KEDROVOYE, Rusia (AP) — Farkhanur Gavrilova quedó impactada hace una semana, cuando un conocido le llamó para decirle que su hijo había muerto en un ataque aéreo estadounidense, durante el primer enfrentamiento entre fuerzas de Estados Unidos y Rusia en el conflicto sirio.

El hijo de Gavrilova, Ruslan Gavrilov, de 37 años, fue uno de los siete hombres originarios de esta pequeña localidad rusa de 2.300 habitantes que se cree que se unió a la compañía militar privada Wagner. De acuerdo a reportes, el 7 de febrero, la compañía estuvo involucrada en un ataque contra combatientes kurdos respaldados por Estados Unidos en Siria, y sufrió fuertes pérdidas durante la contraofensiva estadounidense.

La mañana del 8 de febrero, Farkhanur Gavrilova dijo que un colega de su hijo la llamó para decirle que le habían informado que Ruslan había fallecido durante la ofensiva aérea del 7 de febrero.

“Lo hicieron pedazos”, dijo la mujer de 67 años en una entrevista realizada en su pequeño apartamento. “Si estuviera vivo — es un tipo valiente — habría intentado llamar”.

El ministerio del Exterior ruso reconoció por primera vez el jueves la muerte de cinco rusos durante el ataque estadounidense en Siria, y enfatizó que no estaban en servicio militar activo. Previamente, funcionarios de Estados Unidos y Rusia habían dicho que no contaban con información de bajas rusas durante el enfrentamiento.

Las fuerzas rusas respaldan al gobierno sirio en su lucha contra grupos opositores, algunos de los cuales cuentan con apoyo de Estados Unidos, y elementos de ambas partes combaten a los últimos vestigios del grupo Estado Islámico en Siria. Desde hace tiempo, Moscú y Washington han temido un enfrentamiento entre tropas de ambas naciones en Siria, e intentaron evitarlo manteniendo comunicación frecuente entre sus ejércitos.

Los expertos culpan del enfrentamiento del 7 de febrero a la falta de coordinación entre el ejército ruso y sus contratistas militares privados en Siria.

Además del ejército ruso, existen reportes de que miles de rusos han ingresado a combate en Siria como contratistas privados. Eso le permite al Kremlin mantener una baja cifra oficial de muertos durante su campaña militar en Siria, lo que ayudaría a evitar una publicidad negativa hacia el presidente Vladimir Putin, quien buscará la reelección en los comicios presidenciales del 18 de marzo.

Gavrilova dijo que intentó disuadir a su hijo, quien trabajaba remodelando apartamentos, de ir a Siria, pero él se vio atraído por la promesa de un buen salario.

“¿Por qué se fueron? Debido a la pobreza, para ganar dinero”, dijo Gavrilova.

Las leyes rusas prohíben la contratación de mercenarios o trabajar como tal.

Durante una visita en diciembre a una base militar rusa en Siria, Putin declaró la victoria en el país y ordenó un retiro parcial de tropas. Muchos políticos y analistas rusos han criticado desde hace tiempo al Kremlin por no reconocer la presencia de contratistas rusos en Siria.

Aparentemente, la principal misión de los contratistas rusos en Siria era ir tras los activos petroleros. El año pasado The Associated Press obtuvo la copia de un contrato entre una compañía rusa y el gobierno sirio que le otorgaría a los rusos el 25% de los ingresos de los campos petroleros que lograran capturar y retener.

A diferencia de muchos otros contratistas militares con experiencia de combate junto a separatistas respaldados por Rusia en Ucrania, el hijo de Gavrilova ni siquiera había hecho su servicio militar.

“Pensé que iba a ir a realizar pequeños trabajos”, dijo Gavrilova. “Ni siquiera se sometieron a exámenes médicos. Me llamó desde Krasnodar y me preguntó: ‘Mamá, ¿cuál es mi tipo de sangre?”.