SAN JUAN (AP) — Las estrechas calles adoquinadas del Viejo San Juan están desiertas. Los negocios de puros siguen con tablones en las vidrieras. Las boutiques en los coloridos edificios coloniales están cerradas.

“Es como una ciudad fantasma”, comenta Mike Maione, turista de 57 años de Flanders, Nueva Jersey, que se alojaba en el casco antiguo de la ciudad con su esposa, en un pequeño hotel que contaba con un generador de electricidad propio. “Hemos estado aquí varias veces en el pasado y la zona está siempre llena de turistas, pero ahora no hay nadie aquí”.

El turismo, uno de los pocos sectores florecientes de esta isla sumida en una crisis económica, prácticamente no existe un mes después del paso del huracán María. Y la recuperación de la isla dependerá en buena medida de la velocidad con que regresen los turistas.

Aproximadamente un tercio de los hoteles de Puerto Rico siguen cerrados. Numerosos restaurantes y negocios todavía no tienen luz. No se puede nadar en las playas por temor a una posible contaminación del agua.

La temporada alta comienza en diciembre y las autoridades turísticas esperan atraer algunos visitantes, pero ello dependerá de que se restaure el suministro de electricidad y de que se reparen los hoteles y las atracciones que sufrieron daños catastróficos.

“Queremos que Puerto Rico sea más como Nueva Orleáns después de Katrina y Detroit después de la crisis financiera”, expresó José Izquierdo, director ejecutivo de la Compañía de Turismo del gobierno puertorriqueño. Aunque espera que la recuperación sea más acelerada.

Puerto Rico generalmente recibe más de 5.000.000 de visitantes por año, quienes gastan cerca de 4.000 millones de dólares y generan más de 80.000 empleos. Si bien eso es un porcentaje pequeño de la economía -- aproximadamente un 8%--, los ingresos generaros por los visitantes han ido aumentando mientras los de otros sectores han ido disminuyendo en el marco de una recisión que ya lleva diez años.

María pasó por la isla el 20 de septiembre como una tormenta de categoría 4. Mató a al menos 49 personas y dejó sin electricidad a todo Puerto Rico. Más de un mes después, solo el 30% de los clientes tienen luz. El gobernador Ricardo Roselló se comprometió a restablecer el 95% del servicio para el 31 de diciembre.

Aproximadamente el 70% de la red de comunicaciones ha sido restaurada, lo mismo que el 70% del suministro de agua.

El principal aeropuerto reanudó hace poco sus operaciones y los cruceros están funcionando de nuevo. La destilería de ron Bacardí reabrirá el 1ro de noviembre. Casi la mitad de los casinos de la isla están funcionando. Los edificios de la era colonial del Viejo San Juan sobrevivieron mayormente intactos.

“No queremos dar por perdida toda la temporada alta”, dijo Izquierdo, quien espera que la actividad económica repunte con la llegada de puertorriqueños que vienen para las fiestas de fin de año, de funcionarios federales que trabajan en las tareas de recuperación y de otros que quieren ayudar en esas labores. “Después de la temporada alta seguiremos mejorando el producto”, expresó.

Para Patti Weiss, de 54 años, de Gilbertsville, Pensilvania, la incertidumbre fue demasiado. Ella y su esposo planificaron un crucero con Royal Caribbean hace un año y normalmente se embarcan en Puerto Rico y pasan aquí la Navidad, pero esta vez partirán desde la Florida.

“Me pareció que no era el momento oportuno para ir. Demasiadas dudas. Seguía viendo fotos y los hoteles sin luz y no pude hacerlo”, comentó. “Estamos muy decepcionados. Pero tengo mi casa y agua potable, y eso no es nada comparado con lo que están viviendo allí”.

Muchos restaurantes están abiertos, aunque funcionan con un horario reducido y menús limitados, algunos de ellos sin luz. Algunos ofrecen descuentos a los residentes que no pueden cocinar en sus casas. El chef Ariel Rodríguez, propietario de Ariel, un restaurante que funciona desde hace casi 30 años en el que una comida de dos platos cuesta 54 dólares, dijo que es casi imposible conseguir ingredientes. Estaba ofreciendo un guiso de carne de res por 5 dólares.

En locales más pequeños como al gastropub Gallo Negro resulta difícil cubrir los costos de generadores que funcionan con diésel, según la chef María Grubb. El restaurante de 52 sillas no abre desde hace semanas.

“Es devastador”, se lamentó. “Y todavía hay que pagar el alquiler, los seguros, a los distribuidores. Tenemos 14 empleados y no hay forma de generar ingresos. Eso es lo más duro”.

El impacto financiero de María en la industria turística no se conocerá hasta el fin de la temporada, pero los daños de la tormenta están a la vista de todos. Algunas de las principales atracciones de la isla están destrozadas, como el parque tropical El Yunque. Fotografías aéreas muestran una enorme defoliación, desprendimientos de tierra y árboles caídos. Uno de los hoteles más famosos de la isla, El Conquistador, en Fajardo, estará cerrado hasta fin de año para hacer reparaciones.

Los amplios terrenos del Castillo San Felipe del Morro están abiertos, pero la fortaleza española de 250 años junto a la bahía de San Juan permanece cerrada. Las playas, que fueron azotadas por lluvias torrenciales y fuertes vientos, podrían estar contaminadas por aguas residuales desbordadas y las autoridades dicen que nadie debería ir a ellas por ahora.

Quienes decidan venir, tendrán dificultades para encontrar hotel. Hay unos 100 hoteles abiertos, la mayoría de ellos con generadores propios, pero casi todos están ocupados por personal abocado a las tareas de recuperación y nadie sabe cuánto tiempo permanecerán. Las autoridades turísticas, no obstante, afirman que esperan que haya más habitaciones disponibles a partir del 20 de diciembre. Entre los resorts más costosos, el Caribe Hilton, no está aceptando reservas hasta después del Año Nuevo. El Ritz Carlton de San Juan esperará hasta abril por lo menos.

Mientras tanto, las autoridades alientan a toda persona de buena voluntad que quiera ayudar a que venga a la isla. Local Guest, un portal local que promueve un turismo sustentable, ofrece viajes a partir del 1ro de diciembre para gente que quiera quedarse con familias de las zonas más golpeadas y ayudar en la reconstrucción, según su creadora Carmen Portela.

“Tras el paso del huracán, debo ser honesta, estábamos destrozados”, declaró Portela, quien dice que todavía está viendo cómo ayudar en una mayor escala. “Si no ayudamos a reconstruir nuestro país, no queda nada, nada”.

Por ahora, los negocios que dependen del turismo se mantienen a flote gracias a los trabajadores de emergencia que llegan a la isla.

“Dependemos de ellos en estos momentos”, dijo Carmelo Pérez, gerente del Gul Plaza Souvenir Store. El negocio vende camisetas, copitas y otras baratijas. La actividad es mínima y el personal cruza los dedos para que regresen los turistas.

Algunos lo están haciendo. Stephan Renard, su esposa Nikola Sheinssen y su hijo, de Kiel, Alemania, estaban visitando el Viejo San Juan y planeaban tomar un crucero. Les costó un poco conseguir hotel y les sorprendió ver las calles vacías y los negocios cerrados. Pero en ningún momento consideraron cancelar su visita.

“Si nadie viene, ¿cómo van a hacer para reconstruir?”, preguntó Renard.