CAMPO DE REFUGIADOS KUTUPALONG, Bangladesh (AP) — Muchos de los refugiados que entraron en masa a Bangladesh para escapar del ejército de Myanmar esperan que la visita del papa Francisco ayude a llevar la paz a la región.

Francisco enfrentará una difícil cuestión diplomática en su visita a Bangladesh y Myanmar, a donde está previsto que llegue el lunes por la tarde.

Aunque la comunidad internacional ha condenado la represión de las fuerzas de seguridad birmanas contra los musulmanes rohinya calificándola de “limpieza étnica”, la iglesia católica se ha resistido a emplear el término y defendió a la líder civil del país, Aung San Suu Kyi, como la única esperanza para la democracia.

En el abarrotado campo de refugiados de Kutupalong, en el sur de Bangladesh, Mohammad Rafiq dijo que se puso muy contento cuando se enteró de la visita del papa.

"Nuestros derechos, nuestra comunidad minoritaria y nuestra ciudadanía han sido arrebatados por el gobierno de Myanmar”, señaló Rafiq, de 20 años, que huyó del país el mes pasado. "Esperamos que con sus conversaciones y esfuerzos podamos recuperar todo eso”.

Mohammad Nadir Hossain, de 25 años, apuntó que el pontífice podrá ver la triste situación que enfrentan los refugiados.

"Si él quiere, puede calmar al gobierno de Myanmar y traer la paz hablando con nosotros”, señaló Hossain. "Estamos sufriendo mucho ahora mismo. Estamos muy preocupados. Por lo tanto, estamos muy agradecidos de que venga”.

En Myanmar, Francisco se reunirá con Suu Kyi así como con el poderoso líder del ejército birmano y con monjes budistas. En Bangladesh, se verá con un pequeño grupo de rohinyas, pero no está previsto que visite los campos de refugiados.

La duda sigue siendo si el papa empleará tan siquiera el término "rohinya" durante el viaje.

La iglesia católica de Myanmar ha pedido públicamente al argentino que evite la palabra que muchos birmanos rechazan porque el grupo étnico no es una minoría reconocida.

En los últimos meses, los rohinya han enfrentado lo que Naciones Unidas describió como una “limpieza étnica de manual” por parte del ejército en el empobrecido estado de Rakhine.

Desde el inicio de la violencia a finales de agosto, más de 620.000 hombres, mujeres y niños rohinya cruzaron a Bangladesh llevando consigo historias de persecución, violaciones y asesinatos cometidos por el ejército birmano y vigilantes budistas.

Sea cual sea la palabra que utilice Francisco, refugiados como Hamida Begum creen que el papa visita Myanmar para ayudarlos. Begum, de 35 años, hizo el peligroso viaje a Bangladesh hace tres meses.

"Puede ayudarnos enviándonos de vuelta a Myanmar legalmente”, apuntó. "O puede llevarnos a otro sitio desde aquí. Quizás a otro país extranjero. Puede hacer lo que quiera".

Senu Ara, de 35 años y que salió de Myanmar en septiembre, también celebró la visita del pontífice.

"Podría ayudaros a lograr la paz que buscamos tan desesperadamente”, señaló. "Incluso si nos quedamos aquí puede mejorar nuestra situación. Si decide enviarnos de vuelta, lo hará de forma pacífica”.