SANTIAGO DE CHILE (AP) — El combate al narcotráfico se confirmó el lunes como uno de los temas clave en la campaña electoral en Chile, tras un debate entre los ocho candidatos que aspiran a suceder a la presidenta, Michelle Bachelet. En un programa televisado que se prolongó unas tres horas, los aspirantes ofrecieron pinceladas de sus programas de gobierno y evitaron en gran parte debatir entre sí.

El tema del narcotráfico en las barriadas más pobres está a flor de piel luego que hace algunas semanas salió a la luz pública la situación de barriadas pobres asoladas por grupos de narcos, que se enfrentan entre ellos sin importarles las bajas causadas por balas perdidas.

Todos los candidatos se comprometieron a modernizar los cuerpos de policía para combatir a los narcotraficantes.

Según todos los sondeos, el exmandatario de centroderecha Sebastián Piñera ganaría la primera vuelta del 19 de noviembre con un 44,4%, seguido del periodista oficialista Alejandro Guillier con un 19,7%. Sin embargo, al no obtener el 50 más uno de los votos válidos, deberían ir a la segunda vuelta del 12 de diciembre, que requiere mayoría simple para triunfar.

“Vamos a modernizar la policía y establecer coordinación obligatoria entre policías con fiscales y jueces para combatir con mayor eficacia el narcotráfico, el crimen organizado y la delincuencia”, afirmó Piñera, mientras Guillier señaló que “estamos proponiendo una cruzada nacional para combatir el narcotráfico”, afirmando que hasta ahora las estrategias han fracasado porque eran malas.

Uno de los candidatos, el mediático Marco Enríquez-Ominami, un exdiputado socialista que postula por tercera vez a la presidencia, destacó por sus ataques a Piñera y Guillier.

Afirmó que tanto Piñera como Guillier están inhabilitados para postularse a la presidencia. En cuanto al primero, señaló que un exasesor que trabajó para el expresidente entre 2010 y 2014 actualmente defiende a narcotraficantes. También emplazó a Guillier por no referirse en detalle a cuántas firmas recaudó para inscribir su candidatura en una comuna cuyo alcalde supuestamente tiene a narcotraficantes como asesores.

Más tarde volvió a descolocar al candidato oficialista cuando denunció que un diputado del Partido Radical _integrado en la coalición de Guillier_ llamó a su teléfono celular y dijo que si el padre de Enríquez-Ominami, que fue guerrillero, estuviera vivo, lo atravesaría con una bala.

El aludido aseveró que no ha mandado a matar a nadie y que “una metida de pata se aclara como corresponde y no se magnifica ni se transforma en un tema de campaña. Asumamos con coraje nuestra responsabilidad”.

Más que un debate, el programa organizado por la Asociación Nacional de Televisión de Chile, ANATEL, pareció una rueda de prensa.

Los candidatos contestaron durante tres horas las preguntas de cuatro periodistas y se interpelaron entre ellos cuando fueron criticados por algún competidor. Incluso dos candidatos se quejaron de que no hubo un debate.

El Centro de Estudios Públicos, el más respetado del mercado, dijo en un estudio de octubre que Piñera tiene un 44,4% de posibilidades de ganar; seguido del oficialista Guillier con un 19,7% y Beatriz Sánchez, con un 8,5%.

Los otros cinco candidatos obtienen cifras muy menores; Enríquez-Ominami aparece con un 4,6%, la senadora demócrata cristiana un 3,9%, el ultraderechista José Antonio Kast un 2,7%, el izquierdista Alejandro Navarro un 0,5% y Eduardo Artes, de extrema izquierda, con un 0,1%.

Si Guillier pasa a la segunda vuelta presidencial, el 12 de diciembre, la única posibilidad que tiene de imponerse a Piñera es llegar a acuerdos con Enríquez-Ominami, Sánchez y Goic para lograr la mayoría simple que lo convertiría en el sucesor de Bachelet.

Guillier, un independiente que se convirtió en senador en 2013 en un cupo del Partido Radical, dijo cuando se le preguntó con quién gobernaría si triunfa que “mi experiencia es que me gané el apoyo ciudadano antes que político, y de la militancia antes que la dirigencia, así que vamos a seguir por ese camino”.

Piñera, por su parte, necesitaría de los votos de Kast en segunda vuelta, lo que lo complica porque se trata de sufragios de los pinochetistas, los que añoran la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).