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Saxofonista boricua Edgar Abraham al Carnegie Hall

November 26, 2014

SAN JUAN, Puerto Rico (AP) — Le llaman virtuoso, genio, prodigio, superdotado. Pero el saxofonista puertorriqueño Edgar Abraham se describe como “un músico trabajador que tiene el compromiso de hacer buena música que llene el espíritu y la sensibilidad de la gente”.

Y a eso precisamente es que va el viernes al Carnegie Hall en Nueva York: a encenderlo con su ritmo único de jazz latino, aderezado con un toque singular de música clásica y salpicado con el sabor del tambor caribeño.

“Vamos al Carnegie Hall a hacer nuestra contribución patriótica musical con un trío de jazz latinoamericano. Todo lo que vamos a interpretar es música original, en un concierto acústico a modo de recital”, adelantó el también compositor y multiinstrumentalista en una entrevista con The Associated Press sobre el concierto “Edgar Abraham: Unique, A Musical Journey”.

La presentación, en la sala Weill Recital Hall del emblemático teatro, dará inicio a una nueva etapa de internacionalización de su música “para llevarla a otros rincones del mundo”, manifestó.

En el concierto, en el que estará acompañado por el percusionista Charlie Pizarro y el contrabajista Ariel Robles, el ganador de dos Grammy hará despliegue de su talento usando el saxofón que su padre, el violista clásico Edgard Marrero Cotté, le regaló cuando apenas tenía nueve años.

“Recuerdo como si hubiese sido ayer cuando él trajo ese saxofón a la casa. Yo abro el estuche y veo eso bien brilloso. Lo saco y lo empiezo a tocar y fue como anillo al dedo”, contó sobre el instrumento que tiene la misma digitación de la flauta, que él ya dominaba para ese entonces.

Edgar Abraham comenzó a tocar violín a los tres años edad, a los nueve a estudiar saxofón y a los 12 a componer. A los 14 debutó como solista con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y a los 16 estudió bajo la tutela del saxofonista Eugene Rousseau en el Indian Head Arts Center en Wisconsin.

Hoy, a los 33, es un poliglota musical que habla el lenguaje de 16 instrumentos de viento, cuerdas y percusión, y es capaz de ponerlos a conversar al mismo tempo. Como cuando compuso, grabó y arregló, en un solo día, los siete temas de su producción “Oleo y Sol”, para la cual tocó cada uno de los instrumentos.

Y con la misma fluidez puede moverse entre géneros, con un catálogo de más de 200 piezas que abarca desde composiciones sinfónicas y ritmos caribeños hasta improvisaciones de jazz de avanzada. Su música presenta influencias del flamenco y de la rumba africana.

Para él, la música es un instrumento para la educación, una herramienta para extender lazos de amistad y un vehículo para dialogar con las masas.

“La música es el arte más abstracto porque uno no lo puede ver. Uno puede ver la persona tocando, pero uno no puede ver las notas. Es abstracto, pero a la misma vez es el arte que sobrepasa el tiempo y el espacio”, expresó quien en 2009 y 2010 fue galardonado con premios Grammy por sus composiciones y arreglos para el dúo de música urbana Calle 13.

También ha grabado con músicos de jazz entre los que destacan Eddie Gómez, Dave Valentín, Richie Flores, Giovanni Hidalgo y Endel Dueño. Ha sido pianista de Jerry González, timbalero de los Gypsy Kings, baterista de Shakira y saxofonista de El Gran Combo de Puerto Rico, Stomp, Alex Acuña y Néstor Torres.

Un instrumento que no domina: la voz.

“Me gustaría cantar”, admite. “A través de los sonidos uno puede hacer muchas cosas, pero a través de la voz uno puede tocar a la gente de otra forma. La palabra es mágica, la palabra es la palabra”.

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En Internet:

http://www.edgarabraham.com/

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