BRIDGEWATER, Nueva Jersey, EE.UU. (AP) — Hostigado por los cuestionamientos a su competencia y liderazgo moral por parte de republicanos influyentes, el presidente Donald Trump se atrincheró el viernes en el debate sobre los monumentos confederados y atacó con dureza a los miembros de su partido en una controversia más en las que está sumergido su gobierno.

Aunque se mantuvo fuera de la vista del público, Trump siguió tuiteando su defensa de los íconos del sur esclavista y deploró los intentos de retirarlos como una ataque a la "historia y cultura" de Estados Unidos. Regañó a los detractores que, en términos cada vez más fuertes, denunciaron su respuesta inicialmente lenta y luego combativa a la violencia racial en un acto supremacista blanco el fin de semana pasado en Charlottesville, Virginia.

En cambio, el jueves se apresuró a condenar la violencia en Barcelona, donde un hombre atropelló intencionalmente con una camioneta a peatones en una zona turística y mató al menos a 14 personas, en lo que fue calificado de acto terrorista.

Luego Trump agregó a su expresión de solidaridad una leyenda desacreditada acerca de un general estadounidense que para vencer a los rebeldes musulmanes en las Filipinas hace un siglo les disparaba con balas empapadas en sangre de cerdo.

"Estudien lo que el general Pershing de Estados Unidos hizo a los terroristas cuando los atrapó. ¡No hubo más Terror Radical Islámico por 35 años!"

Es evidente que la conducta imprevisible, retadora y, según los críticos, racialmente provocadora, de Trump empieza a fastidiar a sus aliados republicanos, además de trastornar a la madre de Heather Heyer, la joven muerta en Charlottesville.

La madre de Heyer, Susan Bro, dijo el viernes al programa "Good Morning America" de la cadena ABC que no recibió las primeras llamadas de la Casa Blanca, pero sostuvo que "ahora no hablaré" con el presidente después de la conferencia de prensa en la que Trump colocó en plano de igualdad la violencia de los supremacistas blancos con la de los que protestaban contra ellos.

En cuanto a su propio partido, el senador Bob Corker de Tennessee, posible integrante del gabinete, declaró el jueves que "el presidente no ha sido capaz de demostrar la estabilidad ni la competencia necesarias" para afrontar una crisis. El senador Tim Scott de Carolina del Sur dijo qie la "autoridad moral (de Trump) está en entredicho".

Como es su costumbre, Trump buscó desviar la atención, en este caso de los supremacistas blancos a los monumentos confederados.

"No se puede cambiar la historia, pero se puede aprender de ella", tuiteó. "Robert E. Lee. Stonewall Jackson, ¿quién es el próximo, Washington, Jefferson? Qué tontería".