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Exclusiva de AP: Bancos chinos no combaten imitaciones

May 8, 2015
En esta fotografía del miércoles 8 de abril de 2015, comerciales y funcionarios realizan una ceremonia para combatir la falsificación de productos afuera del mercado de Silk Street en Beijing. Las palabras en chino en el fondo dicen: "Cero tolerancia". Los líderes de China han empezado a tomar seriamente la protección de la propiedad intelectual conforme su economía pasa de la manufactura de bajo costo a la innovación, pero muchos críticos dicen que sus tribunales no están todavía a la altura de las necesidades. (Foto AP/Ng Han Guan)
En esta fotografía del miércoles 8 de abril de 2015, comerciales y funcionarios realizan una ceremonia para combatir la falsificación de productos afuera del mercado de Silk Street en Beijing. Las palabras en chino en el fondo dicen: "Cero tolerancia". Los líderes de China han empezado a tomar seriamente la protección de la propiedad intelectual conforme su economía pasa de la manufactura de bajo costo a la innovación, pero muchos críticos dicen que sus tribunales no están todavía a la altura de las necesidades. (Foto AP/Ng Han Guan)

SHANGHAI (AP) — Kim Sbarcea sabía exactamente lo que quería. Escribió “Aros de Malla Tiffany Elsa Peretti” en Google y dio con un par que costaba 450 dólares pero por el que se pedían 32 dólares. ¡Tremendo negocio!, se dijo a sí misma.

El portal, llamado tiffany-outletsale.com, parecía legítimo. Hizo click en ese sitio.

En cuestión de segundos, esta mujer de Christchurch, Nueva Zelanda, ingresó al mundo del comercio de productos de imitación ilegales, en el que bancos chinos son un instrumento clave de un negocio que generará 1,8 billones de dólares este año.

Al menos tres prominentes bancos chinos ofrecen refugio para estos falsificadores, procesando los pagos con tarjetas de crédito o transfiriendo dinero por todo el mundo, según comprobó una investigación de la Associated Press. Una revisión de cientos de páginas de documentos legales revela que la falta de cooperación entre China y Occidente permite a los falsificadores usar los bancos chinos como una herramienta vital.

Demandas presentadas en Estados Unidos contra los falsificadores revelan un patrón: Los fabricantes venden imitaciones a través de la red usando tarjetas de crédito o sistemas como PayPal. Luego transfieren millones de dólares a dos de los bancos estatales más grandes de China, el Banco de China y el Banco Industrial y Comercial de China, así como al Banco Mercantil de China.

Los bancos no niegan tener cuentas de personas acusadas de vender productos falsos, pero tampoco acatan el pedido de tribunales estadounidenses de que congelen sus bienes, diciendo que eso violaría el secreto bancario. Aseguran que están comprometidos con la lucha contra las falsificaciones y que no han violado ley alguna, sino que se encuentran en el medio de una disputa sobre jurisdicciones entre Estados Unidos y China.

En una carta enviada en el 2013, la embajada china en Washington se quejó ante el Departamento de Estado estadounidense por las citaciones judiciales recibidas “una tras otra” por los bancos chinos. Indicó que los pedidos de que se congelasen los bienes y se suministrase información sobre las cuentas eran “acciones arbitrarias y una faltan el respeto a la soberanía y las leyes chinas”. Reguladores chinos dijeron posteriormente que esto podía “socavar” las relaciones chino-estadounidenses.

En una de dos demandas, Tiffany pide 58,5 millones de dólares en daños en un tribunal federal de Nueva York relacionada con la venta de productos de imitación en tres continentes. La empresa dijo que comprobó que hubo transferencias a través de PayPal a cuentas de los tres bancos chinos y que uno de ellos, el Banco de China, se negó a cooperar, según documentos de los tribunales.

Gucci pide 12 millones de dólares en daños a un tribunal federal de Nueva York, aduciendo que se vendieron carteras y billeteras falsas con esa marca a consumidores estadounidenses. Gucci tuvo acceso a archivos de JPMorganChase según los cuales hubo transferencias por valor de 530.000 dólares desde Estados Unidos al Banco de China. El Banco de China se negó a congelar esos fondos, pero secretamente se quedó con 890.000 dólares del supuesto falsificador para cubrir sus costos legales, según documentos legales chinos.

Otras dos demandas radicadas en Estados Unidos rastrearon millones de dólares en ventas online que fueron a parar a los bancos chinos.

“Tenemos que encontrar mejores formas de reunir evidencia”, dijo Mark Cohen, ex agregado de la embajada de Estados Unidos en Beijing a cargo de la propiedad intelectual.

Más del 90% de los bancos usados para procesar los pagos de productos de imitación mediante tarjetas de crédito son chinos, de acuerdo con la Coalición Internacional Contra las Falsificaciones, una organización sin fines de lucro que incluye a Apple, Procter & Gamble y Tiffany.

La coalición dijo que ayudó a cerrar más de 4.900 cuentas usadas para esos pagos desde el 2012.

En el pasado los bancos chinos suministraron ciertas informaciones en respuesta a demandas radicadas en Estados Unidos. El valor de esa información es muy grande: los datos sobre una cuenta de Shanghai, por ejemplo, permitieron desbaratar una red que enviaba medicinas para diabéticos a unas 600 farmacias de Estados Unidos.

Ahora, no obstante, los bancos son más reticentes a dar información, en parte porque se expandió la ley de protección al consumidor en China en el 2010, según Zheng Junguo, profesor de la Universidad de Ciencias Políticas y Leyes de China.

Estados Unidos también restringe el acceso a información financiera, pero permite a los jueces que soliciten el suministro de información en cualquier lugar del mundo.

El Banco de China sostiene que las demandas de Estados Unidos lo colocan en una “posición imposible”, entre “las órdenes judiciales de tribunales de Estados Unidos que conminan al banco a congelar o entregar los bienes, o a suministrar información de las cuentas bancarias, y las leyes chinas, que prohíben al banco congelar o entregar las cuentas”.

Gucci y Tiffany desistieron de hacer declaraciones porque los procesos siguen en marcha.

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En este despacho colaboraron Raphael Satter (desde Londres), Richard Lardner (Washington), Helene Franchineau y Isolda Morillo (ambas en Beijing).

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Kinetz está en Twitter como http://twitter.com/ekinetz

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