PYEONGCHANG, Corea del Sur (AP) — El skicross se ideó bajo una premisa simple: Hay que esquiar con la mayor velocidad y durante el mayor tiempo que permita el instinto de autoprotección, y esperar que todo salga bien al final, entendiendo que muchas veces sale mal.

Esa mentalidad sólo le bastó a Brady Leman para un cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de Sochi hace cuatro años. Y el canadiense temió que el final tampoco fuera feliz el miércoles, en el Parque Nevado Fénix.

Así que, en medio del peligroso trayecto, del que varios rivales salieron con destino al hospital luego de caídas escalofriantes, Leman hizo algo que no suele realizar. Aminoró la velocidad, privilegiando el control.

La decisión le redituó el oro en Pyeongchang.

Leman sobrevivió a la parte intermedia del recorrido y venció al suizo Marc Bischofberger en la final del miércoles, para reivindicarse luego del traspié de Sochi, donde permitió que Francia acaparara las tres preseas.

No esta vez, gracias a la determinación que tomó Leman.

“Esto va totalmente en contra de lo que indica la intuición de un esquiador”, dijo Leman “Uno simplemente trata de acelerar en todos lados, pero aquí no se podía, y es malo que hayan ocurrido tantos accidentes”.

El skicross es como una carrera de la NASCAR sobre nieve y en la ladera de una montaña. Los competidores corren uno al lado del otro, saltando y sorteando las irregularidades del terreno a velocidades de incluso 64 kilómetros (40 millas) por hora.

Bischofberger se quedó con la plata, mientras que el bronce fue para Sergey Ridzik, deportista olímpico de Rusia.