HERZLIYA, Israel (AP) — Miles de solicitantes de asilo africanos protestaron el miércoles afuera de la embajada de Ruanda en Israel contra el plan del gobierno israelí para deportarlos. Los manifestantes dijeron que el plan los pondrá en peligro y consideran las deportaciones racistas.

Israel dijo que los miles de inmigrantes afectados tienen hasta el 1 de abril para aceptar la oferta de abandonar el país hacia un destino no identificado en África _posiblemente Ruanda_ a cambio de recibir 3.500 dólares por persona y un pasaje de avión. Quienes no acepten la propuesta antes del plazo señalado serán encarcelados de forma indefinida.

Los manifestantes exhortaron a Ruanda y a su presidente Paul Kagame a no cooperar con el estado israelí. Ruanda es uno de los aliados más cercanos de Israel en África.

"Kagame, no estamos a la venta", decía una de las pancartas. "¿Me deportaría si fuese blanco?", decía otra, portada por manifestantes con la cara pintada de blanco.

Israel tiene 40.000 migrantes, en su mayoría procedentes de Eritrea y Sudán, ambas naciones con un pobre historial en derechos humanos. Los migrantes sostienen que llegaron al país huyendo del peligro, pero Israel dice que la amplia mayoría buscan trabajo y ha dicho que hay quejas de que ellos han transformado vecindarios de clase trabajadora en el sur de Tel Aviv en barrios pobres irreconocibles.

Si embargo, los que apoyan a los migrantes dicen que quienes han huido han encontrado peligro en Ruanda y Uganda, consideran que no tienen derechos en esos países y rápidamente se ven obligados a huir a través de territorios devastados por la guerra como Sudán o Libia, con la esperanza de llegar a Europa.

En un incidente en 2015, un inmigrante que se fue de Israel fue capturado por milicianos del Estado Islámico en Libia y fue decapitado.

Los migrantes dicen que ellos no quieren echar raíces en Israel, sino permanecer como refugiados hasta que sea seguro regresar a sus países.

"La deportación mata", coreaba la multitud. "No somos criminales. Somos refugiados", decían.

Miles de migrantes ingresaron a Israel a través de Egipto hasta que Israel completó una enorme valla para frenar su ingreso. Desde entonces, Israel ha batallado para hallar una solución para aquellos que entraron al país.

El plan de deportaciones ha generado indignación en Israel, donde los críticos consideran la medida antiética y una mancha en la imagen de Israel como refugio de migrantes judíos. El gobierno dice que no tiene obligación de aceptar a los inmigrantes y que ha dado pasos para asegurarse de que no se vean dañados. Por ejemplo, mujeres, niños y familias están exentos de la orden de deportación.