WASHINGTON (AP) — Los estadounidenses que quieran visitar Cuba deberán transitar por un complicado laberinto de restricciones comerciales, financieras y de viaje que presentó el miércoles el gobierno del presidente Donald Trump como parte de una nueva política para aislar aún más al gobierno de la isla.

A partir de ahora, están fuera del alcance de los ciudadanos estadounidenses decenas de hoteles, comercios, compañías turísticas y otros establecimientos que se incluyen en un largo listado de entidades que tienen nexos con el ejército cubano y con los servicios de inteligencia o seguridad de la isla.

En Cuba, las autoridades reaccionaron y lamentaron que las medidas endurezcan las sanciones que desde hace cinco décadas pesan sobre la nación caribeña.

"Las medidas confirman el serio retroceso que se ha registrado en las relaciones bilaterales a partir y como resultado de las decisiones adoptadas por el gobierno del presidente Donald Trump", dijo en declaraciones a periodistas extranjeros la directora de Estados Unidos de la Cancillería, Josefina Vidal.

Vidal indicó que por el contrario, Cuba no tomará acciones de represalia.

"Yo no preveo absolutamente ningún tipo de medida discriminatoria... ni sanciones de Cuba contra los estadounidenses, ni las empresas estadounidenses", agregó Vidal.

Una vez más, a la mayoría de los estadounidenses se les pedirá que viajen como parte de grupos turísticos organizados por compañías de ese país que cuentan con estrictas regulaciones y no podrán visitar Cuba de manera independiente.

Las estrictas medidas representan el regreso de las duras posturas de Estados Unidos hacia Cuba que prevalecían hasta que el ex presidente Barack Obama y el mandatario cubano Raúl Castro restauraron las relaciones diplomáticas en 2015. El cambio de políticas se presenta en un momento en el que el presidente Donald Trump intenta demostrar que está tomando medidas para evitar que los dólares estadounidenses ayuden a sostener al gobierno cubano.

Sin embargo, las políticas representan tan solo un bloqueo parcial a los cambios instituidos por Obama. Aún se permitirán las visitas de cruceros y los vuelos comerciales directos entre ambos países. Las embajadas en Washington y La Habana permanecerán abiertas.

Las reglas están diseñadas para alejar la economía estadounidense de los servicios militares de inteligencia y seguridad de la isla, que dominan gran parte de la economía a través de corporaciones controladas por el Estado. El objetivo es alentar el respaldo financiero al creciente sector privado de Cuba, señalaron altos funcionarios del gobierno de Trump, quienes informaron a los reporteros bajo condición de conservar el anonimato.

Con ese objetivo, el Departamento del Tesoro dijo que expandirá y simplificará un permiso para algunas exportaciones estadounidenses a Cuba a pesar del embargo. Se incluyen herramientas y equipo para construcción y renovación de edificios privados.

“Hemos reforzado nuestras políticas hacia Cuba para desviar la actividad económica de las fuerzas armadas cubanas y alentar al gobierno a otorgar mayores libertades políticas y económicas al pueblo cubano”, dijo el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin.

Trump anunció en junio su nueva política durante un discurso en el barrio de la Pequeña Habana, de Miami, cuna de la resistencia cubano-estadounidense al régimen de Castro. Al gobierno le tomó varios meses finalizar los detalles de las nuevas reglas, que entrarán en vigor el jueves.

La nueva política mantiene varias categorías de viaje a Cuba que son permitidas a pesar del embargo, el cual sigue vigente décadas después del fin de la Guerra Fría. Los estadounidenses aún pueden realizar viajes educativos y “de pueblo a pueblo”, así como visitas con el objetivo de apoyar al pueblo cubano al consumir en pequeños negocios privados que han surgido en toda la isla en los últimos años.

Pero aquellos que viajen para apoyar al pueblo cubano deben contar con un itinerario de actividades de todo el día con el objetivo de entrar en contacto con los cubanos y dirigir los dólares a los ciudadanos al alquilar habitaciones en viviendas privadas, por ejemplo. Aquellos que realicen visitas organizadas, educativas o “de pueblo a pueblo”, deben estar acompañados de un representante del grupo con sede en Estados Unidos que organiza el viaje.

Las agencias de viaje y los partidarios de nexos más estrechos entre Estados Unidos y Cuba no tardaron en criticar las nuevas reglas y en el caso del gobierno cubano, consideró “arbitraria” la lista de los productos que se pueden consumir en la isla y de clara intención “política” de las medidas.

“Cuba aún está abierta al público”, dijo Charel van Dam, de Cuba Travel Network. “Aún es posible que las personas viajen, pero creo que estos anuncios tienen el principal propósito de ahuyentar a las personas que quieren ir”.

El senador demócrata Patrick Leahy, defensor de relaciones más estrechas entre Estados Unidos y Cuba, recalcó que el anuncio se da en un momento en el que Trump se encuentra en China en busca de más acuerdos comerciales con otro país comunista.

“Es evidente la hipocresía de los ideólogos de la Casa Blanca”, señaló.

Las reglas se dan en un momento de profunda tensión en la relación bilateral que se deriva de ataques invisibles e inexplicables que han perjudicado a más de dos decenas de trabajadores del gobierno estadounidense en la Habana desde 2016. Los ataques provocaron que el gobierno de Trump ordenara en septiembre que la mayoría de sus diplomáticos salieran de Cuba y que emitiera una recomendación en la que advertía a los estadounidenses mantenerse lejos de la isla.

Las autoridades insistieron en que las nuevas y estrictas reglas no tienen relación con los ataques. Estados Unidos se quejó inicialmente con las autoridades cubanas sobre los ataques en febrero, cuatro meses después de que Trump anunció sus intenciones de cambiar las políticas.

Se harán algunas excepciones para los estadounidenses que ya tenían viajes planeados a Cuba. Quedarán exentos aquellos que reservaron viajes “de pueblo a pueblo” antes de que Trump realizara su anuncio de junio pasado, así como los que organizaron viajes educativos antes de que las reglas entren en vigor el jueves. Se permitirá que se cumplan los acuerdos que ya se habían pactado con las entidades que aparecen en la lista de establecimientos prohibidos.

No está claro qué tan agresivamente ejercerá Estados Unidos las nuevas políticas. Las autoridades dijeron que utilizarían la información obtenida por varias agencias para atrapar a quienes infrinjan las leyes, quienes podrían quedar sujetos a sanciones y procesos penales.

La lista de entidades vedadas incluye a las grandes empresas regentadas por las fuerzas armadas, como GAESA y CIMEX, los holdings que controlan la mayor parte del sector minorista; Gaviota, la mayor compañía de turismo; y Habaguanex, la firma a cargo de La Habana Vieja.

También están vedados un nuevo puerto de carga y una zona especial de comercio en las afueras de Mariel, que han sido el centro de los esfuerzos cubanos para atraer inversiones en manufactura y distribución.

La lista de hoteles vedados incluye el hotel Manzana Kempinski, inaugurado con gran alarde este año como el primero de la isla que cumple con la pauta internacional de cinco estrellas.

El impacto real sobre los negocios estadounidenses con Cuba probablemente será limitado, porque es de por sí escaso. La mayoría de los estadounidenses se alojan en hoteles que no están en la lista, y la empresa que importa la mayoría de los productos alimentarios estadounidenses tampoco sufrirá las consecuencias.

Aún se permite regresar con cantidades limitadas de ron y habanos, señalaron las autoridades.

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Los periodistas de The Associated Press Andrea Rodríguez y Michael Weissenstein en La Habana contribuyeron a este despacho.

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Josh Lederman está en Twitter como: http://twitter.com/joshledermanAP