FORT BENNING, Georgia, EE.UU. (AP) — El coronel Scott Jackson estrecha la mano de un soldado. Entrelazan los dedos, Jackson le habla unos minutos al soldado y después le pregunta si se siente incómodo. “Sí, un poco”, responde el soldado.

Eso puede ser un problema.

En momentos en que el Ejército de Estados Unidos crea una nueva brigada para instruir a soldados, oficiales como Jackson se enfocan no solo en técnicas de combate y en la disciplina, sino también en prejuicios culturales y en cuestiones de personalidad. El objetivo es descartar soldados que no están en condiciones de cumplir con sus misiones. Hablando en su oficina de Fort Benning, Georgia, Jackson explicó cómo algo tan simple como estrechar la mano es parte de un proceso de selección para soldados destinados a sitios como Afganistán, donde capacitarán elementos de culturas muy diferentes.

“Todo empieza con la empatía”, señaló Jackson.

“Para ser un asesor efectivo hay que estar dispuesto a trabajar con esa cultura, sin perder la identidad cultural propia”, indicó. “Está bien que dos grandes amigos se tomen de la mano y caminen por la calle. Pero si tú no puedes hacerlo, no deberías estar allí”.

La nueva brigada comenzó a elaborar sus programas este año con el objetivo de preparar equipos capaces de ser destinados a distintos puntos del mundo para capacitar soldados. Es un reflejo de la nueva realidad de Estados Unidos, que tiene efectivos asesorando y preparando fuerzas de seguridad en muchos sitios, sin entrar en combate.

El Ejército planea contar con seis brigadas en los próximos años. Ya se aumentó el tamaño de la primera unidad, de 529 soldados a al menos 700.

Ello se debe a que los líderes opinaron que hacen falta más asesores en cada equipo de instructores, según el general Robert Abrams, director de Alto Mando de las Fuerzas del Ejército. Fue así que duplicaron el tamaño de cada unidad, las cuales cuentan ahora con una docena de miembros, incorporando personal médico y de los servicios de inteligencia. A ellos se suman nueve soldados.

Cada integrante de un equipo debe pasar por un nuevo proceso de selección más estricto.

“Nuestros líderes entrevistan a los soldados. Cuando los tienes allí frente a ti, te das una idea de cómo responden bajo presión”, dijo Jackson, añadiendo que más de una cuarta parte de los candidatos fueron rechazados. “Puedes detectar fácilmente cuando un chico tiene algunos prejuicios”, indicó. Acotó que los prejuicios son “uno de los principales elementos por los cuales descartamos a alguien”.

Si bien se está poniendo énfasis en la empatía y la sensibilidad cultural, no se descuidan otros aspectos.

En la base hay soldados cuerpo a tierra en el polígono de tiro Maerten, disparando fusiles M-4 a blancos móviles.

El teniente coronel Brian Ducote, quien comanda uno de los batallones de la brigada, observó una práctica. Los soldados deben aprender asimismo primeros auxilios, tener conocimientos de otros idiomas y saber usar los últimos equipos de comunicaciones.

Además de las entrevistas, los soldados tienen que pasar al menos el 80% de unas pruebas de aptitudes físicas.

Se buscan soldados que combinen madurez y experiencia con empatía, para que sean buenos instructores, indicó Ducote.

“La forma en que le hablas a los afganos, en que te relaciones con ellos, en que los instruyes, es determinada por su identidad y su visión del mundo. Si uno no entiende eso, no va a tener éxito” en su misión instructora, manifestó Ducote.

Los soldados estadounidenses estarán operando cerca de zonas de combate y deben estar preparados para tomar las armas de ser necesario.

En Fort Benning, los soldados practican varias disciplinas. Algunos estudian técnicas avanzadas de primeros auxilios, mientras que otros aprenden a usar un aparato de comunicaciones y navegación parecido a un teléfono celular.

Algunos de los instructores tienen experiencia en Irak y Afganistán.

“Reconforta ver que esa gente sigue sirviendo, porque esto no es para todos. Es un desafío mental, físico y emocional”, sostuvo el teniente coronel Zack Miller.