SANTIAGO DE CHILE (AP) — El experto del Vaticano en abusos sexuales cometidos por el clero concluyó el jueves su misión de investigación en Chile y se dirige a Roma para informarle al papa, lo que pone fin a uno de los meses más extraordinarios en la larga saga de la Iglesia católica de hacer rendir cuentas a los sacerdotes que violan niños y a la jerarquía eclesiástica que los protege.

El arzobispo Charles Scicluna no sólo planea presentar un informe sobre el obispo Juan Barros, al que las víctimas acusan de haber atestiguado los abusos y guardado silencio, sino que también lleva consigo los testimonios de víctimas chilenas de otros abusadores en los Hermanos Maristas, así como en las órdenes de los salesianos y los franciscanos, y cómo sus acusaciones fueron mal manejadas.

Todo lo anterior confirma que la Iglesia católica chilena tiene un gran problema entre manos, que hasta la fecha no ha manejado muy bien.

“En algunas situaciones que a monseñor Scicluna le pueden parecer pertinentes, él mismo hará llegar los antecedentes respectivos a la Santa Sede”, dijo Jaime Coiro, portavoz de la conferencia episcopal chilena.

En Chile se tienen expectativas elevadas de que algo tiene que cambiar, y que el problema no gira sólo en torno a Barros y la decisión de Francisco en 2015 de nombrarlo obispo de Osorno pese a las objeciones de muchos obispos chilenos. Barros fungió como alto asesor del sacerdote depredador más conocido de Chile, el padre Fernando Karadima, pero refuta las acusaciones de las víctimas de que él fue testigo de los abusos de Karadima y no los denunció.

Las víctimas dicen que el caso de Barros es simplemente una muestra de la cultura en la Iglesia chilena de encubrir a los abusadores, aplicarles sanciones mínimas o trasladarlos de un lado a otro en lugar de adoptar la política de “una sola falta y estás fuera” implementada por los obispos estadounidenses después de que el escándalo de abusos sexuales en la Iglesia estalló en Boston en 2002.

En la actualidad hay cinco diócesis chilenas que necesitan obispos nuevos, incluido Santiago, donde el arzobispo, cardenal Ricardo Ezzati, cumplió 76 años en enero y se debe retirar. Eso deja abierta la posibilidad de establecer un nuevo rumbo en Chile si Francisco elige tomarlo.

"Esto no se trata solo del obispo Barros. Esto es mucho más grande", dijo el historiador y autor Marcial Sánchez a CNN Chile el jueves. "No podemos seguir barriendo la tierra debajo de la alfombra".