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Cartas de Harper Lee ofrecen su visión del mundo

April 2, 2018

Harper Lee autora del clásico "Matar un ruiseñor", sonríe durante una ceremonia en honor a los cuatro nuevos integrantes de la Academia de Honor de Alabama en el Capitolio en Montgomery, Alabama en una fotografía de arcvhivo del 20 de agosto de 2007. Harper Lee comparte su visión privada del mundo en seis cartas donadas a la Univerisidad Emory publicadas el lunes 2 de abril de 2018. En ella la autora lamenta los valores conservadores de su nativa Monroeville, Alabama, y añora regresar a Nueva York. También reflejan su gran compasión por su padre, A.C. Lee, en quien se basó para crear al abogado ficticio Atticus Finch. Las cartas fueron escritas a mediados de la década de 1950 y comienzos de los años 60. (Foto AP/Rob Carr, Archivo)

NUEVA YORK (AP) — Casi al mismo tiempo que “Matar un ruiseñor” convirtió a Harper Lee en una popular autora galardonada con el Premio Pulitzer, ella seguía luchando por la libertad creativa.

“Debo decir que cada vez es más más difícil que los artículos de revistas estén escritos de una manera diferente a como el editor de la revista parado detrás de tu hombro te dice que debería ser escrito. Ya sabes lo bien que me va eso”, escribió la autora originaria de Monroeville, Alabama, a su amigo de Nueva York, Harold Caufield (a quien se refería cariñosamente como “Querido Aitch”). La carta de 1961, el año en el que fue publicado su libro, contaba como Esquire le rechazó una pieza que le habían pedido escribir.

“No iba acorde a su imagen (o la imagen que quieren proyectar) sobre el sur. Mi pastiche incluía algunas personas blancas que son segregacionistas y al mismo tiempo aborrecían y odiaban al K.K.K., era una imposibilidad axiomática”.

La carta de Lee es una de las seis donadas a la Universidad Emory de un coleccionista de libros de California que fueron publicadas el lunes. La correspondencia escrita en máquina de escribir data de mediados de la década de 1950, cuando comenzó a escribir “Ve y pon un centinela”, la precursora de “Matar un ruiseñor”, que inesperadamente fue publicada en 2015, y se extienden hasta principios de la década de 1960 con la publicación de su primera novela.

Abarcan de todo, de política y literatura a religión y citas. También describen los cuidados que le daba a su padre enfermo, Amasa Coleman (A.C) Lee, el abogado, y editor dueño de un periódico en el que se basó para crear uno de los personajes más famosos de la literatura estadounidense, Atticus Finch.

“Esta correspondencia de Harper Lee nos da una visión maravillosa sobre su vida durante los años críticos cuando escribió lo que serían sus dos únicas novelas”, dijo en un comunicado Joseph Crespino, profesor en Emory y autor del libro próximo a publicarse “Atticus Finch: The Biography”. “Nos dan una ventana a su vida y su punto de vista durante un periodo de cambios tumultuosos en la vida política del sur del país”.

Lee murió en 2016 a los 89 años. Como escribe Crespino en su libro, ella veneraba y se rebelaba al mismo tiempo contra su padre, cuya imagen sagrada de “Matar un ruiseñor” y la interpretación de Gregory Peck en adaptación cinematográfica de 1962, quedó trastocada por el retrato de Atticus como un reaccionario necio en “Ve y pon un centinela”. Harper Lee había discutido con su padre sobre el surgimiento del movimiento por los derechos civiles, pero se mantuvo cercana a él. A mediados de la década de 1950, incluso se mudó de Nueva York a Monroeville después de que A.C. Lee enfermó.

“Papá está sentado junto a mí en la mesa de la cocina, completamente vestido y comiendo su merienda de las cuatro de la tarde. Entra a la casa con un bastón”, le escribe a su “Queridísimo H” en 1956. “Mientras pienso en algo que decirte me encuentro viendo su atractiva cara vieja y de pronto me entró una ola de pánico, creo que es un eco del miedo y la desolación que me abrumaron cuando él estaba casi muerto. Han pasado años desde que vivía con él diario y estos meses con él han fortalecido mi apego a él, si es posible. Si le va bien todos los días como lo ha hecho este día, no pasara mucho tiempo antes de que regrese a ti”.

En otra carta de 1956, escribe su asombro al notar que es capaz de ayudar a su padre.

“Cariño, creo que todos de alguna manera respondemos en los momentos difíciles: He hecho más cosas para él que lo que hubiera remotamente pensado que haría por cualquier persona”, escribió. “Pero supongo que hay verdad en el adagio que dice que no te importa cuando son tuyos. Definitivamente a mí no: Te darás cuenta que tu Nelle Harper es un individuo mucho menos remilgoso. Pero lo único a lo que creo que no me acostumbraré si llego a tener 100 años es a las agujas. Lo alimentaron a través de sus venas por 10 días después de que se enfermó y yo sentía nauseas cada vez que lo veía conectado a esa cosa”.

Lee evitó a los medios de comunicación gran parte de su vida, pero en privado solía expresarse muy bien. En sus cartas es sincera e irreverente al burlarse de la religión y de Elvis Presley, además de estar muy consciente de estar apartada de la comunidad de donde proviene. En una carta fechada en “domingo” expresa frustración por no poder trabajar en sus libros en Monroeville, y añora regresar a Nueva York, donde tiene “una silla, una mesa, una máquina de escribir y nada de gente”.

En una de sus cartas de 1956 cuenta que ha despertado el interés romántico de un ministro presbiteriano, pero agrega que no es algo que le llame la atención.

“Además la teología presbiteriana se trata del dogma protestante más sombrío que conozco y no confío en mí como para quedarme con la boca cerrada: Si me siento conmovida como para expresarme, acto seguido todos en Monroeville se enterarán que soy miembro de la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color), ni dios lo mande”, escribió. “De cualquier manera ya sospechan que eso es un hecho, porque dije algunas cosas fuertes a uno de nuestros buenos correligionarios metodistas sobre mi punto de vista acerca del cine, el baile, la comida, etc. En resumidas cuentas, TODO menos religión, en una iglesia metodista. También le dije que sería bueno si los metodistas se separaran de nuevo, lo cual me molesta mucho”.

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