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La abstención podría afectar a la gobernabilidad en Brasil

August 21, 2018
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En esta imagen, tomada el 20 de agosto de 2018, un grupo de personas cruza la calle en una terminal de autobuses en Brasilia, Brasil. Se espera que una cifra récord de brasileños se abstenga en las elecciones de octubre, lo que podría hacer que quienquiera que gane tenga problemas para gobernar la nación más poblada de Latinoamérica. (AP Foto/Eraldo Peres)

SAO PAULO (AP) — El abogado Carlos Gomes es un adicto a la política que hizo en campaña en favor de aspirantes a puestos nacionales y locales cuando era un adolescente. Hace dos años, se mudó incluso a Sao Paulo para trabajar para un despacho que representa a varios candidatos.

Sin embargo, dice que no acudirá a votar en las elecciones generales de octubre.

“Esta vez, no puedo elegir”, informó Gomes, de 30 años. “Estos candidatos sin poco inspiradores o simplemente malos”.

Se espera que una cifra récord de brasileños tome la misma determinación, según encuentras y estudios, planteando la posibilidad de que quienquiera que gane tendrá problemas para gobernar la nación más poblada de Latinoamérica. Esto supone también que las confrontaciones políticas de los últimos años, que culminaron con el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff en 2016 y la ascensión del vicepresidente Michel Temer, quien se ha convertido en el líder más impopular de la historia del país, están lejos de terminar.

“Imagine un escenario con un presidente elegido por un tercio del electorado, enfrentándose a otro candidato que recibió casi tantos votos”, informó Carlos Melo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Insper de Sao Paulo. “El Congreso sabrá que un tercio no lo apoya y otro está en contra de él”.

Este dato de participación podría celebrarse en Estados Unidos, donde normalmente el vencedor suele acaparar la mitad de los votos del 50 o 60% del electorado, pero en Brasil podría traducirse en batallas políticas que podrían amenazar a la gobernabilidad del país.

Esto se debe en parte al hecho de que muchos brasileños siguen molestos por la caída de Rousseff, que fue vista más como un derrocamiento político que como un castigo por un delito. Además, el fragmentado sistema político del país, con más de 30 formaciones con representación parlamentaria, supone que los presidentes deban invertir buena parte de su capital político en la formación de coaliciones. En última instancia, un mandato débil lo haría más difícil.

Los brasileños llevan tiempo quejándose de sus líderes electos, en parte por el mayor escándalo de corrupción en la historia de la región. Lanzada en 2014, la llamada operación Autolavado _ una investigación sobre los sobornos pagados por empresas de construcción _ ha tumbado a muchos de los principales empresarios y políticos del país. Uno de ellos es el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien encabeza las encuentras para los comicios de octubre pese a estar cumpliendo una sentencia de 12 años por corrupción.

Es muy probable que las autoridades electorales no permitan la presencia de Lula en la boleta, que sería uno de los factores que podría desanimar a los votantes de su Partido de los Trabajadores. Antiguos partidarios de la formación perdieron la fe en ella ya que estaba en el poder cuando ocurrió gran parte de la corrupción.

“Voté por Dilma Rousseff hace cuatro años, pero tras su juicio político y con Lula (posiblemente) vetado, no tengo ganas de votar”, informó Thais Ramos, una especialista en telecomunicaciones. “No es que rechace totalmente a quien vaya a respaldar Lula más tarde, es que ahora no puedo confiar en nuestra democracia”.

Votar es obligatorio en Brasil, aunque la multa por no hacerlo _ el equivalente a cerca de un dólar _ tiene poco efecto sobre los que prefieren no molestarse.

En las elecciones generales de 2014, casi el 19% del electorado brasileño no acudió a votar y cerca de un 9% más dejó las boletas en blanco. El resultado final: Rousseff fue relegida por un estrecho margen, con el 38% de los votos del electorado potencial. La oposición comenzó a barajar entonces la posibilidad de un julio político, basándose en acusaciones que iban desde fraude electoral hasta violaciones de las normas de financiación de la campaña. Finalmente, fue derrocada por gestión ilegal del presupuesto federal, una acusación que sigue negando a día de hoy.

En este ciclo electoral, todo indica que el panorama será peor. Una encuesta de Ibope publicada el lunes determinó que el 29% de los brasileños no tenía intención de votar si se diera el escenario más probable en los comicios: que el exalcalde de Sao Paulo Fernando Haddad reemplace a Lula.

“Un elevado número de abstenciones no anularía la legitimidad de las elecciones desde un punto de vista legal”, manifestó Claudio Lamachia, presidente del Colegio de Abogados de Brasil. “Pero hace que nuestra representación sea menos legítima”.

Desde hace meses, políticos y autoridades electorales realizan llamados a acudir a las urnas, una retórica de búsqueda de votos que no suele verse hasta las semanas previas a las elecciones. Esta preocupación se agravó en junio, cuando el 50% de los votantes se abstuvo en unos comicios extraordinarios para elegir al gobernador del estado de Tocantins.

Una cifra elevada de abstenciones podría beneficiar al diputado Jair Bolsonaro, un excapitán del ejército que atrae tanto a seguidores entusiastas como a detractores. Su rival más cercana es la centrista Marina Silva, que perdió en las elecciones de 2010 y 2014.

En la encuesta de Ibope, que tiene un margen de error de más/menos 2 puntos porcentuales, Bolsonaro obtuvo un 20% de apoyo y Silva un 12% cuando Lula era excluido, con Haddad recibiendo apenas un 4%.

La pregunta es si Haddad puede finalmente recibir el apoyo de un gran porcentaje de los votantes de Lula si el expresidente es excluido y si comienza a hacer campaña explícitamente a favor del hombre que actualmente es su candidato a la vicepresidencia.

También en la competencia, aunque muy por detrás con menos del 10% de la intención de voto, están el izquierdista Ciro Gomes, que ocupó cargos en ejecutivos previos, y Geraldo Alckmin, un político de derecha que fungió como gobernador del estado de Sao Paulo. La encuesta se realizó entre el 17 y el 19 de agosto, con base en las respuestas de 2.002 personas.

El entusiasmo que despiertan los candidatos es tan bajo que los analistas dicen que los votos de rechazo podrían determinar quién es el vencedor. El candidato que despierta más condenas es Bolsonaro, que tiene un largo historial de comentarios racistas, sexistas y homófobos.

La encuesta de Ibope halló que Bolsonaro tenía un índice de desaprobación muy elevado. El 37% del electorado dijo que no votaría por Bolsonaro bajo ningún concepto, siete puntos porcentuales más que Lula. El siguiente en la lista fue Alckmin, que tiene fama de blando y fue rechazado por el 25% del electorado, según la consulta.

“Solo saldría de casa si es para bloquear a Bolsonaro. Podría votar en su contra, pero no votaré por ninguno de los candidatos”, informó Guilherme Prado, un conductor de Uber de 44 años que vive a las afueras de Sao Paulo. “Ninguno de estos candidatos me da la confianza de que Brasil vaya a ir mejor el próximo año”.

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