BOULDER, Colorado, EE.UU. (AP) — Una mujer a la que se le fue sacado un feto de su vientre por una persona a la que acababa de conocer, testificó el miércoles que se dijo a sí misma que tenía que sobrevivir por el bien de su hija nonata y pelear contra su atacante.

Pero Michelle Wilkins señaló que Dynel Lane siguió estrangulándola y golpeándola durante el ataque perpetrado el 18 de marzo de 2015, hasta que eventualmente perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí, sangraba profusamente del abdomen, por lo que llamó a emergencias.

El bebé de Wilkins no sobrevivió, algo de lo que se enteró al día siguiente en el hospital, y Lane fue acusada de intento de homicidio premeditado, agresión y terminación ilegal del embarazo.

El caso provocó indignación y llamadas a que se le presentaran cargos de homicidio, pero el fiscal de distrito indicó que no podía hacerlo. El miércoles comenzó la etapa de testimonios de dicho juicio.

Wilkins, quien tenía siete meses y medio de embarazo al momento del ataque, testificó que fue a casa de Lane en respuesta a un anuncio Craiglist en el que se ofrecía ropa de maternidad gratis.

La víctima dijo que platicó con Lane durante más de una hora antes de que la llevara al sótano para ver la ropa.

Wilkins señaló que cuando intentó irse, Lane la comenzó a golpear, empujar y estrangular.

"Sólo recuerdo que le pregunté por qué lo hacía", testificó Wilkins. Le dijo a su atacante que la quería, con la esperanza de que se detuviera.

"Si me quieres, me dejarás hacer esto", respondió Lane y luego la hirió en el cuello con un trozo de vidrio, según el testimonio.

Wilkins, ahora de 27 años, testificó con voz temblorosa pero mantuvo la compostura. En dos ocasiones estuvo cerca del llanto: cuando el fiscal de distrito Stan Garnett le mostró fotos de ella embarazada y cuando describió cómo se enteró que su bebé no había sobrevivido.

Wilkins sólo vio brevemente a la acusada, cuando Garnett le pidió que identificara a su atacante.

Lane no mostró reacciones y se sentó con la mirada baja. Se presentó al juzgado sin estar esposada.

En sus argumentos iniciales, Garnett dijo que Lane estaba obsesionada con el embarazo y tomó medidas para convencer a sus familiares y amigos que estaba encinta. Publicó fotos en internet con un abultado abdomen y durante más de un año aseguró que tendría un niño, afirmó el fiscal.

Las amigas de Lane incluso le organizaron un baby shower, indicó Garnett.

La abogada defensora, Jennifer Beck, dijo en sus argumentos iniciales que la evidencia muestra que Lane no planeó el ataque y que nunca tuvo la intención de matar a Wilkins.

Beck describió el ataque como caótico y desesperado.

Los fiscales señalan que Lane golpeó a Wilkins con una linterna, la cortó con un trozo de vidrio y retiró al bebé nonato utilizando dos cuchillos de cocina.

Cuando la pareja de Lane llegó a la casa temprano proveniente del trabajo para reunirse con ella para acompañarla a un cita médica prenatal, él encontró el feto en una bañera, según la policía. Condujo a ambas a un hospital, donde Lane, sujetando al bebé aún envuelto, dijo que había tenido un aborto espontáneo.

De acuerdo con la policía, fue cuando ella admitió que la bebé no era suya.

El caso irritó a grupos opuestos al aborto porque Lane no fue acusada de homicidio. Garnett dijo que no pudo presentar un caso de homicidio porque un médico forense no encontró evidencia de que el feto vivió fuera del útero.

Eso motivó que legisladores republicanos de Colorado introdujeran una iniciativa de ley que hubiera permitido a fiscales presentar cargos de homicidio por la muerte de un feto, pero los demócratas la rechazaron. Fue la tercera vez que tal propuesta fracasó en Colorado, separando a la entidad de 38 estados que han convertido el asesinato de un feto en homicidio.

El cargo de terminación ilegal de un embarazo que enfrenta Lane es resultado de una ley que intenta ser un compromiso entre opositores y partidarios del derecho de aborto. La sentencia máxima es de 32 años en prisión.