CHABAISH, Irak (AP) — En las marismas en el sur de Irak, Firas Fadl maneja su bote por los túneles que forman los esbeltos juncos, pasando junto a pueblos flotantes y búfalos de agua medio sumergidos. Es una región única que parece estar en un mundo aparte del resto del árido Oriente Medio.

Las marismas, un frondoso recordatorio de lo que fue la cuna de la civilización, se recuperaron tras la caída de Sadam Hussein en 2003 cuando los vecinos desmantelaron presas construidas por el mandatario una década antes para secar la zona y expulsar a los rebeldes chiíes. Ahora vuelven a correr peligro, esta vez por la mala gestión del gobierno y varios proyectos río arriba.

Fadl tiene 26 años y es demasiado joven para recordar la muerte y el renacer de los humedales, pero ha atestiguado el continuo deterioro de los últimos años, mientras luchaba por ganarse la vida pescando en un caladero cada vez más escaso. Las presas hidroeléctricas y los proyectos de riego río arriba han reducido el flujo de agua dulce, permitiendo la entrada de agua salada del Golfo Pérsico.

“La situación es buena, es sólo el agua lo que está mal”, dijo. “Desde 2012, el agua no es dulce”.

La agricultura y los vertidos de aguas residuales han reducido la pesca, obligando a algunos pescadores a recurrir a baterías de autos y productos químicos. En el cielo nocturno se ven los destellos de los pozos petrolíferos cercanos, pero la húmeda región sigue hundida en la pobreza.

Ante la falta de oportunidades laborales, cientos de jóvenes de la zona tomaron las armas en la lucha contra el grupo extremista Estado Islámico, uniéndose a milicias chiíes autorizadas por el estado. En los muros y carreteras de la región se ven aún recordatorios de los caídos ante Saddam hace una generación.

La zona, de mayoría chií, se levantó contra el gobierno de liderazgo suní de Saddam en 1991 tras su demoledora derrota en la Guerra del Golfo. Los rebeldes se ocultaban en las marismas, y el gobierno respondió secando de forma deliberada 20.000 kilómetros cuadrados (7.700 millas cuadradas) de humedal, convirtiendo la zona en un desierto y desplazando a medio millón de personas.

Tras la invasión liderada por Estados Unidos que derrocó a Saddam en 2003, los vecinos desmantelaron las presas y permitieron el regreso de las aguas, y con ellas de plantas y animales de los que depende la comunidad. La recuperación del humedal se celebró como un éxito poco común en un país asolado por el conflicto. Aun así, los humedales actuales, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2016, solo son el 14% de lo que eran en la década de 1970.

Los habitantes de la marisma recuperaron el humedal en 2003, dijo Jassim al-Asadi, director gerente de Nature Iraq y activista defensor de la zona. Ahora, señaló, el gobierno tiene que terminar lo que empezaron ellos.

“El gobierno iraquí no devolvió las marismas a este estado, la gente trajo de vuelta el agua”, dijo. Para que la región siga sobreviviendo, señaló, el gobierno tiene que regular mejor el agua y trabajar con sus vecinos para impedir la construcción de más presas río arriba en Turquía e Irán.

Si esa construcción continúa, señaló, “eso resultará en el fin de las marismas de Irak”.