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Relación entre Trump y tabloide trasciende los titulares

August 23, 2018

Foto del 31 de enero de 2014 de David Pecker, director general de American Media, la empresa matriz del tabloide National Enquirer, en Nueva York. Pecker, un viejo amigo del presidente Donald Trump, ofreció ayudarle a evitar laa publicación de historias negativas durante la campaña electoral de 2016. (Marion Curtis via AP)

NUEVA YORK (AP) — El acuerdo entre el exabogado de Donald Trump Michael Cohen y la fiscalía ha puesto al descubierto una relación entre el presidente y el diario National Enquirer que trasciende _de lejos_ los titulares chillones del tabloide.

Además de detallar la participación del Enquirer en el pago de sobornos para que la estrella porno Stormy Daniels y la modelo de Playboy Karen McDougal no hablaran de sus relaciones con Trump, los documentos judiciales revelan cómo David Pecker _un viejo amigo del presidente y jefe de American Media, la empresa matriz del diario_ ofreció ayudarle a impedir que se publicaran noticias negativas sobre él durante la campaña electoral de 2016.

Según los documentos, Pecker “ofreció ayudar a enfrentar las historias negativas sobre las relaciones (de Trump) con mujeres y para ello, entre otras cosas, ayudaría a la campaña a identificarlas para que las compraran y evitaran su publicación”.

Las acusaciones amenazan a la empresa de Pecker, American Media Inc. (AMI), en los tribunales, tanto judiciales como de la opinión pública.

Trump y el Enquirer mantienen una relación cercana desde hace décadas. Exempleados del tabloide dijeron a la AP que las historias negativas sobre Trump jamás se publicaban desde la época en que era el protagonista del reality show “The Apprentice”.

En 2010, a instancias de Cohen, el National Enquirer empezó a promover una eventual candidatura presidencial de Trump y recomendar a los lectores un sitio web creado por el abogado.

Con participación de Cohen, el tabloide empezó a cuestionar el país de nacimiento y la ciudadanía del presidente Barack Obama, una campaña promovida por Trump durante años, dijeron los antiguos empleados.

El Enquirer respaldó la candidatura presidencial de Trump en 2016, la primera vez que apoyaba oficialmente a un candidato. La cobertura de Trump era tan favorable que la revista New Yorker la tachó de “servilismo fervoroso”.

Junto con los titulares a favor de Trump aparecían despachos negativos sobre sus oponentes. Una primera plana del Enquirer de 2015 rezaba “Hillary: 6 meses de vida”, sobre una foto de la candidata demócrata Clinton con expresión adusta y los ojos hinchados.

Las leyes de financiación de campañas prohíben a las empresas comerciales colaborar con una campaña para influenciar en una elección, pero las compañías de medios están exentas siempre que cumplan una función periodística. El problema de la empresa de Pecker es que los fiscales en el juicio a Cohen parecen creer que los sobornos no constituyen periodismo, según el especialista en finanzas de campaña Richard Hasen.

“AMI y Pecker no han sido acusados, pero podrían serlo”, dijo. Si bien se podría argumentar que pagar a una fuente por su silencio es algo común en el periodismo amarillo, el acuerdo de Cohen con la fiscalía no da demasiado peso a esa teoría, acotó.

El caso Cohen describió una estrategia de los tabloides llamada “catch and kill” (atrapar y matar), que consiste en pagar derechos de exclusividad de una nota periodística para no publicarla ni permitir su difusión por otros medios.

McDougal, la modelo de Playboy, acordó recibir 150.000 dólares a cambio de su historia sobre un presunto amorío en 2006 y 2007, dijeron los fiscales. Daniels, cuyo verdadero nombre es Stephanie Clifford, negoció un pago de 130.000 dólares a través de Cohen por su relato. Tanto el relato de McDougal como el de Daniels fueron debidamente enterrados hasta después de la campaña.

Cuando se demoraron las negociaciones con Clifford poco antes de la elección, el abogado de la actriz dijo al Enquirer que estaba negociando un acuerdo con otro medio. Un editor del tabloide dijo en un mensaje de texto a Cohen que convenía hacer algo, “o podría resultar muy mal para todos”, según documentos judiciales.

Se llegó rápidamente a un acuerdo y Cohen aceptó efectuar el pago.

En la corte, Cohen dijo el martes que había aceptado realizar los tratos con Pecker “en coordinación con y por orden de un candidato a un puesto federal”, en evidente referencia a Trump.

AMI no respondió a los pedidos de declaraciones.

Las acusaciones conducen al interrogante: ¿se puede considerar una empresa periodística al Enquirer, y de hecho a American Media en su conjunto, en la medida en que la gente conoce sus actividades políticas?

Últimamente, AMI ha desarrollado una estrategia enérgica para apoderarse de una gran parte del mercado de las publicaciones sobre la farándula. Además de los tabloides Enquirer, Star y Globe, es propietaria de Us Weekly, In Touch y Life & Style.

“Me parece que los de AMI se están retorciendo”, dijo el miércoles Jerry George, un exeditor del Enquirer. “Han logrado acorralarse a sí mismos”.

A pesar de su fama por publicar historias fantasiosas, el Enquirer tiene cierta trayectoria de periodismo político agresivo: sus notas sobre John Edwards y Gary Hart ayudaron a enterrar las aspiraciones presidenciales de ambos.

Su disposición a violar las normas periodísticas e incluso la ley en beneficio de Trump mancha esa reputación, dijo George.

Si bien un jugoso escándalo político en el que están implicados una estrella porno, el pago de sobornos y el presidente de Estados Unidos parece una noticia hecha a medida para los tabloides, el Enquirer nunca la mencionó. Su página web el miércoles estaba dedicada a la farándula: antiguas peleas en el plató de la vieja comedia televisiva “Golden Girls” y las riñas entre Brad Pitt y Angelina Jolie.

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Horwitz informó desde Washington DC

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