NUEVA YORK (AP) — Alyssa Milano estaba en su cama con sus dos hijos cuando vio un post de una amiga de una amiga en Facebook que planteaba que las denuncias en contra de Harvey Weinstein representaban una buena oportunidad de abordar en profundidad el tema de las violaciones y los abusos de poder. Decidió entonces publicar un tuit que decía: “Si has sido víctima de acoso o agresión sexual, escribe ‘yo también’ en respuesta a este tuit”.

Eso fue el domingo por la noche. En la noche del lunes más de 53.000 personas habían hecho comentarios y miles de mujeres habían declarado “yo también”, contando las violaciones y abusos sexuales de que habían sido víctimas, algunas de ellas por primera vez.

El hashtag fue tuiteado casi medio millón de veces en 24 horas, según Twitter. Algunas mujeres simplemente escribieron “yo también” y hubo incluso hombres que escribieron “yo lo hice”, confesando el remordimiento que los abruma por alguna transgresión del pasado.

Milano dijo que la idea era llevar la conversación sobre Weinstein a otro nivel, poniendo el énfasis en las víctimas de los abusos sexuales y no en los victimarios, y dando una idea de la cantidad de mujeres que hay que siguen siendo victimizadas. Weinstein es un productor de cine que ha sido acusado por más de tres docenas de mujeres de acoso o abuso sexual.

“Mi esperanza es que le gente se haga una idea de la magnitud (del problema, de cuanta gente hay que ha sido afectada” por estos abusos, señaló Milano en una entrevista telefónica con la Associated Press el lunes. “Lo más importante es que se cambió la conversación para enfocarla en las víctimas, no en el depredador”.

Lauren Taylor espera que la iniciativa de “yo también” sea algo más que un hashtag pasajero. Ella fue una de las mujeres que compartió su historia.

Contó que durante su infancia y adolescencia en Washington era hostigada a diario en la calle por hombres que le gritaban cosas desde sus autos o muchachos que la perseguían cuando montaba su bicicleta. Firme defensora de la causa de las mujeres, Taylor, quien hoy tiene 60 años, fundó hace dos décadas una organización llamada Defend Yourself (Defiéndete), que enseñaba a las mujeres a contrarrestar todo tipo de ataque físico o sicológico.

“Esto de ‘yo también’ ha tenido una efecto transformador probablemente más complejo de lo que la gente pensó al comienzo”, expresó Taylor. “Las mujeres están revelando que fueron acosadas, atacadas o víctimas de abusos, a veces por primera vez, al menos en público. La cantidad (de respuestas) es increíble”.

Aly Tadros, de 30 años y residente en Nueva York, reveló que fue violada cuando tenía 19 años, por el propietario de un bar de Laredo, donde vivía. El individuo tenía dinero y conexiones. Si bien fue directamente a un hospital e hizo una denuncia formal a la policía, el hombre terminó llegando a un acuerdo extrajudicial con los fiscales por el cual solo tuvo que someterse a una terapia y escribir una carta ofreciendo disculpas para quedar en libertad bajo palabra.

Tadros, cantante y compositora, dice que fue afortunada en el sentido de que contó con una organización que la ayudó a lidiar con el proceso legal y pudo costear los gastos de abogados. Pero prefirió no hablar demasiado del episodio por temor al estigma que podía generarle.

“La mayoría de las sobrevivientes no radican cargos y eso lo entiendo perfectamente. Quienes sí lo hacen, rara vez van más allá de un jurado investigador”, manifestó Tadros.

Marya Jansen-Gruber, editora de libros de 47 años de Ashland, Oregón, que se sumó al movimiento de “yo también”, dice que había hablado de su experiencia en el pasado, pero nunca en público.

“Hablo por el clima político que hay. Ahora más que nunca la gente de todo el mundo, sobre todo los hombres, necesitan ver con lo que tenemos que lidiar las mujeres. Que hay un problema que no puede ser ignorado u ocultado”, declaró. “Las cosas no han cambiado mucho para las mujeres”.

Martha Armstrong, de 69 años, de Wilmington, Carolina del Norte, comentó por primera vez en las redes sociales la experiencia que vivió hace cinco décadas.

“Me violó un extraño cuando tenía 20 años, trabajaba y estudiaba en Atlanta”, expresó. “Fue hace casi 49 años y por entonces se decía ‘no se lo digas a nadie’. Pero yo sí lo hice. Hice una denuncia ante la policía. Además de violarme, el hombre me robó la licencia de conducir, mi identificación estudiantil y el efectivo que tenía. Esto sucedió un domingo. El lunes siguiente me llamó dos veces a mi trabajo y me enloquecí. No fui a trabajar por una semana y al mes mi jefe me despidió porque estaba ‘demasiado nerviosa y alterada’. Además de que no quería dormir con él”.

Armstrong dijo que buena parte de la frustración que sienten las mujeres gira en torno a lo poco que se ha avanzado en este terreno, a juzgar por las historias de las muchachas más jóvenes.

Contó que cuando hizo la denuncia, lo primero que le preguntó la policía fue, “¿cómo estabas vestida?”.

Milano dijo que ella vivió una experiencia tipo “yo también”, pero que no quiere hablar de ella para no desviar la atención.

“Lo que está pasando aquí le da a las mujeres la oportunidad de dar la cara sin tener que entrar en detalles si no quieren”, indicó. “Lloro al ver que minuto a minuto llegan más respuestas”.