NUEVA YORK (AP) — En la Trump Tower algunos le decían “un muerto que camina”.

De algún modo Rick Gates sobrevivió a la partida del presidente de la campaña presidencial de Donald Trump, Paul Manafort, quien era su padrino, y el propio Trump dispuso más de una vez que fuese marginado de la campaña.

Gates, no obstante, siguió desempeñando un papel importante en la campaña e incluso administró un fondo de 107 millones de dólares para la ceremonia de asunción del nuevo presidente. Fue asimismo un asiduo visitante de la Casa Blanca tras la llegada de Trump.

La continua presencia de Gates es hoy un dolor de cabeza para Trump. Gates y Manafort fueron acusados de una docena de delitos serios relacionados con su trabajo como consultores políticos. Pero es Gates, el menos conocido de los dos, el que debería preocupar a la Casa Blanca. Poca gente conoce mejor que él los manejos cotidianos de la campaña presidencial, sus contactos con gente de afuera y con el Comité Nacional Republicano, y lo sucedido durante la etapa de transición.

Gates, igual que Manafort, ha sido acusado de conspirar en contra de Estados Unidos, de conspirar para lavar dinero, de actuar como un agente extranjero sin registrarse como tal y de hacer declaraciones falsas. Ambos se declararon inocentes. Gates, de 45 años y quien tiene cuatro hijos de seis a 14 años, probablemente recibiría una condena a diez años de ser hallado culpable, según escribieron los fiscales esta semana.

Su abogado Glenn Selig dijo que Gates no hará comentarios por ahora, hasta que no pueda estudiar a fondo los cargos que se le hacen.

Respetado por unos y muy mal visto por otros integrantes del círculo de Trump, Gates era conocido como un ejecutivo práctico y detallista.

Los caminos de Gates y Manafort se cruzaron por primera vez hace unas tres décadas, cuando Gates fue pasante en una firma de consultoría política de Manafort. La amistad entre estos dos hombres con 23 años de diferencia se cimentó a mediados de los años 2000, cuando Gates se incorporó a una firma de Manafort que trabajaba en Europa oriental y en África, sirviendo a clientes como el presidente ucraniano Viktor Yanukovych. Documentos legales indican que Manafort y Gates habrían cobrado millones a lo largo de la siguiente década.

“Lo conozco desde que terminó la universidad”, dijo Charlie Blak, ex socio de Manafort que contrató a Gates al terminar su pasantía. “Muy inteligente, muy competente. Gran persona. Demostró su capacidad y su profesionalidad. Le encargas algo y lo hace”.

La lista específica de clientes de Manafort y Gates no es conocida. Black dijo que los dos trabajaron juntos durante las campañas presidenciales de George W. Bush y de Bob Dole.

Manafrort aportaba una fuerte personalidad, mientras que Gates era el socio discreto que se encargaba de hacer las cosas. En la campaña de Trump, Gates fue el sobreviviente.

Puso en evidencia sus aptitudes el año pasado, después de que Manafort fue marginado de la campaña presidencial en medio de informes de que había aceptado secretamente millones de dólares de un líder ucraniano pro-ruso.

Trump ordenó que Gates también fuese hecho a un lado, según alguien del círculo íntimo de Trump de entonces. Al enterarse semanas después de que Gates todavía era parte del equipo, Trump estalló e insistió en que fuese despedido de inmediato. El informante habló a condición de no ser identificado porque estaba revelando conversaciones privadas.

No está claro cómo hizo Gates para sobrevivir.

Desconcertados por la presencia de Gates en el 14to piso de la Trump Tower, donde se manejaba la campaña, algunos colaboradores de Trump le decían “el muerto que camina”.

Gates seguía teniendo detractores entre los miembros de la campaña, algunos de los cuales expresaron preocupación en torno a sus manejos financieros.

En junio se hizo una revisión de los gastos y se pasó el control de la chequera de la campaña a Jeff Dewit, según dos personas al tanto de las discusiones que pidieron no ser identificados para no quedar mal con sus colegas.

A pesar de todo, Gates siguió participando de la campaña hasta que asumió una posición en el Comité Nacional Republicanos cerca de las elecciones. Esa posición le dio acceso a las operaciones diarias de la campaña. También desempeñó un papel importante en el equipo de transición, que preparó el terreno para la asunción de la presidencia.

Posteriormente Gates participó en la preparación de la ceremonia inaugural, con autoridad sobre un presupuesto de 107 millones de dólares.

Gates no fue nombrado para ningún cargo en la Casa Blanca, pero se dice que mantuvo estrecho contacto con la gente de Trump. Y en los últimos seis meses fue consultor del encargado de la inauguración, Tom Barrack, uno de los principales aliados de Trump, según confirmó el portavoz de Barrack Owen Blicksilver.

Gates consiguió mantener cierta prominencia en el círculo de Trump mientras la Casa Blanca procuraba distanciarse de Manafort.

Se acusa a Gates y a Manafort de haber escondido millones de dólares ganados como consultores y haber lavado dinero a través de corporaciones, sociedades y cuentas bancarias adentro y afuera de Estados Unidos.

La acusación dice que Manafort empleó ese dinero no declarado “para disfrutar de un fastuoso estilo de vida”, gastando millones en artículos de lujo y en propiedades costosas en varios estados. No hay acusaciones de ese tipo contra Gates, aunque la casa en que vive en Richmond, Virginia, con dos hijos y dos hijas, está valuada en 1,8 millones de dólares.

El patrimonio de Gates no está claro.

Las autoridades dicen que Manafort dijo tener bienes por valor de 136 millones de dólares en mayo del 2016. Gates dijo tener un patrimonio de 30 millones de dólares al solicitar un crédito en mayo del 2016 y de 2,6 millones al pedir un préstamo al mes siguiente. Hay constancias asimismo de que transfirió 3 millones de dólares de cuentas en el exterior.

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El reportero de la Associated Press Eric Tucker colaboró en este despacho.