasta la Amazonía profunda, coronó a la virgen de Chapi, beatificó a sor Ana de los Ángeles Monteagudo y ordenó a 47 sacerdotes. Esta intensidad puso a Perú en el podio del catolicismo latinoamericano.

Pero la visita tenía sobre todo una intención política. En el contexto de la guerra fría, y con el auge de los gobiernos de izquierda y las guerrillas en América Latina, Juan Pablo II fue a Perú a denunciar al marxismo y alejar a los pobres de la izquierda. Proclamó de forma repetida su solidaridad con los pobres y rechazó ideas del marxismo muy presentes en la Teología de la Liberación, propuesta por el peruano Gustavo Gutiérrez, y con gran influencia en el catolicismo de la región de la época.

“Juan Pablo II era un guerrero de la guerra fría y percibía que cualquier influencia marxista como una amenaza para la iglesia”, dice Andrew Chesnut, profesor de estudios religiosos de la Universidad Virginia Commonwealth. Chesnut agrega que en esa misión, el papa estaba aliado con el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, y la primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher.

Con esa postura, el papa quiso también apartar a los peruanos de la influencia del grupo armado Sendero Luminoso, en ese momento en la cima de su actividad armada. En especial, se recuerda un discurso en Ayacucho, la ciudad que vio nacer a la banda, donde Juan Pablo condenó la brutalidad del grupo maoísta y difundió un mensaje de esperanza y unión para un país que quería salir adelante, recuerda Andrés Gallego, teólogo de la Pontificia Universidad Católica de Perú.

Justo antes de abandonar el país, en la ciudad amazónica de Iquitos, el papa dirigió a los indígenas un mensaje de simpatía. “También el papa se siente charapa”, declaró desatando la euforia de miles de fieles que se sintieron identificados cuando Juan Pablo II pronunció esa palabra con la que se conoce a los habitantes de la selva peruana.

Con ese gesto, el papa mostró el inicio de una nueva preocupación por el bienestar de los pueblos indígenas latinoamericanos, según explica Chesnut, una tradición que heredó Francisco, el primer pontífice de la región. Juan Pablo II ya se había dirigido a los indígenas de Canadá, apoyando su derecho a la autodeterminación.

Otro de los momentos que quedó grabado en la memoria de los peruanos fue durante una visita a Villa El Salvador, una zona humilde de Lima y, de forma improvisada, declaró: “hambre de Dios, sí, hambre de pan, no”.

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¿Qué hizo Juan Pablo II en su escueta segunda visita a Perú?

La segunda ocasión que tuvieron los peruanos para ver al papa Juan Pablo II fue escueta, pero su paso por el país se recuerda con una gran intensidad apenas tres años después de la primera. El objetivo de ese viaje fue la clausura del Congreso Eucarístico y Mariano de los países bolivarianos de 1988, unos encuentros eclesiásticos para impulsar la evangelización y fortalecer la fe católica.

“En la década de los 80, la iglesia latinoamericana entró en un estado de pánico por el gran crecimiento del pentecostalismo en el continente”, asegura Chesnut. Juan Pablo II denunció a los impulsores de esas otras corrientes cristianas, muchos provenientes de Estados Unidos, de “lobos voraces” que atacan al rebaño católico.

También en este viaje el papa aprovechó para arremeter contra Sendero Luminoso, pero tuvieron poca repercusión, como explica el experto estadounidense: “América Latina sigue siendo la región más violenta del mundo a pesar de ser el continente más católico, así que las declaraciones papales a favor de la paz a través de las décadas no han tenido mucho sentido”.

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¿Qué se espera de la visita del papa Francisco?

La paz y la reconciliación fueron precisamente la bandera del último viaje de Francisco a América Latina, el pasado septiembre en Colombia, que acababa de firmar un acuerdo histórico para terminar medio siglo de enfrentamiento armado con la principal guerrilla del país.

En Perú se espera que su viaje esté centrado en el medio ambiente, con la visita a zonas duramente golpeadas por las inundaciones para hacer un llamado a cuidar la tierra, y los derechos de los pueblos indígenas, el sector que más ha abandonado el catolicismo en los últimos años en Latinoamérica.

La crisis política de las últimas semanas, que le costó al presidente Pedro Pablo Kuczynski una moción de censura y acabó con el indulto del expresidente Alberto Fujimori, condenado a 25 años de cárcel, puede despertar expectativas en los sectores más críticos del país.

“La situación de conflicto interno ha desaparecido, pero la situación ahora plantea otro conflicto: Francisco se va a encontrar con una sociedad muy confrontada social y políticamente”, explica Gallego, de la Pontificia Universidad Católica de Perú. Aunque no tienen una reunión agendada con el Papa, tanto las víctimas del conflicto armado como las de casos de pederastia por parte de padres de la iglesia católica esperarán un mensaje de cercanía y una acción de justicia del papa, asegura el teólogo peruano.

“El perdón es muy importante en la sociedad. Eso va antes de la reconciliación. Pero el perdón no elimina que tenga que hacerse justicia”, concluye, “porque últimamente se está usando la palabra ‘reconciliación’ en un sentido burdo que implica el olvido”.

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