SANTA CATARINA PINULA, Guatemala (AP) — La esperanza de encontrar sobrevivientes bajo la tierra y los escombros tras un alud en esta comunidad de la periferia de la capital de Guatemala ha comenzado a disminuir, mientras la cifra de fallecidos sigue en aumento y ascendió a 69 al final de la jornada.

Las autoridades anunciaron la suspensión de las labores de búsqueda durante la noche del sábado para garantizar la seguridad de los rescatistas. Los trabajos se reanudarán la mañana del domingo, aunque se restringirá el acceso sólo a elementos de los cuerpos de emergencia y seguridad, dos días después de que habían permitido a personas voluntarias estar en el área.

El vocero designado para la emergencia, Julio Sánchez, indicó que la cifra de muertos pasó de 56 a 69, varios de las cuales aún no han sido identificados, tras el deslave el jueves del cerro que sepultó unas 125 casas de Cambray II, una colonia del municipio de Santa Catarina Pinula, a unos 15 kilómetros al este de la capital.

Los cuerpos de emergencia habían estimado el sábado temprano que había unas 350 personas desaparecidas, aunque las autoridades municipales dijeron por la noche que podrían ser unas 300, debido a que hay personas que no estaba en la zona.

Socorristas, bomberos y policías con ayuda de perros buscaban sin cesar entre las toneladas de tierra, mientras una empresa telefónica instaló un aparato para tratar de captar cualquier señal de algún teléfono celular, en busca de rastros sobre dónde más podrían excavar.

Y aunque las autoridades insistían en la noche que la esperanza es lo último que se pierde, algunos rescatistas veían un panorama sombrío.

"Para la hora que llevamos, la verdad no hay esperanzas de vida", dijo Inés de León, de la Brigada de Rescate de los Bomberos Voluntarios del Departamento de Retalhuleu, al sur del país.

"Sólo un milagro los salvaría", añadió el hombre que dice que han decidido trabajar una hora y descansar otra, tiempo en el que aprovecha para llamar a su familia y decirles que está bien.

El portavoz había dicho que en algunos casos sólo se han recuperado algunos miembros desprendidos, como una cabeza o un tórax, sin embargo las autoridades han decidido que serán considerados como un cuerpo completo. No precisó el número de ese tipo de casos.

Hasta ahora sólo han trabajo en la zona cuerpos de emergencia y seguridad de Guatemala, aunque el gobierno de México anunció el envío de más de 60 elementos militares, policiales y de protección civil para ayudar a las labores de rescate.

El coordinador para la atención de la emergencia, Sergio Cabañas, dijo que el personal mexicano comenzará a laborar el domingo.

Refirió que una vez que se cumplan 72 horas después de la tragedia se determinará cuántos días más continuarán la búsqueda. Cabañas había comentado que una persona podría sobrevivir ese tiempo bajo algunas condiciones, por ejemplo que tuviera agua.

En la zona cero de la tragedia, David Aguilar, un técnico de la empresa de telefonía Movistar, manipulaba un aparato llamado "mini celda" diseñado para captar señales de los aparatos.

Dijo, sin embargo, que los celulares tenían que estar encendidos y hasta ahora no se había reportado que registrara alguna señal.

Cabañas había dicho que varias personas se han acercado para decirles que han recibido mensajes por celular de sus familiares atrapados y que aunque las autoridades no han visto ninguno de esos textos, solicitaron a las compañías telefónicas hacer un "mapeo" de los lugares donde registraron la última señal de los aparatos para realizar búsquedas ahí.

El viernes, los socorristas rescataron con vida a Rony Ramos, de 45 años, quien era hasta ahora el único sobreviviente sacado de los escombros. Permaneció al menos 12 horas bajo los escombros. Herido e inconsciente, fue ingresado al Hospital Roosevelt con politraumatismo, pero murió al final de la noche.

Cabañas dijo que al final de la colonia hay varias casas que no quedaron soterradas y que ahí viven cerca de 50 familias que no quieren abandonar el lugar.

Desde el espacio habilitado como morgue se comenzaba a desprender un olor a cuerpos en descomposición.

En La zona cero del desastre, los socorristas hacían sonar por momentos un silbato y alguien grita "¡silencio!". Todos callaban alrededor de un minuto para tratar de escuchar mejor algún signo de vida.

"¡Somos la unidad de rescate. Si hay alguien acá por favor haga ruido o grite!", decía un socorrista, que puso su cabeza en el suelo y trataba de escuchar algo. Si nada se oía, entonces sonaba el silbato dos veces en señal de que se debe continuar con el trabajo.

Los socorristas colocaron una bandera de Guatemala en un palo de caña clavado en la zona del desastre, donde se alcanzan a ver láminas y bloques de cemento de las casas que estuvieron de pie ahí. En el área trabaja maquinaria pesada para remover parte de la tierra que luego es sacada de la zona por camiones, pero a casi 48horas del desastre es aún poco lo que han podido retirar.

Haroldo Pérez llegó al lugar desde San Marcos, a unos 285 kilómetros al oeste de Guatemala, acompañado de cuatro familiares. Trajo consigo palas con las que escarbaba para buscar a su hermana Mary Pérez, de 36 años. Dijo que su hermana es secretaria y que no sabe de ella desde el deslave.

En otro punto, los ojos de Nehemías González ya casi no tenían lágrimas. Cabizbajo, el hombre sollozaba explicando que su esposa Masiel Alexandra, su bebé Ángel Efraín, una cuñada y su suegra estaban en la casa que habitaba en el lugar. Con voz baja mencionó que él estaba fuera de casa, trabajando, cuando ocurrió la tragedia, alrededor de las 10:00 de la noche del jueves.

"Mi esposa tenía 21 años y mi bebé dos años. Yo estaba trabajando en un McDonald's. Usualmente salgo a las 11:00 de la noche, pero ese día tenía varias tareas y salí a las 4:00 de la mañana, estuve llamándola pero no me respondió. Nadie me avisó. Cuando llegué al lugar fue que supe todo. Nunca me imaginé esto. Lo último que me dijo cuando le hablé por teléfono en la tarde fue que me amaba. Yo también la amo", dijo González, con sus ojos clavados en el suelo.

Los cuerpos de Masiel Alexandra y Ángel Efraín fueron llevados a una iglesia evangélica local, donde los velarán para sepultarlos posteriormente.

González espera que puedan hallar el cuerpo de su suegra que "aún está allá abajo", dijo.

José Chacón, sentado en una silla en una de las morgues instaladas para recibir los cuerpos, lloraba recordando a sus familiares.

"Cada fin de año veníamos a visitarlos", contó Castro, que venía del departamento de Zacapa cuando le avisaron que nueve de sus familiares murieron en el lugar. "Mi tía, mis primos, mis sobrinos. Todos se quedaron ahí. Sólo un primo que no estaba en la casa se salvó".

De los nueve familiares de Castro que quedaron soterrados, sólo cuatro cuerpos han sido recuperados.