CARACAS (AP) — Todas las semanas, Héctor Madera lleva su batalla por la revolución socialista de Venezuela a las ondas radiales en una pequeña emisora de Caracas, incluso cuando su país se derrumba a su alrededor.

Las canciones de salsa inundan el estudio ubicado en el modesto vecindario de San Agustín mientras Madera se acerca al micrófono para iniciar su programa de dos horas. Agresores imperialistas de Estados Unidos están librando una guerra económica contra este país, dice a sus leales oyentes.

"La amenaza de Venezuela es que está poniendo en primer plano al ciudadano”, insiste Madera, quien destaca la entrega de viviendas a más de un millón de familias por parte del gobierno venezolano.

Sin embargo, a pesar de sus fervientes partidarios, la revolución chavista _ que toma su nombre del fallecido presidente Hugo Chávez _ está siendo puesta a prueba como nunca antes en sus casi dos décadas en el poder.

Aunque las encuestas dicen que la mayoría de la población cree que el presidente, Nicolás Maduro, logrará revalidar su mandato sin problemas en las elecciones del domingo, tendrá que esforzarse para convencer a muchos venezolanos y gobiernos extranjeros de que la votación fue justa. Las autoridades impidieron que sus principales rivales estén en la boleta.

Los principales partidos de la oposición están boicoteando la cita, por lo que el máximo rival de Maduro en las urnas será Henri Falcón, que en su día fue un seguidor de Chávez y de quien muchos sospechan que está del lado del gobierno y que no se le permitiría tomar posesión del cargo si logra el modo de derrotar al dirigente.

Y la economía venezolana ha minado más aún el estado de ánimo de los votantes.

Los años de mala gestión han erosionado la que en su día fue una robusta industria petrolera, que es la principal fuente de ingresos del país. En la actualidad, el país produce menos que hace 70 años y la presión de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos está asfixiando a un gobierno falto de efectivo que tiene problemas para alimentar a su gente.

San Agustín ha sido un feudo para Maduro. En las pasadas elecciones, celebradas poco después de la muerte de Chávez a consecuencia de un cáncer, ganó el vecindario por 20 puntos. Pero desde entonces, su bloque de apoyos registró un flujo constante de deserciones.

Uno de los que abandonó el bando gubernamental es Emilio Mujica. El empresario de 66 años, propietario de un negocio de distribución de alimentos, respaldó fielmente a Chávez y después a Maduro. Esta vez, sin embargo, votará a Falcón, quien redujo la ventaja del oficialismo con la promesa de dolarizar una economía golpeada por una inflación anual estimada del 14.000%.

"Esto es una tragedia”, dijo Mujica haciendo un gesto hacia una calle de San Agustín desde un pequeño café, rodeado de amigos. “Toda crisis tiene una solución”.

Las señales de la decadencia están por todas partes en San Agustín.

La basura que se amontona en las calles no se recolecta, generando enjambres de moscas y arrojando un hedor acre. El agua sale de forma impredecible de los grifos de las casas.

La desesperación se hace evidente en el café, donde la gente pasa junto a la mesa de Mujica para dirigirse al mostrador y preguntar por el precio de las empanadas o de la sopa, que son modestos. Se paran y dan la vuelta, incapaces de permitirse comprar nada, y algunos piden ayuda a los clientes en su camino de regreso a la calle.

Mujica califica a Donald Trump de vergonzoso líder de una superpotencia mundial, pero dice que los venezolanos están pagando el liderazgo fallido de Maduro.

"Chávez representaba un cambio pero murió", dijo Mujica, quien sigue confiando en que el sistema electoral corregirá la crisis de su país.

Otros residentes más escépticos dicen que la vasta maquinaria del gobierno ha amañado la votación, asegurando la permanencia de Maduro en el poder con la comida como arma política y con amenazas directas.

En sus actos de campaña diarios, emitidos por la televisora estatal, Maduro tienta a los votantes con un “premio” para quienes acudan a los centros electorales con su "carnet de la patria”, un documento concedido por el partido socialista a más de 16 millones de simpatizantes del gobierno. El presidente dice que está estimulando la participación, pero los críticos califican el anuncio de soborno masivo.

