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¿Para qué sirven las fronteras?

August 1, 2018

(The Conversation is an independent and nonprofit source of news, analysis and commentary from academic experts.)

Michael Blake, University of Washington

(THE CONVERSATION) En Estados Unidos se ha producido recientemente una gran indignación por la ahora extinta política de la administración Trump de separar a las familias de inmigrantes en la frontera. Cuatro miembros del consejo asesor de seguridad nacional del presidente renunciaron como protesta, al considerar la práctica “moralmente repugnante”.

Conflictos parecidos sobre la vigilancia de las fronteras han surgido en gran parte del mundo.

En Europa, el gobierno de coalición de la canciller Angela Merkel acaba de superar una controversia sobre cómo lidiar con la oleada continua de refugiados que buscan asilo en Alemania.

La forma en que la gente responde a estas controversias depende de qué consideren que debe proteger una frontera.

Las fronteras protegen de los forasteros

En los últimos años, los expertos han proporcionado diferentes visiones sobre qué es lo que las fronteras protegen.

Un argumento importante para definir la frontera nace de la idea de que cada estado posee su propio carácter nacional, y que las fronteras lo protegen de ser importunado por foráneos. Según esta concepción cada país no es solo un estado, sino que es una nación cultural o étnica. Y creen que deben existir garantías para que la migración no altere su estatus.

Las críticas del presidente Trump contra la inmigración en Europa parten de esa idea: ha declarado de forma categórica que la ola de inmigración hacia Europa podría cambiar de manera irreversible su cultura y eso sería una “vergüenza”.“

Desde mi punto de vista como experto en filosofía política, y teniendo en cuenta que mi trabajo se centra en la moralidad política de la migración, esta concepción asume que la comunidad “real” de un país puede identificarse con una cultura o etnia en particular. Al hacerlo, anuncia de manera implícita que aquellos que no pertenecen a esa mayoría son menos importantes para el estado.

Este planteamiento se hace eco de las ideas de superioridad racial y religiosa que han causado enormes perjuicios a lo largo de la historia.

El fascismo como ideología comenzó con la idea de que solo ciertos europeos eran los verdaderos herederos de la historia de Europa. El resto fueron considerados intrusos, que estaban reduciendo la grandeza de la civilización europea.

Las fronteras son propiedad del estado

Otro argumento respecto a la frontera se basa en el concepto de los derechos de propiedad.

El académico Ryan Pevnick ha planteado que el estado y sus instituciones son justa propiedad de aquellos que han trabajado para construir y mantener esas instituciones.

Por lo tanto, pueden negarse a compartir sus instituciones con extraños, de la misma manera que yo puedo negarme a compartir mi hogar con aquellos que no tienen derechos de propiedad sobre él.

También en este tema hay dificultades. Muchas personas que viven en un país determinado pudieran haber hecho muy poco en realidad para construir esa sociedad y sus instituciones. No obstante, eso no implica que no tengan derecho a disfrutar de los beneficios asociados con la ciudadanía.

Pero, como es evidente, hay muchas personas que están fuera del país que realizan grandes esfuerzos para proteger y preservar ese país. Durante la Guerra de Iraq, por ejemplo, algunos iraquíes actuaron como traductores del ejército de Estados Unidos a costa de un enorme riesgo personal.

Para ser coherentes con este enfoque, esas personas tendrían derecho a cruzar la frontera. En efecto, este hecho fue reconocido tardíamente por la administración Trump. En febrero del 2017, se hizo una excepción respecto a la prohibición de viajar a Estados Unidos con los traductores iraquíes que habían colaborado con el ejército norteamericano.

La frontera preserva la democracia

Finalmente, una justificación final respecto a las fronteras refleja la importancia de la democracia. Implica creer que la migración generalizada podría socavar la confianza social y la solidaridad, dos condiciones necesarias para un autogobierno democrático.

Según esta argumentación, los migrantes de países sin tradición democrática podrían no tener conocimiento de las normas democráticas, y ni siquiera un compromiso moral para su preservación.

Preocupaciones como estas han llevado a Bélgica a introducir recientemente el requisito de que todos los inmigrantes que provengan de fuera de Europa deben firmar una “declaración del recién llegado” que implica adherirse a los “valores europeos” —incluidos la igualdad de géneros y los derechos de los homosexuales.

Sin embargo, la idea de que algunos forasteros no son buenos demócratas tiene una larga y lamentable historia.

EEUU, por ejemplo, excluyó a personas de nacionalidad china del derecho a obtener la ciudadanía por motivos similares. Los políticos estadounidenses argumentaron que la civilización china era incompatible con cualquier forma de gobierno que no fuera “un despotismo imperial”.

Si la democracia es tan importante, quienes la valoran en su justa medida deberían tener la obligación de utilizar la política de migración para ayudar a las personas a vivir bajo reglas democráticas.

Por ejemplo, el presidente Ronald Reagan argumentó que las fronteras de EEUU deberían estar abiertas a quienes huyen de la opresión soviética. La libertad de EEUU, afirmó en su discurso de despedida, no es inherente solo a este país.

Más bien, como dijo Reagan, EEUU debería verse a sí misma como guardiana de la libertad de los extranjeros, un planteamiento que cobra cada día mayor importancia a medida que continúa el debate estadounidense sobre las fronteras

This article was originally published on The Conversation. Read the original article here: http://theconversation.com/para-que-sirven-las-fronteras-100566.

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