CIUDAD DEL VATICANO (AP) — Los defensores de la antigua misa latina están arribando a Roma para su peregrinación anual, en medio de la indiferencia, si no la franca resistencia a su causa, del papa Francisco.

Diez años después de que el papa Benedicto XVI permitió un mayor uso de la misa latina anterior al Concilio Vaticano II, Francisco aparentemente hace todo lo posible por derogar ese permiso o simplemente hacer de cuenta que no existe.

Últimamente ha afirmado con “autoridad magisterial” que las reformas del concilio para permitir que la misa sea celebrada en lenguas vernáculas son “irreversibles”. También autorizó a las conferencias episcopales locales a supervisar las traducciones en lugar del Vaticano.

En más de un sentido, estas guerras en torno a la liturgia constituyen un microcosmos de las diferencias que enfrentan a los católicos tradicionalistas con Francisco.