Los opositores también apuntan a la retórica, que dicen que es otro intento de intimidar a los votantes, como cuando el dirigente dijo en un mítin reciente: "Si un día se instala un gobierno que intente entregar las riquezas de nuestro país, yo seré el primero en tomar un rifle en nombre de la revolución armada”.

En la barriada de San Agustín, la gente dijo haber visto “puntos rojos" junto a los centros de votación en los comicios municipales del año pasado en los que activistas proMaduro revisaban las credenciales de los votantes. Otros temen quedarse sin alimentos subvencionados o empleos gubernamentales si sus boletas se pierden.

Un recordatorio aún más amenazante del poder del gobierno descansa en lo alto de la colina del vecindario: el edificio Helicoide, con forma de hélice, que alberga la sede de la temida policía de inteligencia, donde están encarcelados docenas de los principales opositores de Maduro.

"La verdad es que en Venezuela la revolución es una pesadilla", dijo Luis Sosa, un carpintero de 36 años, en un ruidoso taller callejero mientras pinta la madera de un sofá con un espray rosa brillante. "En unas elecciones limpias, el gobierno perdería”.

Un vecino de 20 años, que pidió no ser identificado por temor a represalias, dijo que el año pasado recibió llamadas de teléfono amenazantes tras retirar carteles progubernamentales fuera de su casa y publicar mensajes en Facebook respaldando a la oposición. Sospecha que las amenazas procedían de un "colectivo", grupos progubernamentales frecuentemente armados que se mueven en motos y que patrullan por las noches sembrando el miedo entre los residentes.

Otros defienden ferozmente a Maduro pese a los desafíos obvios.

Señalan a un teatro de la década de 1940 que ahora es la joya de la comunidad luego de la reforma acometida por las autoridades. También hay programas sanitarios y educativos del gobierno. Las viviendas de bloques de concreto levantadas sobre la colina están pintadas de colores brillantes gracias a un programa del ejecutivo para adecentar los vecindarios pobres.

Un teleférico instalado por el gobierno lleva a los residentes colina arriba. Los fines de semana, los padres llenan las gradas de la principal plaza de San Agustín para animar a los jóvenes que juegan en la liga de basquetbol del barrio con los nuevos uniformes proporcionadas por las autoridades.

Sin embargo, el exministro de Comercio Moisés Naim apuntó que las páginas de los libros de historia están llenas de gente que se aferró a ideas muertas. Naim, que creó una miniserie para televisión muy crítica con Chávez que fue vetada en Venezuela, lo llama "necrofilia política".

Una de las políticas más perjudiciales de Chávez fue tomar el control de grandes sectores de la economía, expulsando de ellos a las empresas privadas, agregó.

"Pruebas el azúcar y te da un subidón durante un tiempo, pero no es algo nutritivo. Esto es lo que sucedió con el chavismo”, dijo.

Madera, el conductor de radio de 63 años, sale a la calle desde el estudio y le recuerda a la gente el sueño revolucionario lanzado por Chávez. Lleva su mensaje puerta a puerta, con un gran megáfono colgado al hombro.

Está convencido de que el domingo 10 millones de revolucionarios acudirán a las urnas para respaldar a Maduro en una votación honesta y justa. No están votando al hombre, señala, sino a la encarnación de los ideales de Chávez presentando batalla para liberar a Venezuela de las garras del capitalismo.

“Sí hay problemas profundos. Pero es por esos problemas profundos por lo que nos planteamos la revolución”, manifestó Madera, añadiendo que tras una generación en el poder, el chavismo forma parte del tejido social venezolano. “¿Cómo tú vas a dudar si tu mamá es tu mamá, si tú la has visto toda la vida? ¿Cómo tú vas a dudar si el aire es aire si es lo que tu respiras“.

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El periodista de The Associated Press Scott Smith está en Twitter en: https://twitter.com/ScottSmithAP