CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Los padres y los herederos de un conglomerado mexicano con las manías, costumbres y privilegios de la clase alta en un país afectado por el narco y con una clase política muy cuestionable son el punto de partida de la más reciente novela de Gisela Leal.

Leal, quien a su vez proviene de una familia afluente del norte del país, presenta al emprendedor Renato Rivera del Pozo, a su madre María Helena, a su padre Leonardo y a su hermano Emiliano, quien está en Nueva York al borde del suicidio, en “Oda a la soledad y a todo aquello que pudimos ser y no fuimos porque así somos”.

La autora hizo el experimento de diseccionar a esta familia en su presente y pasado y dijo que tomó a los Rivera del Pozo como una suerte de personaje principal colectivo. En el libro destacan las notas al pie que complementan la narración.

“Fue lo único que me dejé para detener la presencia del narrador y de todos esos puntos de vista”, dijo a The Associated Press. “Sin embargo, si el lector decide ahorrárselas, perfectamente puede continuar con la historia sin necesidad del perderse. Ya depende del compromiso del lector”.

Como en sus novelas anteriores hay personajes jóvenes, redes sociales y guiños a la cultura popular actual “muy cliché de los millennials”, dice, los cuales hacen pensar que la historia podría estar pasando hoy aunque su “presente” se sitúa en 2014. En “Oda a la soledad” existe todo un mundo de lujos y comodidades para los Rivera del Pozo pero también una observación de la situación política y de violencia en México, que ha vivido sus peores años en la última década.

“Mi familia estaba viviendo situaciones de violencia y delincuencia, mi familia y todo el pueblo en ese caso, y todo mundo”, dijo Leal sobre aquello que tenía en mente al escribir la novela. La autora es originaria del norteño estado de Nuevo León.

“Mentalmente era muy reciente para mí el tema de la guerra contra el narco y ver todas las familias que fueron destrozadas por eso ya sea porque sus hijos se involucraron en el crimen organizado así como las personas que son víctimas de la violencia... lo que me parecía interesante es este efecto contado a partir de un núcleo familiar, de lo más íntimo de una familia”.

Leal ha escrito tres novelas de no menos de 350 páginas, pero todavía siente que “le falta” para ser considerada una escritora.

La literatura es una actividad periférica, dice la autora de 30 años, quien también trabaja en estrategias de marca para el diario El País y en otros proyectos de conceptualización de productos. Sin embargo, disfruta el hecho de tener en la escritura un canal en el que puede entrar a un entorno menos restringido que su trabajo cotidiano.

En “Oda a la soledad”, Leal muestra continuidad en su estilo con elemento gráficos (tablas, diferentes tipografías, incluso formato de guion literario), un narrador inquisitivo y digresiones.

“Espero cambiarlo, espero ir cambiando poco a poco conforme vaya avanzando en las obras porque me gustaría explorar diferentes voces”, dijo en una entrevista rodeada de maletas a punto de partir a Europa. “Lo intenté con esto (“Oda a la soledad”) al tratar de ser más limpia con la forma un poco más tradicional y más lineal”.

Aunque no se termine de aceptar como autora, Leal dejó en claro que planea seguir haciéndolo: “espero que para la próxima (novela) también sea una voz distinta”.