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FOTOGALERÍA AP: Juegos entre indígenas panameños

December 3, 2018
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Indígenas panameños participan en competencias de destreza física realizadas en honor a sus antepasados, el 26 de noviembre del 2018 en Piriati, Panamá. (AP Photo/Arnulfo Franco)

PIRIATI, Panamá (AP) — Algunos trajeron sus arcos y flechas para exhibir su puntería. Otros llegaron dispuestos a demostrar su fuerza, resistencia o habilidad al tirar de una gruesa soga o remar en una pequeña canoa de madera. En todos los casos, la danza, la música y el arte estuvieron presentes.

Durante dos días, más de un centenar de competidores de los principales grupos indígenas de Panamá -Guna, Emberá, Ngabé y Buglé- convergieron por segunda ocasión para celebrar sus juegos ancestrales nacionales, en los que no solo era importante buscar vencer al rival para pensar en una futura competencia internacional, sino lograr una convivencia e intercambio de costumbres entre las etnias participantes.

“El lema es convivir, participar y conocer diferentes culturas”, destacó el coordinador de los juegos, el guna Eduardo López, a The Associated Press. “Cada uno tiene que mostrar destreza, su tradición, su danza, su comportamiento”.

Estos juegos, celebrados en el poblado emberá de Piriati -unos 90 kilómetros al este de la capital- sirvieron para sacar la base de los atletas que representarían a Panamá en la tercera edición de los Juegos Mundiales de los Pueblos Indígenas, cuya organización y sede aún están por confirmarse, aunque se menciona a Nueva Zelanda y Colombia como posibles destinos para la versión 2019, según los coordinadores de los juegos panameños.

Panamá asistió sin hacer pruebas clasificatorias al primer Mundial de Brasil en 2015 tras invitación del país sudamericano y participó en el siguiente en Canadá en 2017, para el cual celebró sus primeros juegos ancestrales con el fin de seleccionar a sus deportistas.

Los competidores originarios panameños se destacaron pese al frío de Edmonton, Canadá, con un total de 17 medallas --entre oro, plata y bronce--, lo que superó las tres (oro, plata y bronce) conseguidas en Brasil.

La segunda versión de los juegos ancestrales, que se realizaron entre el 25 y 26 de noviembre, incluyeron nado y carrera de canoa --disputadas en el Lago Bayano--, cabo de fuerza o halar soga, lanza, tiro con arco, y otras disciplinas y deportes globales como el atletismo --con carreras de velocidad de 50 y 100 metros y de 10 kilómetros-- y fútbol dirimidas en Piriati. A excepción del tiro de lanza y tiro con arco, las demás competencias fueron en las ramas de varones y mujeres.

Los juegos comenzaron con la natación y el canotaje en el Lago Bayano, que sirve como una de las principales represas del país y en cuyos alrededores viven pobladores indígenas que lo utilizan, además de la pesca artesanal, para desplazarse en bote a motor de un lado a otro y para transportar mercancías. Para los competidores indígenas, el nadar y luego maniobrar en pequeñas canoas de madera resultó algo familiar.

“Desde chiquititos ya sabemos nadar, todos son movimientos naturales que hace uno”, explicó López, quien corrió los 10 kilómetros en Brasil y ahora es profesor de educación física.

Rigoberto Palacio, un ngabé de 32 años y oriundo de una aldea montañosa en la provincia caribeña de Bocas del Toro, compitió en tiro con arco, algo que practicó desde temprana edad en su poblado. Él, que llegó a las semifinales en el Mundial de Edmonton, Canadá, utilizaba el arco como arma para ahuyentar a animales grandes y feroces o sencillamente para matarlos, como las víboras venenosas. Como regla, el arco y la flecha son hechas por los mismos aldeanos.

Si esta actividad forma parte de su vida cotidiana, ¿por qué compite? “Rescatar, valorar y realzar las tradiciones cotidianas de mis ancestros”, dijo.

Palacio, que terminó en segundo lugar en su prueba, entró principalmente porque los juegos incluían la danza, lo cultural. Él, vestido con atuendo indígena, encabezó la demostración dancística de su grupo la noche de la inauguración, en que también exhibieron sus bailes y danzas los emberás y buglés. En ese acto y al ritmo de los tambores y la flauta de un grupo emberá, miembros de las diferentes etnias bailaron juntos, y los anfitriones emberás participaron de las largas danzas de los ngabés y buglés.

Hubo, a su vez, una muestra de protesta de los indígenas por lo que consideran la ancestral exterminación de sus pueblos, así como la vieja discriminación y abandono de los gobernantes. “¡Viva la resistencia indígena!”, gritaron en coro tras hacer un círculo al final del acto inaugural.

Para los indígenas que asistieron a Piriati a respaldar los juegos, se trató de un momento importante de coexistencia. Mujeres y hombres ngabés visitaron durante las competencias las casas de techo de paja o zinc y piso de madera de familias emberás para pintarse diseños de la etnia con tinta oscura de una fruta montañosa en brazos y caras.

“Lo que viví fue muy hermoso, la alegría de la competencia, compartir entre los ngabés, los gunas, emberás; muy poco se hace”, dijo la emberá Roxzana Caraquito. “En el día de hoy todos pudimos compartir como hermanos”, subrayó.

Uno de los duelos que generaron mayor algarabía fue el de Jalar la gruesa soga de hilo en medio de un campo donde se jugó el fútbol y se disputaron otras pruebas. En cada cabo o tramo final de la soga apretaban un grupo de ocho competidores que tiraban con fuerza para atraer al adversario y vencerlos en una demostración de fuerza y resistencia.

Mujeres gunas con sus trajes adornados con los diseños de mola, las emberás con sus faldas de chillones colores catalogadas parumas, las ngabés y buglés con sus largos trajes bautizados como naguas halando la soga, dieron un toque colorido a la competencia.

La segunda versión bajó el telón con los competidores ngabés como los máximos ganadores, al sumar ocho primeros lugares, cuatro segundos y cuatro terceros, y les escoltaron los gunas (6-7-6) y emberás (3-5-4).

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