YANGÓN, Myanmar (AP) — El papa Francisco insistió el martes en que el futuro de Myanmar depende del respeto a “todos los grupos étnicos”. Fue una muestra indirecta de apoyo a los musulmanes rohinya que durante décadas han sido víctimas de discriminación y, más recientemente, de una ofensiva militar.

El pontífice argentino no mencionó directamente la ofensiva, que fue calificada por Naciones Unidas de “limpieza étnica”, ni pronunció el polémico término “rohinya” en su discurso ante la líder civil de Myanmar, Aung San Suu Kyi, y otras autoridades en la capital, Naypyitaw. Sin embargo, lamentó que el pueblo de Myanmar haya sufrido “y siga sufriendo por conflictos civiles y hostilidades” e insistió en que todo el mundo que considere que el país es su patria merece que se garanticen sus derechos básicos.

Desde hace décadas, los musulmanes rohinya han enfrentado una discriminación respaldada por el estado. El país, de mayoría budista, no les concede la ciudadanía y se impide su acceso a servicios básicos como educación o sanidad. El ejército inició en agosto una ofensiva, llamada “operación de limpieza”, en el estado de Rakhine tras un ataque de insurgentes a puestos de la policía. La violencia, el saqueo y la quema de localidades han obligado a más de 620.000 rohinyas a huir a Bangladesh.

En el discurso más esperado de la gira papal de una semana por Myanmar y Bangladesh, Francisco mostró su apoyo a los esfuerzos de Suu Kyi para lograr la reconciliación entre los distintos grupos tras décadas de dictadura militar. E insistió en que las diferencias religiosas del país nunca deben ser causa de división o desconfianza.

“El futuro de Myanmar debe ser de paz, una paz basada en el resto a la dignidad y los derechos de todos los miembros de la sociedad, respeto a cada grupo étnico y su identidad, respeto al estado de derecho, y respeto al orden democrático que permite que cada individuo y cada grupo _ sin excepción _ ofrezcan su contribución legítima al bien común”, señaló el pontífice.

Las palabras del papa, que no empleó el polémico término “rohinya” y respaldó al gobierno de la premio Nobel de la Paz, decepcionaron a activistas de la minoría musulmana y a grupos de derechos humanos, que han criticado a Suu Kyi por lo que consideran una débil respuesta a la ofensiva militar. Los partidarios de la líder, entre los que se encuentra la iglesia católica, sostienen que tiene una autoridad limitada hacia el ejército y que necesita más tiempo para la reconciliación.

Muchos en Myanmar evitan el término "rohingya" porque la minoría étnica no está reconocida. La pregunta de si Francisco iba a pronunciar el nombre de la comunidad como muestra de solidaridad dominó los días previos al viaje.

"Pensábamos que el papa iba a mencionar el sufrimiento del pueblo rohinya, pero no utilizó ni la palabra y eso es totalmente inaceptable”, dijo Kyaw Naing, un rohinya de 53 años que vive en un campo a las afueras de Sittwe, en el estado de Rakhine. "Estamos muy tristes de que no se pueda siquiera revelar nuestra identidad”.

Phil Robertson, subdirector de la división de Asia de Human Rights Watch, espera que el pontífice pronuncie la palabra durante una misa el miércoles.

"El papa perdió una ocasión de reforzar sus mensajes previos que proclamaron el derecho de los rohinya a la autodeterminación y a utilizar el nombre que eligieron para su pueblo”, dijo. “Los rohinya ha sido despojados de muchas cosas, pero su nombre nunca debería ser una de ellas”.

Suu Kyi, por su parte, se refirió a la "situación en Rakhine" durante su discurso ante Francisco en el enorme centro de convenciones de Naypyitaw, la nueva capital de Myanmar. Empleó el conflicto como una oportunidad para dar las gracias a quienes respaldaron a su gobierno, que busca “gestionar problemas antiguos _ sociales, económicos y políticos _ que han erosionado la confianza y la comprensión, la armonía y la cooperación” en Rakhine.

El papa hizo hincapié en un mensaje de “unidad en la diversidad” en su reunión de 40 minutos con líderes budistas, hindúes, musulmanes, cristianos y judíos, a quienes dijo que deben trabajar juntos para reconstruir el país, explicó el portavoz del Vaticano, Greg Burke.