RÍO DE JANEIRO (AP) — Los niños pequeños deambulan en pañales o incluso desnudos por un edificio abandonado de Río de Janeiro que se ha convertido en la vivienda de los cientos de personas que lo ocuparon de forma ilegal. Las montañas de basura crean bolsas de hedor en la antigua sede del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.

Los residentes se bañan en grandes cubos de basura llenos de agua y pasan las horas jugando a las cartas, fumando y viendo la televisión gracias a la electricidad que obtienen de forma ilegal del tendido eléctrico. El antiguo edificio federal, a unos pasos del icónico estadio de Maracaná, lleva varios años ocupado. Pero las últimas llegadas reflejan las consecuencias de la peor crisis económica del país en décadas.

Luciana Bastos, de 30 años, se mudó con su esposo y sus dos hijas cuando ambos perdieron sus empleos y no pudieron hacer frente al alquiler.

"El dueño de nuestro departamento nos pidió que nos fuésemos y no teníamos otro sitio a donde ir”, dijo Bastos, sentada en una cama en una habitación en la que las sábanas cubrían grandes agujeros en las paredes.

Bastos señaló que ella y otros hacen un esfuerzo para limpiar, pero la basura vuelve a aparecer en el mismo sitio.

"¿Cuánto tiempo tendremos que vivir en esta pocilga?", se preguntó.

A pesar de las duras condiciones de vida, en el edificio hay un fuerte sentimiento de comunidad.

Los residentes se ríen mientras un hombre tatúa una muñeca con una cometa en la pantorrilla de una mujer. Unos niños golpean una pelota de fútbol verde con palos en un pasillo mientras otros pasean en bicicleta por la propiedad. Unas cuantas mujeres toman el sol y hablan con otras con bebés en brazos. Las adolescentes posan para los periodistas de visita, riendo mientras fruncen los labios.

Jayanne Pessanha, de 20 años, dijo que su hermana murió hace unos años tras caer por una ventana vacía, uno de los grandes peligros en un inmueble con docenas de amplios espacios con ventanas que no tienen cristales ni están tapiadas. Su hermano perdió la vida tras golpearse en la cabeza durante una pelea.

"Muchas personas nos critican. Dicen que vivimos en la basura", dijo Pessanha, que lleva la palabra "Jesucristo" tatuada en su cuello. "Los que están aquí tienen fe. Tienen fe en que saldrán de aquí”.