PORT ARTHUR, Texas, EE.UU. (AP) — La iglesia estaba vacía, excepto por el piano, que era demasiado pesado como para que una sola persona lo pudiese mover. Habían pasado 21 días desde la tormenta más grande que jamás vio Wayne Christopher dejara caer una cantidad de agua similar a la que llueve a lo largo de todo un año en esta localidad, inundando esta iglesia a la que asistió toda su vida.

Colocó los últimos bancos inutilizados en la acera, junto a himnarios, molduras y paneles de yeso que eran parte de un mural sobre el Arca de Noé y que también fueron destruidos por el agua. Observando la pila de escombros, este cristiano evangélico, republicano conservador, pensó en las causas de esta destrucción y en la posibilidad de que las acciones del hombre puedan haber agravado este fenómeno de la naturaleza.

“Pienso que el Señor nos puso a cargo de su creación, y que cuando contaminamos como lo hacemos, y destruimos la Tierra, eso acarrea consecuencias”, expresó. “Tal vez no lo sintamos de inmediato, pero lo vamos a sentir”.

El condado de Jefferson, en Texas, es una de las zonas costeras que puede resultar más afectadas por el derretimiento de la nieve de las montañas y por la crecida y el calentamiento de los océanos. Al mismo tiempo, su economía depende en buena medida de las refinerías de petróleo. En las elecciones generales de noviembre del año pasado, el electorado pareció apostar por las refinerías al apoyar a Donald Trump después de votar por años por los demócratas.

La llegada de Harvey, no obstante, los ha obligado a hacer frente a algunos de los problemas más complejos de la política estadounidense: ¿Qué papel desempeña el hombre en el calentamiento global y en el agravamiento de las tormentas como Harvey? ¿Y qué deben hacer los políticos al respecto?

“Es un círculo vicioso. ¿Quieres levantar la economía o salvar el mundo?”, comentó Christopher, quien, como la mayoría de los residentes de la zona, creía que el calentamiento global era algo real antes de la tormenta. Tras el paso de Harvey, piensa que la negativa de Trump a aceptar la opinión generalizada de la comunidad científica no es aceptable.

El cambio climático no produce huracanes, pero la mayoría de los científicos coinciden en que el calentamiento de las aguas y la crecida de los océanos le dan más fuerza a las tormentas que surgen naturalmente, agregando agua e intensidad.

Trump ha dicho que el cambio climático es un invento y su gobierno se ha esforzado por desmantelar políticas diseñadas para mitigar los daños. Ha eliminado numerosas regulaciones ambientales y anunció la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el clima.

Joe Evans se sintió culpable cuando veía caer el aguacero de Harvey. “¿Qué hemos estado haciendo con el planeta todos estos años?”, se preguntó.

Evans es un republicano que alguna vez se postuló sin éxito a un cargo público a nivel local. No le daba importancia al cambio climático y votó por Trump. Pero ahora se siente desilusionado con lo que describió como la “caja de resonancia conservadora” que no presta atención al calentamiento global ni intenta buscar formas de aplicar los principios conservadores al rescate de la Tierra y de su economía.

“No es que quiera movilizar gente y marchar por Washington”, expresó. “Pero me hizo pensar en el tema y decidir que ya no voy a seguir negando (el fenómeno). Ya no podemos seguir haciéndolo”.

Una nueva encuesta de la Associated Press y el Centro NORC para la Investigación de Asuntos de Interés Público indica que el 63% de los estadounidenses piensa que hay un cambio climático y que el gobierno debería hacer algo al respecto. Dos tercios de los consultados, por otro lado, no están de acuerdo con la forma en que Trump encara el tema. Katharine Hayhow, experta en el cambio climático de la Tech University de Texas, dijo que ya casi nadie niega el fenómeno, sino que tal vez se cuestionen las soluciones que implican una mayor regulación del gobierno.

John Sterman, profesor de la Sloan School of Management de MIT, afirmó que la lucha contra el calentamiento global generará una pérdida gradual de puestos de trabajo en la industria de los combustibles fósiles. Pero ya otras comunidades se quedaron sin una industria importante en el pasado y las que lograron diversificar su economía prosperaron. Indicó que el condado de Jefferson podría enfocarse en la energía renovable, por ejemplo. Texas produce más energía eólica que ningún otro estado.

Entre las personas que lo perdieron todo por el paso de Harvey sigue habiendo gente que mantiene su apoyo a la visión de Trump en relación con el medio ambiente.

Wilton Johnson duda que los humanos sean capaces de aumentar la intensidad de las tormentas.

“Tenemos que ser responsables con la Tierra, pero al mismo tiempo no debemos sacrificar nuestras libertades financieras”, sostuvo. “Sencillamente creo que por un par de tormentas digamos ‘¡estamos arruinando la Tierra! ¡Cierren las plantas!’”.

Siempre ha habido tormentas en esta región y siempre ha hecho calor. Wayne Christopher recuerda que freía huevos en el pavimento de niño. Pero las temperaturas promedio hay subido dos grados desde entonces, de acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, y el promedio anual de lluvias aumentó casi 18 centímetros (siete pulgadas).

“El mar sigue creciendo, la tierra desaparece, se erosiona o como sea que se le llame. Está sucediendo”, dijo Christopher, un jubilado de 66 años que trabajó en la red de ferrocarriles.

Quiere que el presidente que ayudó a llegar a la Casa Blanca se tome con seriedad la amenaza del calentamiento global, aunque no le exige que mantenga a Estados Unidos en el acuerdo de París ni en ningún otro pacto similar porque no le parece que el país se vea obligado a invertir en energía limpia mientras otros países que contaminan tal vez no lo hagan. Le preocupa la pérdida de empleos y tal vez de soberanía.

Durante semanas él y su familia han estado ayudando a limpiar los escombros y a reconstruir la iglesia bautista, que había dejado de pagar un seguro contra inundaciones hacía solo dos meses porque era demasiado costoso. La reconstrucción costará probablemente un millón de dólares y tal vez no tengan lugar por falta de medios.

Cuando una nieta de Christopher fue a ayudarlo y se puso a tocar el solitario piano, se sintió desconsolado.

“Pensaba que esta podía ser la última vez que se tocaba el piano en el auditorio”, comentó. “Me conmovió”.

Dijo que Trump tiene la responsabilidad de analizar la destrucción causada por Harvey y hacer algo.

“Me pregunto si cree que el calentamiento global es algo perjudicial”, señaló. “Puedes ganar mucho dinero aquí. Pero si no hay un mundo, de que te sirve el dinero?”.

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Seth Borenstein, Martha Irvine y Angeliki Kastanis colaboraron en este despacho.