JERUSALÉN (AP) — Una lucha por los derechos de la mujer se está gestando en la comunidad ultraortodoxa israelí, profundamente conservadora, donde las mujeres empiezan a exigir una mayor representación en el Parlamento.

Más del 20% de las bancas parlamentarias están ocupadas por mujeres, pero ninguna pertenece a alguno de los dos partidos ultraortodoxos, o haredi. En las comunidades haredi la tarea de la mujer es manejar la casa, criar a los niños y ganar un sueldo, mientras el esposo suele dedicarse a estudiar la Torá (las sagradas escrituras).

Esas creencias están profundamente arraigadas, pero en la campaña para las elecciones del 17 de marzo se empiezan a cuestionar las posiciones tradicionales sobre la mujer en la política haredi, tanto en la prensa general como en la ultraortodoxa, lo cual significa un gran paso hacia una representación más equitativa, según activistas.

Los dos partidos haredi en la Knesset, el Shas y el Judaísmo Torá Unida, han cumplido papeles protagónicos en gobiernos de coalición y con frecuencia tienen la última palabra en la elección de un primer ministro. Los miembros de esos partidos son judíos devotos que votan según las instrucciones de sus rabinos y se oponen a admitir a las mujeres en el Parlamento por considerarlo una falta de recato.

Pocas mujeres haredi han sido parlamentarias —ninguna en representación de partidos ultraortodoxos— y han sufrido represalias en sus comunidades. Sí hay mujeres en el partido Hogar Judío, que representa a los judíos ortodoxos modernos, algo menos conservadores.

Las mujeres seculares tienen presencia en todos los niveles de gobierno y la sociedad. Israel es una de las pocas naciones que ha elegido una jefa de gobierno: Golda Meir fue primera ministra de 1969 a 1974.

Algunas mujeres haredi empiezan a exigir cambios. Un grupo llamado "Sin voz no hay voto" ha prometido boicotear a los partidos haredi que no incluyan legisladoras.

"Hay una situación absurda en Israel por la cual las mujeres no pueden ser candidatas de dos partidos políticos", dijo la dirigente Esty Shushan, de 37 años, una haredi dueña de una empresa de comunicaciones. "Nosotras decimos: 'No votes por un partido que cree que no estás capacitada para ser candidata'''.